Los secretos de la Catedral más ‘desconocida’, al descubierto Entrevista a las falleras mayores de Valencia, Sara Larrazábal y Marina Civera

Este año PARAULA quería sorprender a las falleras mayores de Valencia. Buscando sitios donde realizar la sesión fotográfica que acompañase a la entrevista, la Catedral más desconocida se hizo un hueco entre todas las posibilidades. Un lugar que descubrir por su belleza, la historia que atesoran sus piedras y el legado espiritual que nos dejaron los primeros cristianos en la ciudad de Valencia. En este marco, Marina Civera y Sara Larrazábal hablan con PARAULA del mundo fallero, de la solidaridad y de la devoción a la Mare de Déu y a san José.

BELÉN NAVA | 13-03-2019

Sara y Marina ante la pequeña torre piramidal que protege la escalera de caracol que permite el acceso a las terrazas de la Catedral. Destacan sus gárgolas medievales: una de ellas representa a un animal con garras, otra a una mujer con un velo sobre la cabeza y otra representa a un monje u hombre con capucha. (FOTO: M.GUALLART)

Era una fría tarde de finales del mes de enero cuando PARAULA acudió al encuentro de Sara Larrazábal y Marina Civera, falleras mayores de Valencia 2019. Ellas desconocían por completo el lugar exacto de la entrevista. Sabían que iban a conocer la Catedral pero ni se imaginaban que, por un rato, iban a tener a la ciudad de Valencia a sus pies, literalmente hablando.

Junto con Carlos Gener, gestor cultural del Museo de la Catedral de Valencia, se inició el recorrido por las zonas más visitadas y populares de la Seo. De forma intuitiva alzaron sus miradas hacia los imponentes frescos de los ángeles músicos y, medio en serio, medio en broma se les preguntó “¿ querriáis subir hasta allí arriba?”. El entusiasmo de Sara y Marina era contagioso, al igual que sus ganas por conocer el patrimonio de la tierra a la que ahora, ellas, representan como máximas exponentes de las fiestas josefinas.

Por la capilla de San Dionisio y Santa Margarita accedimos a la escalera de caracol que lleva las cubiertas de la Catedral. Ese es el lugar elegido para hablar con ellas. El sol comenzaba a esconderse y había prisa por captar los últimos rayos que siempre dejan un impresionante atardecer sobre el Miguelete. Para Sara y Marina subir por los intrincados escalones de piedra ya era toda una aventura. Estaban disfrutando y eso se reflejaba en sus rostros.
Cada uno de los niveles que se iba subiendo las dejaba asombradas por sus vistas espectaculares. Al hacer un descanso en una de ellas desde donde se divisa la plaza de la Virgen aprovechamos para hablar con Sara. Ella será la representantes de los niños valencianos el día de la Misa d’Infants, justo allí, en la plaza y frente a la Basílica.

Y sobre los niños se le preguntó a la fallera mayor infantil. “Para mí es un honor y un privilegio ser la representante infantil”, aseguró y se atrevió a definir a los niños valencianos como “nobles, tolerantes y solidarios”. A su vez, lanzó un deseo al aire: “que todos los niños del mundo vengan a conocer nuestra fiesta”.
Y allí, las dos vivirán el momento de dejar, a los pies de la Patrona, su ramo de flores más especial el día de la ofrenda. “A la Virgen hay que pedirle lo que a ella se le da bien que es cuidar a los desamparados y luego, a nivel personal para los falleros, pedirle que nos cuide y que nos proteja…y sobre todo que nos mire con amor”, aseguró Marina.

Alcanzamos con ellas la parte superior de la Catedral: las cubiertas. Sus exclamaciones de sorpresa y de alegría no se hicieron esperar. Pidieron fotos y sacaron los móviles para inmortalizar las vistas mientras seguíamos conversando con ellas. “Si algo podemos hacer los falleros es proteger, impulsar y extender todo aquello que nos hace únicos”, aseguró Marina que señaló hacia el Miguelete reconociendo el ‘skyline’ de la ciudad. “Somos -puntualizó-un pueblo rico en cultura y tradiciones, lleno de tolerancia”. “¿Y de solidaridad’”, le preguntamos. “Por supuesto, no debemos olvidar nunca la ‘germanor fallera’. Somos embajadores de la solidaridad y nosotras como representantes de la fiesta tenemos que reivindicarlo”. Tras una pausa continuó, “somos hospitalarios, luchadores e inclusivos y es por eso por lo que creemos en la convivencia de los pueblos”.

