“El mundo no lo cambian los revolucionarios, sino los mártires y los adoradores” El Arzobispo preside los oficios de Semana Santa y pide una diócesis "profundamente eucarística"

EVA ALCAYDE | 20-04-2017

La Vigilia Pascual se inició con la bendición del 'nuevo fuego'. (Foto: Javier Peiró)

La Vigilia Pascual se inició con la bendición del ‘nuevo fuego’. (Foto: Javier Peiró)

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha presidido esta Semana Santa los oficios en la catedral de Valencia, que comenzaron el Jueves Santo con la celebración de la misa de la Cena del Señor.
Durante su homilía, realizó una exhortación eucarística y pidió que “los cristianos vivamos la Eucaristia como una gran escuela de paz, donde hombres y mujeres se formen en los diversos ámbitos de su responsabilidad social, cultural y política y sean artífices de diálogo y comunión”. El Arzobispo destacó que es “tiempo de que las comunidades cristianas se comprometan a afrontar con generosidad fraterna algunas de las múltiples pobrezas de nuestro mundo.

“¿Por qué no nos comprometemos de verdad a trabajar por la paz y a eliminar toda realidad de violencia, de falta de reconciliación, porque no nos comprometemos a que cada comunidad sea escuela de perdón, de unidad, de amor y de presencia de Dios y su amor en medio nuestro?, sugirió don Antonio.

Durante su homilía, el Cardenal aseguró que es “necesario que vivamos la prolongación de la Eucaristía en la adoración, en la visita al Santísimo, en la adoración perpetua, la adoración nocturna…” Por eso, exhortó a la diócesis de Valencia a que “se abra a la Adoración Eucarística, que se creen más capillas dedicadas a la adoración perpetua, día y noche, sin ningún temor.

Además, “lo que realmente renueva el mundo, no son los revolucionarios, sino los adoradores y los mártires, que dan testimonio de Cristo y por ser cristianos están muriendo tantísimos, de tantos países”. Por ello pidió que toda la diócesis de Valencia fuera “profundamente eucarística”.

Lavatorio de pies: “Lo dice todo”
En el transcurso de la eucaristía del Jueves Santo, el Cardenal lavó los pies a doce personas, seis sacerdotes y seis laicos, tres de ellos de la Cofradía del Santo Cáliz y otros tres de la Real Hermandad del Santo Cáliz, en conmemoración del gesto de Jesucristo en la Última Cena.

Y explicó: “en este gesto está todo el sentido de la vida de Jesús y de su pasión, despojarse de su rango, inclinarse ante los sucios pies, ante la inmundicia de nuestras vidas, para renovarnos, purificarnos y acondicionarnos como comensales para que nos sentemos a la mesa de Dios que nos invita, junto a los demás invitados, nuestros hermanos los hombres, lisiados y pobres de los caminos, maltrechos y necesitados de todo. El no hace acepción de nadie, ni siquiera del que le iba a traicionar”.

Concluida la misa tuvo lugar la solemne procesión con el Santísimo, que permaneció para su adoración en el “Monumento”, hasta las 22 horas.

Viernes Santo: “Por ti y por mí”
El Viernes Santo el Cardenal celebró el Vía Crucis solemne por el interior de la Catedral, y por la tarde ofició, también en la Seo, la solemne celebración de la Pasión del Señor, con la posterior adoración de la Cruz. Dirigiéndose a los fieles, don Antonio afirmó: “Por todos, sin excepción alguna, por ti y por mí, ha muerto Jesús, clavado en el madero. Por todos, puesto que no hay, ni hubo, ni habrá hombre alguno por el que no haya padecido Cristo. No tenemos otras palabras ni otra actitud, venid adorémosle”.

Vigilia Pascual: “Sin miedo”
El Cardenal presidió también la Solemne Vigilia Pascual, que se inició con la bendición del “nuevo fuego” en la Puerta de los Hierros y el posterior lucernario en el interior de la Seo. La celebración, en la que se interpretaron cantos gregorianos y populares, prosiguió con la liturgia de la Palabra, la renovación de las promesas bautismales y la Eucaristía en la que también fueron bautizados dos adultos.

Muchas veces, “los constructores de este mundo, por los que Cristo quiso morir, han tratado de poner una piedra definitiva sobre su tumba. También hoy, cada vez más aún hoy, pretenden apagar esta luz”, aseguró en su homilía el Cardenal. Sin embargo, “la piedra ha sido removida y el Crucificado ha resucitado y ni la losa con la que se quiere sellar el sepulcro, ni la guardia que vigila, pueden sujetarlo en su sepultura. Esta es la gran esperanza de toda la humanidad. No tengamos miedo”.

Y ya el Domingo de Resurrección, tuvo lugar en la Seo la celebración de los laudes y de la misa cantada, presidida también por el Cardenal.

Mons. Escudero, en Betania
Por otra parte, el obispo auxiliar de Valencia mons. Esteban Escudero presidió en la capilla de la Residencia Sacerdotal de Betania, en Quart de Poblet, los oficios del Triduo Sacro.