Carlet se echa a la calle para rendir homenaje al Santo Cáliz La reliquia visita la población por tercera vez en su historia y con motivo del Año de la Misericordia

EVA ALCAYDE 21-09-2016

Momento en que el Santo Cáliz llega a Carlet, a manos del canónigo celador Jaime Sancho. M.GUALLART

Momento en que el Santo Cáliz llega a Carlet, a manos del canónigo celador Jaime Sancho. M.GUALLART

Carlet se volcó totalmente en los actos programados para recibir a la reliquia del Santo Cáliz, en su tercera visita a la localidad. Allí fue ocultado para salvarlo entre 1937 y 1939 y allí volvió 25 años después, en 1964, para celebrarlo. Su tercera visita, la del pasado domingo, día 17, se realizó con motivo del Año Eucarístico del Santo Cáliz y el Año de la Misericordia. Y los vecinos de Carlet volvieron a demostrar, una vez más, que un estrecho lazo les une con la preciada reliquia que se conserva en la Catedral.

La plaza del Convent, engalanada, lucía majestuosa, con la fachada de la iglesia de la Asunción a un extremo y una veintena de palmeras al otro. Y en medio, la plaza repleta de vecinos y representantes de todos los estamentos de la sociedad carletina: falleros, feligreses, clavariesas, regidores de la corporación municipal, portadores del anda, integrantes de la Coral Polifónica de Carlet… y también los familiares del matrimonio que ocultó en su casa la reliquia del Santo Cáliz. Las 2.000 sillas colocadas en la plaza para la misa de campaña se llenaron antes, incluso, del inicio de la celebración.

Fue el párroco, José  Ribes, el encargado de colocar el Santo Cáliz, dentro de su hornacina de cristal, en un pedestal junto al altar instalado en la plaza, ante la puerta de la iglesia. El público aguardaba en silencio, expectante, hasta que estuvo  colocado a la vista de todos, mientras el cardenal Antonio Cañizares lo envolvía en incienso. En ese momento una veintena de palomas alzaron el vuelo desde detrás del altar y el publico rompió a aplaudir.
Durante la misa, que fue presidida por el cardenal y concelebrada por el obispo auxiliar, Esteban Escudero, y el párroco, José Ribes, participaron también una decena de sacerdotes. Don Antonio dio “infinitas gracias” públicamente al matrimonio formado por Bernardo Primo y Lidia Navasquillo, porque “ellos expusieron sus vidas a la muerte por salvar la más preciada reliquia en la que Jesucristo nos entregó su sangre redentora”.

El Arzobispo, que pidió a los fieles “ser misericordiosos”, señaló que “como católicos tenemos que proclamar y reconocer la misericordia de Dios” porque “¡Cuánta necesidad hay de misericordia de Dios en todos los continentes!”.

“En una situación donde la guerra conduce al dolor y la muerte, reina la mentira y hay una falta de respeto por la vida, es necesaria la misericordia, para asegurar que no haya injusticia en el Cardenal y añadió que “el aborto, la eutanasia, la debilitación de la familia… son nuevos peligros a los que se enfrenta la humanidad, porque el hombre vive como si Dios no existiera”.

Don Antonio aseguró que “se observa una tendencia que quiere eliminar la religión y en concreto el cristianismo”, y subrayó que “el olvido de Dios es el peor mal que acecha a la humanidad”.

El cardenal Cañizares, que reconoció que vivimos “momentos complicados” y  que “el hombre manifiesta el desconcierto ante las múltiples manifestaciones del mal”, aseguró que “estamos necesitados del testimonio y anuncio de Dios misericordioso”, y que “sólo existe una fuente de esperanza, que es la misericordia de Dios”.

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