“¿Y la figura de san José?”, le preguntamos. “¿Habría que reivindicarla más?”. Marina asintió con la cabeza y se mostró firme en su respuesta: “No hay que olvidar que están fiestas son en honor de san José y precisamente yo pertenezco a una de las únicas comisiones que tiene el nombre del patrón de las fiestas. Tenemos que recordar que todo gira en torno a ese 19 de marzo en el que volvemos a renacer de unas llamas y todo gracias al trabajo y al simbolismo que es san José”.

Un museo por descubrir

Marina y Sara ante alguno de los libros de facistol. Este, en concreto, con una bella imagen de san Vicente Ferrer. (FOTO: M.GUALLART)

Ya de vuelta al interior del templo, quedaba por descubrir el museo de la Catedral. Tras atravesar la puerta gótica que da entrada a los que fueran locales reservados a los canónigos, Marina y Sara quedaron sorprendidas por la majestuosidad y grandeza de la custodia procesional de Corpus Christi, la más grande del mundo, construida entre los años 1945 y 1954.

Ambas atendieron sorprendidas a las explicaciones de Carlos que les detallaba como la confección de esta custodia era “una ofrenda de los valencianos en reparación de los sacrilegios cometidos en la guerra civil” y que con sus 600 kg. de peso y sus 20.000 piezas, de ellas 159 esculturitas, es única en el mundo.

Poco a poco Marina y Sara se animaron a descubrir las imágenes y los elementos que Carlos les contaba y que se encontraban en la Custodia: el nacimiento de Jesús, la última cena, algunas de las joyas donadas, algunos santos valencianos, la bella efigie de la Virgen de los Desamparados…

En la siguiente sala, situada en la planta baja del museo, Sara y Marina se “sumergieron” en el Año Vicentino. Con motivo de la celebración del año jubilar, el museo de la Catedral ha colocado en un lugar preferente la imagen procesional de san Vicente Ferrer, realizada en madera plateada, obra de Francisco Eva (1600), así como el manto que habitualmente utilizaba, su bonete, un facsímil de la Biblia que utilizaba y un libro con sus sermones, además de varias obras de arte en las que se retrata al santo valenciano y que captaron la atención de las representantes de las fiestas josefinas.

Algunos de los libros de facistol que se conservan en el museo llamaron la atención de una Sara que, sorprendida por las grandes dimensiones del ejemplar, preguntó de qué se trataba.

Captó la atención de Marina el relicario de la ‘Camisita del Niño Jesús’ datado en la última década del siglo XIV, y mostró su sorpresa por tener tan cerca una reliquia como esta. La pieza está formada por un cilindro de cristal con anillos decorativos y en su interior, se conserva lo que fue la camisa de Jesucristo, cosida por la Virgen María. “Me parece increíble –aseguró la Fallera Mayor- que la tengamos aquí en Valencia y que esto lo desconozca la gran mayoría de los valencianos”. Es, precisamente la sala del museo que llamó la atención de Marina la que custodia los relicarios de mayor valor histórico. En este espacio, dedicado a la orfebrería, se muestran las escasas piezas conservadas del relicario de los reyes de Aragón, depositado en esta catedral por el rey Alfonso V el Magnánimo en 1437.

Las Falleras Mayores en el aljibe del siglo XVIII construido bajo la Catedral sobre una edificación anterior. (FOTO: M.GUALLART)

Tampoco mostraron aprensión al ver algunos de los enterramientos que surgieron tras las excavaciones. “¿Pero son de verdad?” preguntaba Sara con muchísima curiosidad. Y al momento pedía saber cómo habían llegado hasta allí y si se sabía a quién pertenecían. “Tenemos una gran cantidad de restos humanos pertenecientes al cementerio parroquial de San Pedro, del siglo XIII que estaba en este mismo lugar por el que estamos pasando”, les respondió Carlos mientras Marina aplicaba sus conocimientos en Odontología para detallar las partes de la mandíbula de uno de los cráneos que se pueden observar.

La visita llegó a su fin. Apurando el reloj accedimos a la Capilla del Santo Cáliz. Su historia “engancha” a las dos que muestran su asombro al ver la santa reliquia. Las preguntas vuelven a surgir: su origen, su autenticidad…
Tras compartir con ellas un par de horas sabemos que son unas avezadas alumnas y que disfrutan de cada dato, cada anécdota, cada historia que se les cuenta. La Catedral de Valencia esconde muchos secretos, aunque para Marina y Sara, nuestras falleras mayores, muchos de ellos quedan, ahora, al descubierto.