La casa de los curas extranjeros En pleno centro de Valencia conviven 23 sacerdotes de otros países que amplían estudios y ayudan en parroquias. Es el Convictorio sacerdotal San Francisco de Borja

L.B. | 14-12-2018

El director del convictorio (dcha.) atiende a tres residentes. (FOTO: A.SÁIZ)

Son sacerdotes jóvenes. En su gran mayoría, extranjeros aunque también los hay de otras diócesis españolas. Están en Valencia para ampliar sus estudios en la Facultad de Teología, en el Pontificio Instituto Juan Pablo II o en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Católica de Valencia. Y de domingo por la tarde a miércoles a mediodía conviven en el Convictorio Sacerdotal San Francisco de Borja, que se encuentra en pleno centro de Valencia, en la calle La Senia, detrás de la Lonja.

Hasta hace poco tiempo el edificio acogía a una comunidad de Jesuitas. Pero hace un par de años los religiosos que lo ocupaban se trasladaron a otros conventos y vendieron el edificio a la diócesis. Desde entonces se destinó a convictorio o residencia sacerdotal, con el nombre de San Francisco de Borja, santo valenciano nacido en Gandía en 1510, que fue el tercer General de los Jesuitas.

Ampliación de estudios
En la actualidad hay veintitrés sacerdotes procedentes de Guatemala, Brasil, Colombia, Argentina, Ruanda o Guinea, pero también de otras diócesis españolas como Cuenca, Alicante y Albacete.
“Los sacerdotes vienen aquí a ampliar estudios y, a la vez, se adscriben a una parroquia para echar una mano. Como algunas de esas parroquias están lejos de Valencia y no pueden ir y volver cada día a la Facultad, pasan aquí los días que van a clase. El convictorio abre de domingo por la tarde a miércoles a mediodía. Luego, de miércoles a domingo, se van a sus respectivas parroquias para ejercer el ministerio sacerdotal”, explica Camilo Bardisa, director del Convictorio San Francisco de Borja.
Lo más habitual es que la estancia de los sacerdotes sea de tres años, que es lo que duran sus estudios. Pero algunos no llegan a estar ese tiempo porque son trasladados a parroquias más cercanas a las que pueden ir y venir cada día. Otras veces ese plazo se alarga algo más si hacen también algún máster.
Como destaca su director, “el convictorio es un espacio de convivencia y formación que pretendemos esté abierto a actividades extra académicas, como presentación de documentos, conferencias o charlas formativas”.

Instalaciones
El convictorio ocupa las tres plantas más altas de un edificio, en el que Juniors MD ocupa sótano, planta baja y primer piso. Aunque se tuvo que hacer alguna reforma para acondicionar las instalaciones que estaban más deterioradas por el uso, no fue necesario hacer grandes cambios y se aprovecharon las instalaciones existentes.

El convictorio cuenta con veintitrés habitaciones individuales con su propio aseo, salas comunes, sala de reunión, biblioteca, capilla y comedor. “Ojalá pudiéramos tener más habitaciones. Hemos tenido que seleccionar y ver quién lo necesitaba más, porque la realidad es que hay más demanda que espacio. Ahora hay otros seis sacerdotes de fuera que residen en una vivienda de la parroquia de San Juan de la Ribera, aunque vienen a comer y cenar aquí”, añade Bardisa.

Convivencia multicultural
El ambiente que se respira en el Convictorio San Francisco de Borja es muy agradable. “A pesar de las muchas nacionalidades que aquí se congregan y la diversidad de costumbres, la relación entre los residentes es fácil y no ha habido problemas de convivencia entre ellos”, indica Bardisa.

No obstante, reconoce que sí hubo un aspecto un poco más complicado al principio: la comida. “Hemos intentado adaptar el menú a sus gustos en la medida de lo posible, al igual que los horarios, con el objetivo de favorecer su estancia”. Ahí han tenido un papel fundamental Pedro Calvo y Zeit Hervás, que se ocupan de la cocina y el mantenimiento del edificio. “A veces cuesta y hacemos un poco de mezcla. El arroz blanco, las alubias y la carne es lo que más les gusta a todos. Como este curso hay también españoles, hemos tenido que readaptarnos a ellos porque el curso pasado nos centramos en la comida que preferían los extranjeros”, explica Pedro. Entre todos han sabido encontrar el equilibrio entre las costumbres culinarias españolas, africanas y americanas.