“Don Santiago fue un amigo fuerte de Dios, de una entrega total y sin fisuras a la Iglesia” El Cardenal oficia en la Seo las exequias por el arzobispo valenciano García Aracil, fallecido repentinamente

REDACCIÓN | 10-01-2019

La procesión fúnebre entró a la Catedral por la puerta de los Apóstoles procedente del Palacio Arzobispal. (A.SÁIZ)

La diócesis de Valencia despedía el pasado 31 de diciembre a monseñor Santiago García Aracil, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, cuya repentina muerte en la tarde del día 28 en la capital valenciana a los 78 años de edad por un infarto de corazón, sorprendió a todos.
Acababa de estar celebrando el día anterior el 34 aniversario de su ordenación episcopal y, aunque delicado de corazón, nadie podría prever un desenlace tan inesperado.

Don Santiago era un pastor muy querido en esta diócesis en la que deja recuerdos entrañables y de la que fue obispo auxiliar cuatro años, antes de estar 17 años como obispo de Jaén y 10 como arzobispo de Mérida-Badajoz. Hombre además muy recordado entre el Moviment escolta de Valencia, en la capilla ardiente en el Palacio Arzobispal, a los pies de su féretro había un ramo de flores con esta sencilla leyenda “los scouts”.

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidía en la Catedral el día 31 a las 9:30 de la mañana la misa exequial por el eterno descanso de quien fue “un hombre de fe, amigo fuerte de Dios en expresión teresiana, servidor fiel y prudente que no supo otra cosa que hacer que servir a Dios, cumpliendo su voluntad, en una entrega total y sin fisuras en favor de la Iglesia, a la que tanto amó con todo su gran corazón”, como subrayó en la homilía.

Ante el féretro con los restos mortales del prelado fallecido, situado delante del presbiterio del altar mayor de la Catedral, habían sido colocadas previamente sus vestiduras episcopales, casulla y estola, mitra y báculo y, sobre ellos, el Evangelio abierto. Fijando la mirada en ellos, el cardenal Cañizares subrayó que monseñor García-Aracil fue “pastor conforme al corazón de Dios, amó mucho a su pueblo en cuyo beneficio no escatimó esfuerzo alguno ni sacrificio en los distintos lugares en los que ejerció su ministerio pastoral”.

Ante la patrona

Precisamente, el cuerpo sin vida de monseñor García Aracil había sido trasladado a hombros de sacerdotes de la diócesis de Mérida-Badajoz en la procesión fúnebre que había partido antes desde el Palacio Arzobispal, tras cerrarse en su Salón del Trono la capilla ardiente que había permanecido abierta desde el día anterior.

Al pasar delante de la Basílica de la Virgen, camino de la Catedral, la procesión se detuvo para girar los restos mortales del prelado fallecido hacia la patrona de Valencia, la Virgen de los Desamparados, momento en el que todos entonaron el ‘Salve Regina’. Tras ello la procesión continuó su recorrido hasta entrar en la Catedral por la puerta gótica conocida como ‘de los Apóstoles’.

En la eucaristía, que concelebraron una veintena de arzobispos y obispos y un centenar de sacerdotes, entre valencianos y también llegados también de las otras diócesis a las que sirvió monseñor García-Aracil, Jaén y Mérida-Badajoz, el Cardenal resaltó también que don Santiago García Aracil, “ante todo y por encima de todo, fue sacerdote que nos dejó bellas, profundas y enjundiosas páginas sobre el sacerdocio, y que quiso de verdad -soy testigo muy directo de ello- a sus sacerdotes y trabajó incansablemente por ellos”.

“Don Santiago fue uno de esos hombres de fe que verdaderamente encontró todo su sentido en la palabra del Señor, y por eso fue un hombre, un sacerdote y un obispo que claramente anunciaba la verdad en su jerarquía, los valores en su jerarquía, y distinguía lo principal de lo accidental y así nos daba siempre un juicio auténtico sobre la realidad”, continuó el Cardenal.

Agradecimiento de sus diócesis
Al concluir su homilía, el arzobispo de Valencia dio gracias a Dios por la vida de monseñor Santiago García Aracil, “por su ministerio episcopal y sacerdotal, por su testimonio de cristiano”, e imploró la intercesión de la Virgen María y de los santos valencianos san Vicente Ferrer y san Juan de Ribera, “del que tanto recibió y tanto influyó en su espiritualidad y en su vida”, para que “Dios lo haya acogido en su seno y que haya podido escuchar ya aquellas palabras ‘siervo fiel y prudente, entra en el gozo de tu Señor’”.

Por su parte, antes de finalizar la misa, el arzobispo de Mérida-Badajoz, monseñor Celso Morga, en su nombre y también en el de la diócesis de Jaén, de la que igualmente fue obispo el prelado fallecido, dio públicamente las gracias “a Dios y a toda la diócesis de Valencia por este servidor bueno y fiel, trabajador infatigable en la viña del Señor”, y concluyó: “Que seamos generosos en la oración por el eterno descanso de su alma y que sigamos su ejemplo de vida”.

Despedida solemne y emotiva
La despedida de la diócesis de Valencia a don Santiago fue solemne y emotiva. Durante la procesión fúnebre de entrada, los campaneros de la catedral de Valencia realizaron desde la torre campanario del Miguelete, el toque solemne de difuntos con el lento volteo a mano de la campana ‘María’, que sólo se emplea para fallecimiento de obispos y arzobispos. Luego, en la entrada del féretro en la Catedral y durante la eucaristía, tocaron los campaneros en tres ocasiones el llamado ‘clamoreo’ de misa de difuntos con nueve campanas.

En el momento de la entrada de la procesión en el templo, la Coral catedralicia entonó el ‘Requiem’ de Fauré, compositor del que también en la eucaristía fueron interpretados su ‘Sanctus’ y el ‘Agnus Dei’.

Concluida la eucaristía, mientras la Coral catedralicia interpretaba ‘In paradisum’, del ‘Requiem’ de Fauré, acompañada del órgano, los restos mortales de monseñor García Aracil salían de la Catedral por la puerta románica conocida como de la Almoina, donde fueron incensados por el cardenal Cañizares antes de impartir la bendición final. Posteriormente, fueron trasladados por carretera a la localidad alicantina de Penáguila donde recibieron sepultura en el cementerio donde están enterrados sus padres.