Con 104 años, el escultor valenciano Silvestre de Edeta recibe un homenaje En la plaza de la Virgen, por la comisión de Pastoral del Mayor

L.B. | 24-10-2013

El escultor centenario, Silvestre de Edeta

El escultor centenario Silvestre de Edeta acaba de recibir un homenaje de los mayores valencianos. Ha sido durante la celebración de los actos correspondientes al ‘Día del mayor’, organizados por la comisión diocesana de la Pastoral del Mayor, el pasado miércoles por la tarde en la plaza de la Virgen de Valencia.

“Ni yo mismo me explico cómo he podido aguantar tanto”, comenta con tono realmente asombrado. Y es que a sus 104 años, reconoce que “cuando me acuesto me pregunto si volveré a vivir”.

Manuel Silvestre Montesinos nació en Llíria -de ahí su nombre artístico-, el 31 de agosto de 1909. Hijo de agricultores, comenzó a trabajar en el taller de mármoles artísticos de su tío. A la vez practicaba el dibujo en la escuela del Gremio de Maestros Carpinteros. Posteriormente, estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia, donde en 1956 comenzó su labor docente como profesor de dibujo. Igualmente fue profesor en la Universidad Politécnica y Catedrático en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, de la que es académico. En la actualidad es catedrático emérito de Talla de la Escuela Superior de Bellas Artes.

Ha recibido numerosos premios y distinciones. Es hijo adoptivo de la ciudad de Valencia e hijo predilecto de Llíria, donde tiene un museo.

“He sido muy feliz siendo profesor”, explica siempre don Manuel consciente de la impronta que ha dejado en sus alumnos, no sólo como artista, sino también como persona.

“Cuando fallecemos no dejamos más que la huella de lo que hemos hecho”, señalaba recientemente en una entrevista en TV Mediterráneo. Y, sin duda, entre sus huellas se encuentran las numerosas esculturas en piedra, madera y bronce que se pueden contemplar en los museos y también en lugares públicos, como plazas y jardines de Valencia.

Obra suya es la escultura de Santa Teresa Jornet que se encuentra en la plaza de Santa Mónica de Valencia. Y, por supuesto, la más conocida, vista y fotografiada, la fuente de la plaza de la Virgen que representa al río Turia y las acequias que riegan la huerta.

A pesar de su edad reconoce que “mi entrega al arte sigue siendo una ilusión”, aunque es consciente de que hoy físicamente ya no puede enfrentarse “con la escultura grande”.
Silvestre de Edeta se muestra “contento y satisfecho de lo que he hecho”. Y ve cómo “todo ha cambiado mucho, también el arte”. “Con tanta tecnología y tantos adelantos, hoy se hace un arte deshumanizado y se prescinde de la figura humana”, exclama. “Nosotros nos apoyábamos en la vida”, y ese cariño y cuidado por la vida y la persona se refleja en su obra, donde, la mujer y la maternidad son temática habitual que trata con gran delicadeza y respeto.

“Mi inspiración es la naturaleza. Pediría a la juventud que piense un poco en la naturaleza, que es nuestra vida, porque ahora se sigue naciendo, creciendo y muriendo igual”, concluye.