L.B./B.N. | 7-06-2019
El Palacio de Colomina de la Universidad CEU Cardenal Herrera acogió a presentación del libro “Saetas al corazón. La belleza de los salmos”, obra del poeta valenciano Ximo Albinyana, que contó con la intervención del cardenal arzobispo de Valencia Antonio Cañizares que ha prologado la obra.
La presentación tuvo lugar en el Salón de Actos del Palacio de Colomina, con la participación también del poeta y profesor de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia Antonio Praena. Igualmente, tomó parte Toni Alcolea, representante de la editorial del libro, Olé Libro.
La obra sumerge al lector en la belleza de la poesía, según el autor, que asegura que no es su intención “reescribir los Salmos porque son preciosos y no tienen necesidad de ser versionados”, sino “dejar fluir lo que me inspiran, con las armas que poseo y al mismo tiempo construir una alabanza” Así, según expresa “desearía que la lectura de cada poesía de este libro, sea una saeta lanzada al corazón de hombre o mujer, cristiano o judío, creyente o no, que le acerque a la belleza de los Salmos y por tanto a Dios, que es el Señor”. En PARAULA hablamos con su autor Ximo Albinyana.
PERFIL
A este poeta valenciano su curiosidad le ha llevado al estudio antropogenético y a Dios. Siente pasión por la litera­tura, en especial por la poesía, y ha escrito desde siempre, pero su vida laboral y política tenía poco que ver con este campo. Dirije el programa cultural diario ‘Parlem d’ací’ en la 99.9 Valencia Radio y escribe colaboraciones puntuales en la prensa regional.
– ¿Cómo se adentra en el mundo de la poesía y específicamente en los salmos?
– Yo poesía he escrito siempre aunque jamás pensé que escribiría para publicar. Al final me decidí porque me animaron y empecé a publicar hace seis años y éste es el cuarto poemario. Y ya yendo concretamente al libro, los salmos son unos conocidos. Todo católico que vaya asiduamente a cualquier celebración, va a tener salmos, se escuchan en todas las celebraciones. También en la liturgia de las horas uno de los componentes principales son los salmos. Pero a la vez, el significado de los salmos es desconocido para la gran mayoría de los fieles. Yo he intentado que los salmos sean más conocidos. Que la gente, a través de lo que a mí me inspiran los salmos pueda tener la curiosidad de buscar qué es lo que les inspira a ellos, que el mensaje que dan los salmos pueda llegar a interesar al lector por mi mano y por su propia mano.
– ¿Cómo surge la idea de escribir ‘Saetas al corazón’?
– Un sacerdote que me formó intelectualmente como persona, Alberto Biosca, me regaló unos evangelios y picado por la lectura de ellos fui a la liturgia de las horas. Fue ahí, en el rezo de la liturgia de las horas, donde surgió la idea de escribir. Otros sacerdotes me preguntaban por qué no escribía algo sobre religión. Mi poesía es de Amor o amor (ágape o eros). Ese amor que se transmite en mi poesía, en muchas de ellas hay una referencia clara a la cristología o a Dios Padre. De ahí, que cuando escribo y publico poesías que pueden considerarse carnales, de amor o desamor humano, en muchas de ellas hay una reminiscencias de un buscar a Dios. El trabajo fue inducido, ¿por qué no lo haces? ¿Por qué no escribes a Dios directamente? Bueno pues eso es. He escrito a Dios directamente.
– ¿Y estas saetas al corazón a quién quieren alcanzar?
– A aquellos que crean o no crean, sean conscientes o no, siguen el camino de Dios. Es de­cir, toda aquella persona que sea bue­na persona, que ame a los de­más y que haga cosas por los de­más, sea religioso o no, a ellos va dirigido. Pero sobre todo, es­ta saeta es un ruego mío a Dios, que espero sea un ruego del lector a Dios. ‘Saetas al corazón’ viene de una cita de un padre de la Iglesia que dijo: Los salmos son saetas de Dios lanzadas al corazón del hombre. De ahí el título. Pero más que hacia el libro de poesía yo quisiera que esto indujera hacia el Libro Sagrado, los Salmos y cualquiera de los libros sagrados, porque todos, contienen mensaje y hablan diretamete al hombre de hoy.

