Ante la próxima beatificación Ramón Fita Revert. Delegado diocesano para las Causas de los Santos


El joven de 19 años, Rafael Lluch Garín, congregante mariano asesinado por no consentir que se profanara la imagen de la Santísima Virgen, será beatificado en Madrid el próximo sábado día 11 de noviembre, juntamente con otros 59 mártires vinculados con el carisma que, hace ahora 400 años, instituyó en la Iglesia san Vicente de Paúl.
Rafael era una persona inquieta, con una buena formación cultural, humana y cristiana. Había sido alumno primero de la MM. Teresianas y después del colegio de San José, regido por los PP. Jesuitas y situado en la Gran Vía de la capital del Turia. Aficionado al deporte, sobre todo al ciclismo, solía organizar excursiones por distintas comarcas valencianas. Sabemos de una larga correría que, junto con su amigo José Luis Giménez Sanchis hizo desde Valencia a Bañeres de Mariola, en bicicleta ida y vuelta; era el año 1934.
Su padre, Jesús Lluch Méndez fue catedrático de matemática cuántica de la universidad de Valencia y su madre María Garín Martí procedía de una familia de profundas convicciones religiosas; tenía un tío Jesuita y un hermano Capellán Mayor de la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados. El matrimonio tuvo siete hijos, el menor era Rafael. Su padre murió cuando el niño tenía escasamente dos años. Por tanto, Rafael Lluch creció en un ambiente familiar en el que la educación, la cultura, la sencillez, juntamente con hondas creencias religiosas guarnecían aquel hogar, arropando al muchacho en su formación y desarrollo.
Todos sus hermanos lograron títulos académicos. Su hermano Luis fue un erudito y prolífico publicista que con sus reseñas, artículos y libros dio a conocer, entre otros temas, los paisajes y las ermitas situadas en aldeas y remotos poblados de la comunidad valenciana. Otro hermano, Felipe, además de ingeniero industrial, fue un hombre de teatro; el teatro fue su gran pasión y su ideal era renovar la situación del teatro en España, sobre todo, la del teatro clásico. Otro hermano, Santiago, fue religioso Paúl que despuntó como insigne músico, residiendo muchos años en EE.UU. La única chica de la familia fue su hermana Conchita, casada con el farmacéutico de Picasent don Antonio Ramón Algorta.
En 1928 Dña. María Garín, con el fin de que sus hijos pudiesen proseguir los estudios universitarios, se traslada a Madrid con toda la familia y Rafael ingresó como alumno de los HH. Maristas, cursando los estudios de bachillerato con notable aprovechamiento. En Madrid nuestro joven frecuenta la Basílica de la Milagrosa y forma parte de la Congregación Juvenil de la Medalla Milagrosa.
En 1933 regresa a Valencia con su familia, pero se mantiene vinculado con la Congregación de la Medalla Milagrosa de Madrid. En Valencia formó parte de las Congregaciones Marianas, con el hogar juvenil “Adeljo” y con la Casa de los Obreros. De carácter enérgico y exigente para consigo mismo, pero jovial y amigo de todos, consigue rodearse de amigos que sienten, entre otras, la afición por el teatro. En 1935 reprensaron en la “Casa de los Obreros” una función a beneficio de las colonias escolares de la Medalla Milagrosa. Se representaron las conocidas zarzuelas “La leyenda del monje” y “La marcha de Cádiz”. La crónica periodística de los rotativos locales “Diario de Valencia” y “Las Provincias” subrayan elogiosamente la magnífica interpretación de todos los participantes: María Giménez, Emilio Baró, J. Quinzá Ferrando, Francisco Arnal, Paquito Llácer, Ángel González, Adolfo Moltó, J. Luis Giménez… y Rafael Lluch Garín, entre otros. Lo cierto es que se conservan varias obras de teatro y algún otro ensayo escrito por Rafael Lluch. Señalemos, por ejemplo, “La Educación moderna”, comedia en tres actos, fechada el 27 de octubre de 1934.
Con todo ello quiero decir que Rafael era un chico alegre, optimista, abierto, muy agradable para con todos, estudioso; un joven muy normal que tenía, además de esas excelentes cualidades humanas, profundas y arraigadas creencias religiosas. La fe católica no era para él un adorno, un apéndice, un puro barniz. Rafael vivía de acuerdo con sus creencias. Su fe en Cristo y su amor filial a la Santísima Virgen María estaba intensamente arraigada. Desde muy pequeño Rafael estuvo bajo el amparo de la “Mare de Déu”. Se conserva una estampa de la Virgen en la que Dña. María Garín Martí escribió lo siguiente: “Rafaelito Lluch y Garín ingresó en la Corte Angélica el 26 de mayo de 1919, a los 2 años y 4 meses de edad”, y ese ofrecimiento lo incrementó a lo largo de su vida.
Y, cuando vino la hora de la verdad; cuando llegó el momento de la prueba, ese chico alegre, abierto y optimista dio la talla. Rafael fue detenido el 12 de octubre en la farmacia de Picasent regentada por su cuñado Antonio Ramón Algorta. El boticario había sido detenido unos días antes y encarcelado por pertenecer a la Derecha Regional Valenciana. El servicial Rafael marchó con su bicicleta a estar junto a su hermana Conchita y arrimar el hombro en momentos tan escabrosos para ella. Y en esas circunstancias es cuando un grupo de milicianos se presentó en la farmacia y después de un minucioso registro, al observar que en la rebotica estaba colocado un cuadro de la Santísima Virgen María, comenzaron a proferir blasfemias e irreverencias contra la Madre de Dios. Intentaron arrancar la efigie de la Virgen pero Rafael reaccionó diciendo: “Aquí no se blasfema. Dios es mi Padre, ¿lo entendéis?” Esa reacción les resultó chocante a los milicianos y fue suficiente motivo para detenerlo y fusilarlo. Lo martirizaron el día 15 de octubre de 1936 en el término de Silla junto a la cuneta de la carretera, en el sitio conocido como Torre de Espioca.
Estoy convencido de que este glorioso atleta de Cristo grita a los jóvenes hoy: “A vosotros jóvenes, os escribo, porque sois valerosos, y la palabra de Dios permanece en vosotros” (1Jn 2, 14). Porque “ciertamente al mundo de hoy le faltan hombres íntegros, y le sobran hombres a medias. Le faltan hombres de acción y de obras, y le sobran hombres de meras promesas. Le faltan hombres serios y responsables, y le sobran hombres frívolos e inconscientes. Le hacen falta “cristianos-cristianos”, y le sobran “cristianos-paganizados. Hombres valientes es lo que faltan, y sobran hombres quejosos y cobardes”. (Mons. Marcelino Olaechea en “Animos”, nº 109, diciembre 1955).
Efectivamente, la Iglesia nos ofrece el ejemplo de un hombre joven de fe recia en Dios y de una auténtica fortaleza cristiana. Hoy, como ayer y mañana, “lo que nos hace alcanzar la victoria sobre el mundo es nuestra fe” (1Jn 5, 4). Por ello, los jóvenes de la Archidiócesis Valentina tienen en el nuevo Beato Rafael Lluch Garín un modelo a imitar.