Un noviazgo a través de mil cartas José Fernando Hernández y Conchita Guijarro lo recuerdan en sus bodas de oro

L.B.| 25-01-2019

José y Conchita en el momento en que fueron recibidos por el Santo Padre en Roma.

La historia de José Fernando Hernández Carrión y Conchita Guijarro Faubel es de esas que te atrapan nada más empezar a oírla. Sin duda, en parte debido a las dotes de comunicadora de Conchita, a la que muchos conocerán por dirigir y presentar en Radio María el programa ‘El matrimonio, una vocación’, que se emite un lunes al mes, de 21 a 22 horas, y en el que se difunde el testimonio de matrimonios cristianos que viven su fe. Testimonios como el suyo propio, que ofrecen después de celebrar sus 50 años de matrimonio.

Fernando es de Buñol y Conchita de León, aunque por tener familia en Valencia veraneaba en Ventaquemada. Uno de esos veranos, su tía le presentó a Fernando. Tenían 16 y 18 años. “Nos vimos sólo tres días, pero nada más llegar a León le pedí permiso a mi madre para escribirle. Me dijo que no”, comenta Conchita. Y no escribió. Pero nada más regresar al verano siguiente Fernando le esperaba con un regalo. Era una caja en la que había guardado las cartas que él sí le había escrito, aunque no le había enviado. Una cada día. “Eran simplemente cuartillas en las que no contaba más que lo que había hecho durante el día”, dice José Fernando. Pero el detalle bastó para robarle el corazón definitivamente a Conchita. Ese mismo verano, durante las fiestas de Utiel, de donde era el padre de ella, se hicieron novios.

Casi mil cartas
A partir de entonces, las cartas empezaron a ser un poco más largas. Él le escribía dos cada semana y ella las contestaba. Así estuvieron manteniendo un noviazgo epistolar durante cinco años. “No podíamos hablar por teléfono porque en Buñol no teníamos”, explica Fernando.
Ese continuo flujo de cartas, -casi mil en los cinco años de noviazgo y que aún conservan-, permitió que pudieran conocerse en profundidad porque “hablábamos de lo fundamental, no como ahora que los jóvenes salen mucho pero no hablan. Además era un amor de verdad, no un simple sentimiento”, aclara Conchita.

En aquella época, Fernando estaba en Juniors MD, un movimiento que entonces empezaba y no era muy conocido. “Como no tenía aquí a la novia, los domingos los dedicaba a ir por las parroquias dando a conocer Juniors MD. Eso me ocupaba el tiempo y evitaba que me dedicara a otras cosas”, apunta Fernando.

Cinco años después de conocerse, Fernando y Conchita se casaron. Él era directivo de una empresa y ella, empleada de banca en León. A pesar de todo “nos casamos sin nada, con 50.000 pesetas”. Al principio vivían en un piso que les dejó el dueño de la empresa donde trabajaba Fernando. “Sólo teníamos una cama y un armario; la nevera, que me regaló la empresa; y una cocina de dos fuegos, que nos regaló una tía. Entonces los muebles te los tenían que hacer a medida”, recuerdan.

Se casaron en la Virgen del Camino, en León. “Era diciembre. ¡Hacía un frío!”. Y además, no tuvieron viaje de novios. “Cuando se terminó la boda pasamos por la basílica de San Isidoro en León e hicimos el ofrecimiento del matrimonio como Tobías. Nada más terminar cargamos todos los regalos en el 600 y nos vinimos hacia Valencia”. Durante el viaje reventaron una rueda y se les cayeron todos los regalos. “¡Ese fue nuestro viaje de novios!”, recuerdan entre risas.

Pruebas de fe
Fernando y Conchita reconocen que han sido muy felices a pesar de que no les han faltado problemas o “pruebas de fe”, como ellos dicen. Una especialmente dura fue la enfermedad de su segundo hijo. A los cuatro meses le diagnosticaron un cáncer de hígado. “Nos dijeron que moriría. Sufrimos muchísimo”. Durante cuatro años, estuvieron yendo a Madrid una vez al mes para que le dieran quimioterapia. “La alegría llegó más tarde cuando consiguió superarlo y sin secuelas”.

Fernando y Conchita siempre han estado comprometidos con la parroquia a la que han pertenecido. En la actualidad, la de San Josemaría. Allí el párroco, Jorge Molinero, ofició la misa de acción de gracias por el 50 aniversario del matrimonio.

“En estos 50 años, nuestra relación personal ha ido cada vez a mejor. Es cierto que cambia la forma de querer, pero se quiere mucho más conforme va pasando el tiempo”, reconocen ambos. Fernando incide en que el secreto está en “intentar mejorar y, también, comprender al otro. Son fundamentales las tres palabras del Papa: permiso, gracias, perdón. O como dice don Álvaro: gracias, perdón y ayúdame más”.

Es posible ser feliz
Tras cincuenta años de matrimonio, Fernando y Conchita no dudan en subrayar que “es posible ser feliz en el matrimonio”, y animan a los esposos jóvenes a ser valientes. “No saben lo que se pierden cuando rompen un matrimonio”, indica Conchita. “¡Cuánto sufren! Y, sin embargo, míranos a nosotros, tan tranquilos y felices”. Su secreto está en “rezar e intentar ser buenos”. Y reconocen que es una lucha de cada día. También tienen claro que “la fe ayuda muchísimo”, así como “tener una meta, saber a lo que vas”. Y cuando surgen los problemas, “que claro que los hay, es fundamental saber pedir ayuda a los profesionales, en los Centros de Orientación Familiar”, apuntan.

Con respecto a la educación de los hijos, consideran que es fundamental el ejemplo que se les da. “Han de ver que los padres se piden perdón y nunca se faltan al respeto”, comentan. Y entienden que el matrimonio ha de estar muy unido para la formación de los hijos. “Nosotros hemos educado a nuestros hijos en la austeridad, el esfuerzo, el trabajo, la obediencia y el compartir, que se dice ahora”, destacan.

Ejemplo de ese “compartir”, lo ha dado el matrimonio al destinar el dinero obtenido en los regalos por las bodas de oro al ‘Centro Académico Romano Fundación’, cuyo cometido es formar sacerdotes para servir a la Iglesia en los cinco continentes.

Con el papa Francisco, en Roma
Con motivo de sus bodas de oro Fernando y Conchita viajaron a Roma. Allí pudieron asistir a la misa que el Papa celebra cada mañana en la capilla de la residencia Santa Marta. Era justo el día 17 de diciembre, cumpleaños de Francisco. Por eso, cuando se acercaron a saludarle, le regalaron un cuadro de S. José y el Niño en la carpintería, pintado por una amiga de la familia, Josefina Marín. “Al Papa le gustó muchísimo. Lo miraba y remiraba. Le hablamos de la santificación del trabajo ordinario, de Radio María y le dijimos que todos los días rezamos el Rosario por Él. El Papa nos pidió que siguiéramos rezando y que hiciéramos que los demás también recen por él”, relatan evidentemente emocionados.

Además, entregaron al Papa el libro ‘La mujer, esposa y madre’, que recoge la tesina que redactó Conchita al finalizar el máster en Ciencias del Matrimonio y la Familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II, en el que se matriculó cuando se jubiló. Tesina que fue dirigida por Juan Andrés Talens.