– ¿Cuándo alcanzan a Ximo? ¿Hubo un antes y un después?

– Efectivamente. Yo provengo de una familia religiosa, es creyente. Pero yo no lo era. Yo en un momento dado abandoné la Iglesia totalmente. Y no sólo abandoné la Iglesia sino que abandoné también a Dios. De tal manera que intelectualmente yo era agnóstico. No por­que rechazara o atacara ningu­na fe, que no lo he hecho nun­ca, sino porque no lo comprendía y no me sentía aludido. No creía en Dios absoluta y firmemente. Pero llegaron a mi los Evangelios para que los leyera. Y yo pensé, ¿có­mo voy a leerlos yo? Al final Alberto me convenció y le prometí que los leería todos los días, cada día el correspondiente. Pero no comprendía nada. Y así un día y otro día, durante dos años. Ten­go que decir que eso iba calan­do, aunque yo no era cons­ciente ni lo admitía. Pero hubo un momento en que la Palabra de Dios me habló directamente. Fue como si hubiese llamado por teléfono o hubiese venido a casa y me hubiese dicho: ‘Ximo, esto es lo que hay’. Y a partir de ese momento lo escuché diariamente y ahí sí cambió. Llegó un momento en que yo dije: Está claro, no es que tengamos que pensar si Dios existe o no, es que Dios existe y no hace falta ni justificarlo ni buscar pruebas. Dios existe porque es un hecho físico, no una creencia. Y a partir de ese momento decidí que no tendría ya ningún inconveniente, es más, ya que él (Dios) me había hecho más de un fa­vor, yo lo iba a defender y a proclamar siempre, a tiempo y a destiempo.
– Entiendo que en su día a día hubo un cambio.
– Hubo un cambio radical intelectualmente. A partir de ahí estudié teología, empecé a leer con otros ojos lo que ya había leído, intento comprender la doctrina de la Iglesia en sus diversos modos. Es decir, empiezo a ver a Dios, sobre todo, como padre y amigo.
Lo que sí que quiero dejar claro es que esto no es una cuestión extraordinaria que le ha pasado a este. No. Esto ocurre a todas y cada una de las personas. Cada persona recibe un mensaje, aunque hace falta escucharlo, admitirlo y aceptarlo. No son casualidades lo que ocurre sino causalidades. Y no son porque el hombre esté solo en el mundo, sino porque el hombre está acompañado por Dios.
– El libro está prologado por el cardenal arzobispo de Valencia, ¿cómo surge esa relación con don Antonio?
– Precisamente por la necesidad de estar seguro de que por mi mano no iba a ofender a Dios. ¿Y cuál es el continuador de los apóstoles que tenemos más cerca? Don Antonio Cañizares. Por tanto le pedí a él que los leyera. Ni él me conocía ni yo a él. Yo le insistí en que quería saber si moral y teológicamente estaba bien. Y de ahí surgió que escribiese el prólogo.
– De entre los 150 salmos de los que se compone el libro, ¿hay alguno que destaque o que le conmoviera más?
– No. No tengo ninguno que destaque y todos a la vez. Todos tienen un sentido, todos re­presentan un ruego, una que­ja, una alabanza, un cántico, una petición. Cada uno de ellos, tal y como son los salmos, me representaba en un momento y qué era lo que tenía que escribir. Así lo hacía, según me inspiraba. Pero ninguno ha sido especial y todos y cada uno. Tal vez el último porque en el último hay un ruego al final. Tal vez y sólo por ese ruego personal, tal vez ése.
– Para escribirlos, ¿hubo una preparación previa?
– Naturalmente. Hubo una preparación en cuanto a la lectura de tratados y estudios que se habían realizado de los salmos. Tanto de autores católicos, como ortodoxos, como distintos grupos protestantes. También algún estudio judío sobre los salmos. Pero eso era justamente lo que bloqueaba porque no era esa la función. La función era léase cada uno de los salmos, medítelos, rece, siéntalos, deje que el silencio haga su trabajo y entonces escriba. Así es como lo he hecho. Cada uno de los salmos ha sido leído, rezado, meditado y dejados influir, y sólo después es cuando he escrito la poesía, teniendo en cuenta la preparación anterior.