Para el éxito en el mundo cultural, los cristianos “hemos de arriesgar”
Miguel Aranguren, escritor
Miguel Aranguren nació en Madrid, es padre de cuatro hijos y tiene 42 años. Empezó a escribir su primera novela, 'Desde un tren africano', a los 17 y la publicó a los 19. Sabedor de la importancia de la literatura y de las dificultades para que jóvenes con talento despunten, impulsa desde 2004 un proyecto (www.excelencialiteraria.com) para promocionar a alumnos de Secundaria y Bachillerato que tienen cualidades para convertirse en escritores. A ellos, y a todos los jóvenes en general, Aranguren les aconseja con convicción que lean “no sólo sus materias de clase”, sino también “muchas novelas”. Y lo argumenta diciendo: “Los escritores hablamos de tipos humanos. Lo de menos son los argumentos. Y cuando lees mucho acabas aprendiendo mucho del ser humano, que, en el fondo, es el objeto de casi todos los oficios en los que luego trabajarán esos alumnos. Es terrible encontrar, por ejemplo, a universitarios que son casi iletrados. Algunos sólo demuestran interés por sus asignaturas e incluso únicamente por el siguiente examen. No más”. Eso sí, a la hora de lanzarse a las novelas, el escritor recomienda también: “tener criterio y seleccionar bien lo que se lee. No todo vale igual”.
19 Julio, 2012

Eduardo Martínez | 19-07-2012

El escritor Miguel Aranguren. (Foto: Victor Gutiérrrez)

Ante la preocupación tantas veces nombrada en círculos católicos por la escasa presencia de ideas y autores cristianos en el panorama cultural español, el escritor Miguel Aranguren huye del lamento y prefiere adoptar una postura más activa. No sólo es que él, católico practicante, encarna una de las muchas excepciones a esa más o menos marcada tendencia socio-cultural; es que, además, está convencido de que la manera de revertir esa situación es pasar de la queja a la acción. Es decir, perder los complejos y lanzarse al ruedo sin temor.

En una entrevista con PARAULA durante una reciente visita a Valencia, Aranguren -que se define no como un “escritor católico” sino como alguien que “es católico y escribe”- aborda estas y otras cuestiones al hilo de su última novela, ‘El arca de la isla’.

– Su último libro es una novela de aventuras trepidante y, al mismo tiempo, toda una llamada de atención hacia los excesos de ciertas prácticas pseudomédicas que atentan contra la vida humana…
– Sí, es un libro escrito para que todo el mundo se lo pase bien y, además, para que pueda reflexionar sobre cómo en nuestra sociedad, rica hasta anteayer, hay una soberbia generalizada por la cual nos consideramos dioses, por encima de la vida y de la muerte, y con derecho a decidir sobre qué tienen que hacer los débiles. Desde la ciencia, por ejemplo, muchas veces se hace todo aquello que es factible técnicamente, sin reparar en los límites éticos. Es un tipo de ciencia que lo que busca es la gloria del reconocimiento, la cuenta de resultados… y no tanto el bien de las personas. Deberíamos replantearnos estas actitudes, porque la vida es el don más importante que se nos ha concedido, tengamos o no fe, y hay que protegerla.

– Para un escritor como usted, que mantiene este tipo de discurso, que además se declara católico y que, por todo ello, debe de navegar muchas veces contracorriente, ¿hasta qué punto es difícil tener éxito tal como pinta en la actualidad el panorama cultural en España?
– Yo creo, más bien, que lo que ocurre es que hay miedo de mostrarse así. Lo que hemos de hacer es poner la carne en el asador y arriesgar, como hacen otros. Cierto que hay medios dispuestos a no hablar de ti o lo hacen de forma burlona. Pero no hay que tener miedo sino ganas de trabajar y de ofrecer un producto que merezca la pena. Hay, además, un público que recibe este tipo de ideas como una auténtica novedad y como algo positivo.

-¿Cómo nació su fe, cómo es ahora?
– Es una fe de vieja España, de tradición, en familia, con naturalidad, con costumbres, educación, sacramentos… Y luego es una fe asumida. Mi despertar tiene que ver con unos viajes a África de adolescente. Pero luego volvió a ser una fe de viejo país católico, donde es sencillo vivir las costumbres, lo que se espera de un católico.

– ¿Y ese desperta del que habla…? ¿Qué sucedió?
– Estaba en Kenia, con 17 años. Conocí a gente joven del Opus Dei que se fue allí renunciando a muchas cosas por su ideal, Cristo, con una sabia apostólica total, que no era excluyente, sino abierta a toda la gente, razas, creencias… Aquello me deslumbró y se personificó en un joven de 32 años que llevaba unos años en el país (y que podría ser ahora el rey del mambo en España). Aquel verano perdió la vida allí salvando a un chico de morir ahogado en el mar que no era de su raza, ni de su fe… El niño se salvó y el joven murió en mis manos. Me marcó mucho. Escribí aquello en un cuaderno y me di cuenta de que tenía una historia que contar y que lo más sencillo, o lo más universal, era hacerlo desde la literatura. Tan universal que hoy, después de más de veinte años, sigue habiendo gente que compra ese libro en las librerías [‘Desde un tren africano’].

– Además de escritor, tiene muchas otras facetas artísticas: esculpe, pinta cuadros, dibuja viñetas de humor… ¿Qué importancia le da a éste en la vida?
– Estoy convencido de que Cristo debió de ser y es una persona muy, muy divertida. Sin humor no hay esperanza. Es un reflejo de esa posibilidad humana de escoger la cara positiva de las cosas, esa capacidad de superación que tenemos.