Don Marcelino y las Operarias Parroquiales Por Ramón Fita Revert. Delegado diocesano para las Causas de los Santos

El pasado 12 de mayo tuvo lugar en Barcelona, presidido por el Sr. Cardenal Juan José Omella, un acto solemne por el que le agradecían a Dios el Decreto, emitido por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, por el que se reconoce de Derecho Pontificio el Instituto Secular “Operarias Parroquiales Magdalena Aulina”.

Este Instituto Secular estuvo y está muy vinculado a la Archidiócesis de Valencia ya que sus miembros, además de ejercer el apostolado en la Basílica de la Virgen de los Desamparados tuvieron, por expreso deseo de Monseñor Marcelino Olaechea, la casa de formación en Burjasot-Godella. Aquel santo arzobispo, con su gran corazón, visión de futuro y valentía ayudó cuanto pudo a aquella extraordinaria mujer que fue Magdalena Aulina, cuyo proceso de canonización se encuentra ya en fase romana.

Se conserva una carta escrita por Filomena Crous fachada el 9 de enero de 1993 en la que, entre otras cosas, dice: “… Nosotras, las Operarias Parroquiales, y yo con todas ellas, no encontramos palabras ni imágenes adecuadas, para expresar la gratitud que le debemos [a don Marcelino]; y no sólo por su admirable y paternal intervención, al sacar a nuestra Obra de la situación de conflicto en que se hallaba, actuando con visión clara y sabia, corazón generoso sin límites, amor resuelto y perseverante a la verdad, y gestión prudente y precisa, sino además, porque nos dio un ejemplo vivo de sinceridad en el servicio de la Iglesia, en el cumplimiento de cuanto la vida consagrada exige, en el importarle nada el juicio de los hombres, al lado del juicio de Dios, en el desprendimiento de lo que pudieran ser intereses personales, y en la caridad que obliga a dar y a darse, sin jamás solicitar retornos.

Cumplió de modo asombroso la consigna paulina: Alegraos con los que se alegran, y llorad con los que lloran.
Nunca vimos a nuestro tan estimado don Marcelino buscándose a sí mismo. El sabía escribir en el agua del mar, las ofensas o desatenciones que recibía, mientras escribía cuantas atenciones se le presentaban, aún las más pequeñas, en duro granito, indelebles en su corazón, con una gratitud sentida y expresada con frecuencia y con calor…

Fue don Marcelino un grande varón de Dios, en quien brilló de continuo una lógica sobrenatural. Su punto de partida, invariable y firme, fue sólo CRISTO y sus enseñanzas. Y así brillaron siempre en su obrar, una comprensión e indulgencia sin igual, para las inconsecuencias y debilidades en el proceder ajeno.

…Cuántas veces y temporadas pudimos convivir de cerca con la personalidad humana y espiritual de nuestro Sr. Arzobispo, y Padre bueno y solícito, en nuestras casas de Roma, Madrid, Sarriá, Castelgandolfo, Bañolas, Cantonigros, etc. … Con qué llaneza y asequibilidad se nos dio siempre, sobre todo a cuantas como yo, pudimos acudir a él y descansar en su alma la nuestra, contando en todo momento, con el gran favor de su orientación, su consejo, su dirección”.

Desde este recuerdo, y pidiendo la intercesión de los siervos de Dios: Magdalena Aulina y Mons. Marcelino Olaechea, felicitamos cordialmente al Instituto Secular Operarias Parroquiales y nos unimos fervientemente a su acción de gracias.