“En el cine y la cultura debemos mostrar el poder que hoy tiene el amor de Jesucristo” Entrevista a Carlos Aguillo, actor de 'El mayor regalo'

CARLOS ALBIACH | 16-11-2018

Carlos junto a Santi Rodríguez en una de las escenas de la película. (FOTO: A.SAIZ)

La película documental ‘El mayor regalo’, de Juan Manuel Cotelo, se estrenó la semana pasada con una gran acogida por parte del público en cines de toda España. De hecho, ha sido durante el primer fin de semana en cartelera número 1 de espectadores por copia. En este filme, que se puede ver en Valencia en los cines ABC Park, se muestran los testimonios reales sobre la gran fuerza que tiene el perdón. Todos ellos se hilan a través de un relato de ficción en el que uno de los personajes es interpretado por el actor valenciano Carlos Aguillo, que vive su fe en la parroquia Santo Tomás Apóstol y San Felipe Neri de Valencia.
Carlos, que ha trabajado durante muchos años en televisión, ha participado como actor en anuncios de publicidad, en pequeños papeles en series de ficción nacionales, así como en alguna obra de teatro. Además de dar clases de música y teatro en un colegio es director y productor de cortometrajes.

– ¿Qué ha supuesto participar en ‘El mayor regalo’?
– Me siento muy afortunado de trabajar en un proyecto tan selecto a nivel espiritual. Son proyectos que no se ven muy a menudo y tienen una gran calidad humana. Para mí ha sido una gran satisfacción tanto a nivel profesional como personal, puesto que ha sido dedicar tiempo a una película muy necesaria y que es un servicio muy bueno para las personas. En esta película se ven historias reales de perdón que, estoy seguro, viven muchas más personas en todo el mundo.

– ¿Con películas como ésta podemos decir que es posible evangelizar a través de la cultura y el arte?
– Es muy necesario que haya un producto diferente en las carteleras y más cuando están saturadas de películas que tienen mucha violencia. Como ha pasado con esta película a la gente sí le interesa. Creo que es importante evangelizar a través de la cultura de una forma actual y que refleje lo que la Iglesia hace hoy, es decir, lo que Jesucristo hace hoy y el poder transformador de su amor en las personas. Tiene que ser una cultura auténtica y la Iglesia no ha de tener miedo a hacerlo con un mensaje claro que consiga cambiar a las personas.
Además, hay que hacerlo con los medios de hoy. Ya dijo el papa san Juan Pablo II en su carta a los artistas que era necesario expresar la verdad a través de la belleza.

– En un comentario que leí en redes sociales decía que la película hubiera sido mejor si no hubiera citado a Dios tantas veces.
– Es tan grande la acción de Dios en las personas que salen que no se podía obviar. Cuando sale Dios es porque ha sido tan manifiesto su poder en cambiar lo que había antes que se debía reflejar bien.

– En esta película has compartido rodaje con el conocido actor y humorista Santi Rodríguez.
– Tengo un gran respeto por él. Trabajar con Santi Rodríguez ha sido muy fácil. Es un profesional muy cercano. Teníamos la sensación de conocernos desde hacía mucho tiempo.

– ¿Cómo vives el ser actor y católico?

– No se pueden separar las dos cosas. Yo intento vivir como católico en esta profesión. Eso implica que no pueda hacer cualquier cosa y tenga que decir a veces que no. Es muy importante aprender a decir que no. Además, la experiencia me dice que no pasa nada porque luego el Señor te hace regalos más grandes. Para mí es un gran descanso tener como referente a san Juan Pablo II, que en su juventud fue actor y quiso ser actor.

– ¿Cuál ha sido tu experiencia de fe?

– Mi experiencia es la de creer sin haber visto. Ha sido fundamental que he sido catequizado y enseñado por la Iglesia y también por mi familia. He visto que es bueno para mí y que me enseña a amar y a perdonar. En ella he encontrado personas concretas que me han ayudado. Agarrarse a Dios es la mayor inversión que se puede hacer en la vida.
Yo hago memoria de mi vida y veo que los pequeños grandes detalles han venido de Dios de la forma que menos te lo esperas y en el momento en que menos te lo esperas. Sin olvidar que la vida de fe es un combate de todos los días.