Adoratrices, 150 años liberando con valentía a mujeres atrapadas por las nuevas esclavitudes Atienden situaciones de prostitución, violencia familiar, drogas y trata

L.B. | 28-07-2015

La capilla de Hernán Cortés, 29, abierta a los fieles de 10 a 13 y de 17 a 19 horas. Foto: Victor Gutiérrez

La capilla de Hernán Cortés, 29, abierta a los fieles de 10 a 13 y de 17 a 19 horas. Foto: Victor Gutiérrez

Posibilitar que las jóvenes y mujeres víctimas de alguna esclavitud logren su integración personal y reinserción social, y se abran a la Buena Noticia es la misión de las religiosas Adoratrices, esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

Su presencia en Valencia se remonta al año 1858, cuando la fundadora de la congregación, santa María Micaela, abrió su primer colegio en la calle de San Vicente, donde actualmente se encuentra el teatro Olympia.

Liberación
En el momento de su fundación, la congregación trataba de responder a una necesidad urgente de su tiempo: liberar a la mujer oprimida por la prostitución. “Hoy, la liberación de la mujer comprende también otras muchas situaciones que la esclavizan, como la droga, la violencia familiar o el tráfico de mujeres”, explica la hermana María.

Las religiosas entran en contacto con las mujeres que necesitan su ayuda a través de los servicios sociales de los ayuntamientos o de la Policía, “aunque en alguna ocasión también hemos salido a las carreteras”, añade María.

En los centros de acogida, pisos, colegios externos, internados y residencias universitarias de las Adoratrices, las jóvenes reciben formación para que puedan reinsertarse, aprender un oficio y llevar una vida normal.
“Hay que ser valiente para liberarlas porque te encuentras con situaciones muy, muy fuertes”, reconoce las hermana Regina que en sus más de 50 años de religiosa ha ayudado a miles de mujeres.

“Muchas caen medio engañadas, con la promesa de conseguir dinero fácil con el que sacar a su familia de situaciones difíciles y que después no perciben. Otras vienen totalmente engañadas porque les ofrecen un trabajo digno y se encuentran con una realidad muy distinta”, añade. Y estas situaciones, ya de por sí difíciles, muchas veces se ven empeoradas porque las chicas están solas, sin familia. La hermana Regina recuerda cómo a veces las chicas le decían “no nos regañe tanto, que si hubiera pasado lo que nosotras…”. “Y es que, realmente, ves situaciones muy difíciles”, por eso “hay que tratarlas con mucha benevolencia y caridad”, añade

Para la religiosa “es un gozo hacer personas a chicas problemáticas de familias destruidas”. “Estoy encantada de poder hacerles ver cómo es el mundo de verdad, no el que ellas han vivido, y de darles un poquito del amor que les falta”, dice. “Ahora las veo casadas y con familia, trabajando y llevando una vida normal y es una satisfacción enorme”, añade.

Violencia familiar
La hermana María señala que ahora atienden a muchas mujeres víctimas de violencia dentro de su propia familia. “Hay que separarlas del maltratador, arreglarles papeles -porque muchas vienen con hijos-, y encontrarles trabajo”, explica. Y la hermana María, que antes de ser religiosa trabajaba de secretaria en unas oficinas, subraya que “mil veces que naciera, mil veces me viera adoratriz”.

En nuestra diócesis, las Adoratrices tienen dos centros, aunque el de la calle Hernán Cortés, 29, de Valencia, es, exclusivamente, casa de espiritualidad para los miembros de la propia congregación. No obstante, la capilla de esta casa, donde se encuentra el cuerpo incorrupto de santa María Micaela, está abierta a los fieles para adoración al Santísimo -parte también del carisma de las Adoratrices-, de 10 a 13 y de 17 a 19 horas.

Lea el reportaje íntegro en la edición impresa de PARAULA