Los Hermanitos del Cordero levantarán su pequeño monasterio también en Navalón Cerca del de las Hermanitas, empezarán a construirlo en primavera

L.B. | 12-12-2012
‘Lumen Crucis’ (‘Luz de la Cruz’) es el nombre del futuro pequeño monasterio que acogerá en Navalón a la primera fraternidad de Hermanitos del Cordero en nuestra diócesis, los religiosos Pablo, Alberto, Isaac, Joseph Marie y Antonio.

Pronto, si todo va bien, en primavera, empezarán a construirlo cerca del pequeño monasterio de la Transfiguración de las hermanitas del Cordero. “Las religiosas llevan cerca de diez años en Valencia. Empezaron con una fraternidad en la ciudad pero construyeron el monasterio en un lugar más apartado para tener un lugar de formación, acogida y encuentro con Dios”, explica el hermanito Antonio.

Los religiosos querían estar cerca de las hermanitas porque, aunque el día a día la hacen por separado, se reúnen para los oficios litúrgicos, como las eucaristía y celebraciones de fin de semana.

‘Lumen Crucis’ contará con cuatro edificios muy sencillos y humildes. “Serán casas de una sola planta con materiales también sobrios que reflejan la pobreza evangélica”, señala el mismo hermanito. El centro del monasterio los constituirá una capilla, a la que se añadirán otro edificio para la vida de los hermanitos con celdas y zonas comunes; otro, donde se pondrán las instalaciones de electricidad, bomba de agua, etc; y por último, una casa de acogida para grupos, con capacidad aproximada para unas 20 personas.

Los jóvenes ayudan
Ha sido este mismo año, concretamente el 16 de julio, cuando los hermanitos recibieron oficialmente la propiedad del terreno, de cinco hectáreas, donado por una familia de Valencia. “Con todo nuestro corazón damos las gracias a quienes nos han dado el terreno, y a todos los que ya han subido una u otra vez a ayudarnos”, manifiestan. Y es que ya han empezando a limpiar el terreno donde se construirá el monasterio, podando y quitando las hierbas y piedras para allanarlo y empezar a edificar.

Son muchos los jóvenes que espontáneamente suben con ilusión para ayudarles. Acuden los fines de semana para compartir con los hermanitos su forma de vida sencilla y, además, ayudarles con el proyecto del monasterio.
“Deseamos que éste sea siempre un lugar de luz y de paz dónde los que vengan reciban y experimenten el amor de Dios”, destaca el hermanito Antonio.

Razón de unos diminutivos
La Comunidad del Cordero fue fundada el 6 de febrero de 1983 por Mons. Jean Chabbert, arzobispo de Perpiñán, y el 16 de julio de 1983 fue reconocida como parte de la Familia de Santo Domingo. Utilizan los diminutivos -hermanitos y hermanitas- para tener siempre presente que es en la pequeñez donde, según el evangelio (Mateo 11), se revela el Señor.

Empezar con ‘dos moneditas’ de un niño de 7 años
Ahora que ya tienen el terreno y el proyecto para el monasterio, los hermanitos -que tienen carácter mendicante y viven el día a día confiados en la Providencia- necesitan la colaboración de los fieles valencianos para la compra de materiales y pagar a los profesionales que intervengan en su construcción. Como señala el hermanito Antonio, “toda ayuda es bienvenida”.

Lo mejor de todo es que esta colaboración ya ha empezado. Con especial cariño recuerdan la primera donación recibida. Habían estado rezando pidiendo un ‘gran donante’ y fue precisamente el domingo que se leyó el evangelio de la viuda que da dos moneditas -todo lo que tenía-, cuando llegó. Al acabar la misa, un niño se acercó con sus padres a uno de los hermanitos. Los padres le explicaron que su hijo quería dar todos sus ahorros para la construcción del pequeño monasterio. “Entonces, el niño de siete años, sonriendo, metió la mano en su bolsillo y, con toda naturalidad, dio al hermanito todos sus bienes, todo lo que poseía: cuatro euros… en dos monedas de dos euros cada una. ¡Dos moneditas!”, recuerdan.

“Ésta es la respuesta de la Providencia. Éste es el primer don desde el día en que recibimos la propiedad del terreno. Una ‘palabra de Dios’ para nosotros. Dos moneditas, un niño, el gran donante, la primera piedra. ¡Dios está aquí! ¿Por qué preocuparnos?”, exclaman.