El gran regalo de la Misericordia Los hermanos de Taizé obsequian a los jóvenes de la diócesis el icono de la Misericordia del Encuentro Europeo en Valencia

L.B./B.N | 21-01-2016

El Hno. Pedro con Óscar Benavent y el Arzobispo con el icono de la Misericordia. V.GUTIERREZ

El Hno. Pedro con Óscar Benavent y el Arzobispo con el icono de la Misericordia. V.GUTIERREZ

Cuentan que san Juan XXIII al recordar a Taizé la evocaba como “¡Ah, esa pequeña primavera!” y en una noche gélida como la del pasado sábado los hermanos de la comunidad ecuménica de Taizé quisieron regalar a los valencianos su “pequeña primavera” materializada en su icono de la Misericordia.
Fue en una oración en acción de gracias celebrada en la Catedral y convocada por la propia comunidad y a la que acudieron familias, jóvenes y voluntarios que participaron durante los últimos días del pasado año en el Encuentro Europeo de Taizé celebrado en nuestra ciudad.

Al inicio de la oración se leyó una carta de agradecimiento del prior de la comunidad de Taizé, el hermano Alois, dirigida a la diócesis. A continuación, el hermano Pedro tomó la palabra y también elogió a los valencianos por su gran acogida durante el encuentro.

“El encuentro ha terminado pero esto acaba de empezar”, indicó. “Queremos dejar en Valencia el icono de la Misericordia que vino desde Taizé y durante el encuentro estuvo en todas las sedes” y que, desde este mismo momento, “empiece su peregrinación por toda la diócesis. Ya ha estado en la cárcel y ahora irá de arciprestazgo en arciprestazgo hasta que los jóvenes que vayan a Riga lo lleven allí”. De esta manera, se continúa en nuestra diócesis la peregrinación de con­fianza a través de la tierra.

Familias de acogida y jóvenes participaron en la oración en acción de gracias celebrada en la Catedral. V.GUTIERREZ

Familias de acogida y jóvenes participaron en la oración en acción de gracias celebrada en la Catedral. V.GUTIERREZ

El icono fue entonces bendecido por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, que participó en la oración junto con el obispo auxiliar de Valencia, monseñor Esteban Escudero; el Vicario de Evangelización, Javier Llopis, y el presidente de la comisión de Infancia y Juventud del Arzobispado de Valencia, Óscar Benavent, y varios hermanos de la comunidad ecuménica, coordinadores del encuentro.

Don Antonio destacó, que, a lo largo de los días que duró el encuentro, “hemos podido ver un mundo nuevo, de amor, acogida y esperanza. Jesucristo ha hecho posible que hayamos podido vivir esta realidad. Una Iglesia de la diversidad, la unidad, fraternidad, de amor grande y sincero del que brota la alegría. Nos ha dado su espíritu para que hagamos un mundo nuevo” y señaló que esto se ha de prolongar en el tiempo. “Lo que hemos vivido lo hemos de comunicar a los demás. No podemos quedarnos en el recuerdo ni en la nostalgia, sino que hemos de estar en medio de los hombres para llevarles este amor y esa alegría que falta hoy en nuestro mundo, que está triste, envejecido, muerto. Que sea un mundo de vida en el que esté presente Cristo”, explicó.
Además, pidió que “en nuestras vidas reine la misericordia. No tengamos miedo, abramos de par en par nuestras puertas a Cristo y así les podremos abrir a los demás”.

También el prelado quiso agradecer a las familias de acogida su labor. “Habéis sido muy generosos, habéis dado mucho y habéis recibido y aprendido mucho. Dios es muy buen pagador y paga con su amor y alegría”.

En la oración también  ofreció su testimonio el matrimonio formado por Pilar y Javier, una familia acogedora de la parroquia de Monteolivete -cuyo testimonio ofreció PARAULA en el nº1360-.

Ambos alentaron a que “esto no quede en solo cinco días en que hemos rezado juntos como hermanos, sino que hemos de ir más allá, hemos de fructificar este encuentro, no podemos volver a cerrar las puertas de nuestro corazón. Hemos de estar al lado del que sufre, del necesitado, porque todos nosotros somos testigos del amor del Señor”.

Finalizaba la oración y con ella se daba por concluido un encuentro europeo que ha unido a parroquias y familias acogedoras que han alojado en sus hogares a peregrinos extranjeros, así como comunidades cristianas, sacerdotes y peregrinos valencianos. Más que un adiós un ‘¡hasta la vista!’. Próxima parada, Pascua 2016… pero esta vez en Taizé.