Los jóvenes misioneros de la calle dejan una huella inolvidable Culminan una semana de ayuda en Alzira, Silla y Paterna dentro de la misión evangelizadora 'Construir la Nueva Ciudad'.

BELÉN NAVA | 23-07-2015

Los jóvenes repartieron mensajes con citas del Evangelio entre los vecinos del barrio de La Coma. Foto: Alberto Sáiz

Los jóvenes repartieron mensajes con citas del Evangelio entre los vecinos del barrio de La Coma. Foto: Alberto Sáiz

1.200 viviendas con familias con escasos recursos económicos, desestructuradas y a menudo olvidadas por la sociedad. Así es el barrio de La Coma en Paterna. Uno de los lugares escogidos para realizar la misión evangelizadora ‘Construir la nueva ciudad’ organizada por la comisión diocesana para la Infancia y la Juventud.

Una veintena de jóvenes, a lo largo de una semana, conocieron de primera mano la realidad social de la gente que vive allí. Una zona que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en una isla, -en más de un sentido- aislada y rodeada por complejos residenciales de nueva construcción. Unos y otros edificios, unos y otros vecinos, hacen patente la brecha que se abre entre ellos. Dos realidades completamente diferentes con enormes contrastes. Y en este entorno es donde los jóvenes llevaron a cabo su misión. Entre las actividades elegidas destacaron los juegos educativos en la calle con los niños del barrio.

A ratos por la mañana y por la tarde los misioneros realizaron tareas de rehabilitación de los locales de la parroquia Madre del Redentor, núcleo neurálgico de la misión. Con sus monos blancos y armados de brochas y rodillos adecentaron uno de los cuartos donde la cofradía de la parroquia guarda sus enseres. Además de colaborar en la labor de acogida de la Cáritas parroquial.

También reservan un tiempo para visitar a las monjas del Convento de Dominicas.

Lea el reportaje íntegro en la edición impresa de PARAULA con la crónica de la misión joven en Alzira y Silla y la misa conclusiva en la Basílica de la Virgen

La experiencia de evangelizar cantando canciones por las calles del barrio con una guitarra fue una de las más valoradas.

Muchos de los vecinos se extrañaban antes la veintena de jóvenes que, con un cura y una monja a la cabeza, llenaban de música las calurosas tardes del mes de julio.

Sentados a la fresca veían como se les acercaban con una cesta llena de papelitos. “¿Y esto qué es guapo?”, le preguntaban a uno de los jóvenes. Eran mensajes con citas del Evangelio que invitaban a leer en voz alta. “¿Y por qué hacéis esto?”, inquirió un niño a una de las chicas. “Para que veáis la alegría de Dios y que traemos buenas noticias”, le contestó.