Un “pulmón espiritual” en el corazón de Valencia Cuatro Carmelitas de la Antigua Observancia profesan votos solemnes en el monasterio de la Encarnación

L.B. | 19-04-2012

Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia, cuando las religiosas se postran en señal de morir al mundo. (Fotografía: Alberto Sáiz)

“Vuestra comunidad, junto con el resto de comunidades de vida contemplativa, está llamada a ser una especie de ‘pulmón espiritual’ de la sociedad, para que a la actuación, al activismo de una ciudad no le falte la ‘respiración’ espiritual, la referencia a Dios y a su designio de salvación”. Estas palabras de Benedicto XVI pronunciadas recientemente en un monasterio de vida cotemplativa en pleno centro de la ciudad de Roma, ilustran a la perfección lo que significa la profesión solemne de cuatro religiosas de la orden de vida contemplativa de las Carmelitas de la Antigua Observancia, el pasado domingo 15. Una fiesta exultante presidida por el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Oso­ro, en el monasterio de la Encarnación del Verbo Divino, en la calle Balmes, de Valencia.
Las nuevas religiosas son Norayma Coromoto Morales venezolana de 36 años y licenciada de Administración y Dirección de Empresas; María de las Mercedes de la Cruz, también venezolana e ingeniera civil de 37 años; Manuela Medina, auxiliar de farmacia de 68 años, natural de Jódar (Jaén), y Gloria María Aringo filipina, de 54 años y directora de administración financiera. Todas ellas han realizado en Valencia los estudios de postulantado, noviciado y juniorado.
En su homilía, el arzobispo destacó la “originalidad” de la vida contemplativa y de sus “razones profundas”, de “lo grandioso que es en la vida que existan mujeres cuya única dedicación sea el ponernos en las manos de Dios”. “Que haya hombres y mujeres que no quieran nada más que a Jesucristo y quieran entregar su vida a Él por los demás”. Asimismo, recalcó cómo a través de su oración las religiosas pueden ayudar a todo el mundo y, en este caso, especialmente a los valencianos.

Emoción y alegría
La iglesia del convento se llenó de fieles que siguieron con emoción y cariño la ceremonia. Muchos eran de Valencia y otros muchos, de los lugares de procedencia de las religiosas. Así, desde Venezuela llegaron familiares y miembros de las comunidades neocatecumenales a las que pertenecían las dos religiosas venezolanas. “También asistió un buen número de filipinos y, desde Jaén, llegaron dos autobuses”, añade la maestra de novicias.
Un momento especialmente emotivo de la celebración, que llamó la atención de los asistentes, fue cuando las religiosas se postraron y, mientras se rezaban las letanías y todos los fieles permanecían arrodillados, unos niños esparcían pétalos de rosa sobre ellas. Este símbolo, que conserva tan solo la orden del Carmelo, representa la muerte a lo humano, necesaria para poder trascender a la experiencia de Dios y la entrega al servicio a sus hermanos.
Las religiosas fueron apadrinadas en su profesión solemne por el presidente de las Cortes, Juan Cotino, el matrimonio Sule, Ricardo y Carmen, y por José Montiel, sobrino de una de las religiosas, Manuela Medina.
En la actualidad, la orden de las Carmelitas de la Antigua Observancia cuenta en la diócesis de Valencia con los monasterios de la Encarnación del Verbo Divino, en la calle Balmes de la capital valenciana, y la Purísima Sangre en la localidad valenciana de Ontinyent, donde este sábado, a las 18 horas, hará su profesión de votos temporales una novicia.