“Las crisis matrimoniales tienen solución… y buena” Javier Ros, sociólogo y profesor del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II

EVA ALCAYDE | 15-06-2018

Pese a que las cosas no pintan demasiado bien en la sociedad que imagina para dentro de 20 ó 30 años, el sociólogo valenciano Javier Ros, profesor de la Universidad Católica y del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II de Valencia, huye del pesimismo y defiende que aunque las crisis matrimoniales existen, éstas son beneficiosas, hacen crecer a la pareja y tienen solución. Uno de los secretos que nos ofrece Ros en esta entrevista para salvar nuestro matrimonio, si es que atraviesa una de estas crisis, es ‘querer querer’.

No hay que asustarse ante las crisis matrimoniales, porque sí existen, aunque la buena noticia es que son normales y hasta pueden resultar beneficiosas para la pareja.

PARAULA ha hablado con el sociólogo Javier Ros, profesor de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” y del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia, que nos da algunas pistas de lo que podemos hacer para superar con éxito una de estas crisis matrimoniales.

El experto nos aconseja estar atentos a las señales de alerta, como la pérdida de confianza, evitar comportamientos tóxicos o no tener reparos para pedir ayuda a un terapeuta con experiencia, si llega a ser necesario.
El tiempo no cura nada por sí solo, y si queremos superar nuestra crisis hay que trabajárselo, pero, según asegura rotundamente el profesor Ros, los conflictos de pareja se pueden solucionar.

-¿Las crisis matrimoniales son normales?
-Las crisis matrimoniales no solamente son normales, sino que forman parte del matrimonio como de cualquier otra faceta de la vida y además son momentos decisivos a partir de los cuales se puede crecer en madurez. Solamente el amor probado al crisol puede ser verdadero amor.

-¿Cómo podemos identificar que estamos en plena crisis matrimonial?
-Las crisis no suelen llegar de la noche a la mañana. En gran cantidad de casos se va produciendo un camino de alejamiento entre los cónyuges, una pérdida de ilusión por hacer las cosas juntos, por planificar y resolver situaciones en pareja… Junto con ello aparece la dificultad o imposibilidad para la comunicación, resulta cada vez más costoso justificar al otro… Evidentemente hay crisis cuando aparece la mentira y la violencia en cualquier de sus formas.

-A veces las parejas tienen el compromiso y la voluntad necesarios para solucionar un problema que han detectado en su matrimonio, pero no saben cuál es el camino para resolverlo ¿cómo podemos encontrarlo?
-Lo primero que hay que tener claro es que el camino no va a ser fácil ni mucho menos rápido; el tiempo por sí solo no cura nada pero es un ingrediente decisivo en la reconstrucción. Aunque la situación sea difícil, el abandono del hogar por alguno de los cónyuges (si no lo indica el orientador familiar) no es la vía adecuada; nos hemos casado en la prosperidad y en la adversidad.
Es muy importante acudir de común acuerdo a un terapeuta con experiencia, que sea cristiano y al cual estemos dispuestos a obedecer. En nuestra diócesis disponemos, entre otros, del Centro de Orientación Familiar. Lo recomendable es un solo terapeuta, porque si se sigue el consejo de varias personas no es difícil acabar escuchando únicamente a aquel que más nos interese, aunque sea de forma inconsciente. Otro elemento es ser discreto con las personas cercanas, incluso con los hijos, así se preserva la intimidad y se facilita el proceso.

– ¿Cuáles son los peores males para una pareja o los comportamientos más tóxicos?
-La pérdida de la confianza es el peor mal que acecha a los esposos. El matrimonio es la llamada y la realización vocacional al amor a través de la unidad del varón y la mujer, la desconfianza ataca directamente a su base. Como caso palmario de esta situación encontramos matrimonios con vidas paralelas viviendo juntos, así como la infidelidad conyugal. Otros comportamientos altamente tóxicos son todos los relacionados con la violencia, la manipulación y la ocultación.

Lea la entrevista íntegra en la edición impresa de PARAULA