En busca de las raíces de la fe en Xàtiva El próximo 21 de abril, y dentro de los actos del Año Jubilar concedido a la Colegiata de Santa María, se peregrinará a la ermita de Sant Feliu, antigua basílica visigótica

Belén Nava | 3-04-2013

Ermita de Sant Feliu.

Con motivo del Año Jubilar declarado al cumplirse el 600 aniversario desde que fue erigida como colegiata la Seu de Xàtiva, el próximo 21 de abril se realizará una peregrinación a la ermita de Sant Feliu.

Considerada como la cuna de las raíces de la fe católica en la capital de La Costera, en esta iglesia, antigua sede episcopal,, residían los obispos junto a su catedral.

“Desde la Colegiata pensamos que es muy importante en este Año Jubilar caminar hacía nuestras raíces para dar gracias a Dios en el marco de una solemne celebración eucarística. Además de la belleza del templo, sus pinturas murales y su imponente retablo, el lugar es de enorme belleza”, explica Arturo Climent, abad de la Seu.

A la peregrinación, que dará comienzo a las doce del mediodía, pueden acudir “cuantos lo deseen de cualquier lugar”, indica Climent. Se partirá desde la ermita de Sant Josep, cerca de Sant Feliu.

Desde allí, se saldrá en procesión hasta la antigua catedral. Una vez allí se celebrará una eucaristía.

Al terminar, “rezaremos la oración jubilar” y el que así lo desee, podrá comer en la terraza Sant Josep, junto a la ermita, de donde se habrá salido en peregrinación.

Sede episcopal
En la antigua ‘Saetabis’ hay constancia histórica de la presencia de una comunidad cristiana en el siglo VI y además con sede episcopal. El primer obispo setabitano documentado es Mutto, figura en el III Concilio de Toledo celebrado el 589, firmando en el lugar séptimo de los asistentes, lo que indica un episcopado ya antiguo.

En el VIII Concilio de Toledo año 653, asiste el obispo Atanasio, el mismo que consagró el ara. Con posterioridad, se citan otros tres prelados setabitanos en los siguientes concilios de Toledo: Isidoro I (681), Arturius (683) e Isodoro II (688-693).

A finales del siglo VI y primeros del VII, con unas condiciones políticas más seguras para el culto, la ermita de Sant Feliu “debió sustituir esta sala mayor, como ámbito de las reuniones litúrgicas, a las casas privadas”, comenta el abad de Xàtiva.

A juicio de algunos arqueólogos, estas basílicas hispanas tenían un ábside flanqueado de pastoforios, cerrados en el exterior por un muro recto.
Sobre esta primera basílica cristiana, bajo el actual pavimento, se han hallado restos de un edificio rectangular con cuatro pilastras adosadas a la parte interna de los ángulos.