Los ‘ángeles’ de las mujeres más necesitadas en Valencia, de aniversario en el Cottolengo Las Hermanas Servidoras de Jesús celebran los 75 años de su congregación y cuentan su día a día
En la hora de la comida las religiosas son ayudadas por las voluntarias del centro.

En la hora de la comida las religiosas son ayudadas por las voluntarias del centro. Foto: A. Saiz

M.L. VIVES | 26-11-2014

Las religiosas Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo del Padre Alegre, que atienden este centro en Benimaclet, celebran este año el 75 aniversario de la fundación de su congregación.

Actualmente, el Cottolengo del Padre Alegre, acoge a 70 mujeres que padecen discapacidades psíquicas y físicas y cuentan con escasos recursos económicos. Según explica a PARAULA la directora del centro, la religiosa Virginia Zarabia “como en una familia, aquí hay personas de todas las edades”. Así, la más pequeña del centro tiene 4 años y la más veterana más de 90.

 

Un día en el Cottolengo

El día a día de las nueve religiosas que rigen el centro empieza a las 5.30 de la mañana para “prepararnos para el día con la oración y el encuentro con el Señor”.

Sobre las 7 de la mañana empiezan a levantar a las acogidas y ayudarlas en el aseo. A las 8.30 horas tiene lugar una misa en la iglesia del centro y el desayuno.

Tras el desayuno algunas de las acogidas van al gimnasio para realizar su rehabilitación y a las clase y algunas colaboran en las tareas de la casa como la cocina o los costureros. Sobre las 12:30 horas empiezan los turnos de comidas y a las 14:30 horas comienzan las clases.

Finalmente, a las 18 horas comienzan las meriendas y cenas antes de acostar a las acogidas y a las 20:30 horas las religiosas celebran el rezo de vísperas con el que finalizan su intensa jornada.

Hay tres tipos de clases diferentes según el nivel de las acogidas. Una de ellas es un taller de manualidades para estimular las capacidades motrices de las más dependientes o como llaman ellas “buenas hijas” y tres aulas en las que profesoras imparten asignaturas como matemáticas o lengua.

Desde el Cottolengo también se organizan excursiones con las acogidas y acuden al circo en Navidad o al lago de Anna en primavera o verano, entre otras. Además, una vez al año realizan un viaje de unos tres días en los que visitan otros Cottolengos en España. El último viaje fue al centro de Alicante.

Según la religiosa, las acogidas llegan hasta el Cottolengo por distintos cauces “a veces son las familias las que lo solicitan, en otras ocasiones trabajadores sociales, centros de salud u hospitales y por parte de vecinos o sacerdotes que han visto la situación de las familias y lo piden”. “Aquí no hay burocracia, solo la burocracia de la necesidad porque aunque haya lista de espera el que tiene preferencia no es el que primero lo haya solicitado sino el que tenga más necesidad aunque sea el último”.

Una de las características más destacadas del Cottolengo es que viven de la Providencia. “Es una experiencia preciosa y no hay que vivir con los puños apretados porque para nosotras es nuestro vivir cotidiano”, explica la religiosa con una enorme sonrisa.

Por ello, no duda en contar una anécdota que ocurrió recientemente y que “demuestra que el Señor se hace presente en lo cotidiano de cada día”.

Para el aniversario una profesora quería realizar un mural con dulces de un chocolate especial que es muy caro. Cuando se dirigió a la tienda para adquirir el chocolate el dependiente le dijo que se lo regalaba porque se le había derretido y no lo podía vender.

Finalmente, concluye, si el Señor está presente en estos gestos tan pequeños “¡cómo no va a estar en lo importante de verdad!”.