Paulinas: donde el mostrador de una librería se transforma en púlpito para la evangelización 70 años de presencia en Valencia de las Hijas de San Pablo, en su librería con capilla

L.B. | 26-01-2017

Las hermanas Teresa de J. González, Silvia Perenzan, Ofelia Dondoyano, Cecilia Ortiz, Sara Gilvaz y Nikki Ramos. (Foto: Alberto Sáiz)

Las hermanas Teresa de J. González, Silvia Perenzan, Ofelia Dondoyano, Cecilia Ortiz, Sara Gilvaz y Nikki Ramos. (Foto: Alberto Sáiz)

“Cada mostrador es para vosotras un púlpito para la evangelización” decía Santiago Alberione, fundador de las Hijas de San Pablo, cuya misión es evangelizar y anunciar la Palabra de Dios a través de los medios de comunicación social. Ahora acaban de celebrar el 70 aniversario de su presencia en Valencia, donde regentan la popular librería Paulinas, en la plaza de la Reina, en la que llevan a cabo su apostolado a través de la difusión de libros, revistas, CDs, vídeos, recordatorios y artículos religiosos.

El 24 de enero de 1947 llegaron a Valencia cuatro hermanas procedentes de Barcelona, pero los comienzos fueron difíciles y hasta el 19 de marzo de 1951 no abrieron la librería.

Empezaron en la calle Avellanas, donde crearon la agencia ‘San Pablo Films’. Su constante afán por adaptarse a los nuevos medios de comunicación hizo que pronto este local les quedara pequeño y tuvieran que trasladarse a otro en la calle Campaneros -hoy plaza de la Reina-. Allí ampliaron su actividad a prensa, libros para niños, vídeos, diapositivas, casetes… Más adelante, en 1986, volvieron a trasladarse al que es su actual emplazamiento también en la plaza de la Reina, pero esta vez en el número 2.

Las ‘carteras’ de Dios
Pero la labor de las Paulinas no se ha limitado a atender la librería. Han sido muchas sus visitas a distintas localidades de la diócesis en misión de ‘propaganda’, es decir, de propagar el Evangelio. Para ello, tras el envío del obispo y siempre de acuerdo con el párroco, durante un fin de semana o tres días visitaban a todas las familias de una localidad. “No era solo vender libros, sino también encontrarse con las familias, estar con ellas”, indican las hermanas. “Nos llamaban ‘las carteras de Dios’ porque llevábamos las Cartas, los Evangelios”, recuerdan las más mayores.

Las visitas concluían con la ‘fiesta del Evangelio’ que reunía a todos lo vecinos para participar en una celebración en la que se bendecían las Biblias.

A veces las visitas se extendían durante siete o más días. Eran las ‘semanas bíblicas’, en las que las Paulinas se reunían con las amas de casa, los matrimonios, visitaban colegios e institutos, hacían exposiciones de libros y organizaban encuentros de oración en las parroquias. Durante estas visitas, las hermanas vivían acogidas por familias. Así han estado en numerosas localidades como Albaida, Piles, Bellreguart,…

“Es imposible decir cuántos libros habremos entregado en estos 70 años, sólo en los primeros años de ‘propaganda’, se llevaron a las familias unos 100.000”, indican.

Ahora aún promueven iniciativas como éstas en los tiempos fuertes como Navidad. Así, en los últimos años han visitado el barrio de la Coma, en Paterna, la prisión de Picassent y la parroquia y colegio de la Natividad de Nuestra Señora en Burjassot, o como este año, en que han impulsado la recogida de libros para el Colegio Imperial de Niños Huérfanos San Vicente Ferrer, que entregarán el próximo mes de febrero.
Misión fundamental de las Paulinas es hacerse presentes con sus exposiciones de libros en congresos, jornadas o reuniones y, sobre todo, en la Feria del Libro de Valencia. “Es muy importante que se vea el libro religioso. Hemos de estar en medio de la gente, entre los gentiles, como lo hacía san Pablo”.

Un centro de escucha
Por su librería han pasado y siguen pasando multitud de personas, de todas las edades y condiciones porque “a pesar del avance de las nuevas tecnologías, la venta de libros no ha descendido”.

La presencia de las religiosas durante tantos años en la librería les ha llevado a convertirse en un “centro de escucha”, como ellas mismas dicen. Y así es. “La gentes se desahoga con nosotras, nos cuentas sus problemas, nos plantean sus dudas, incluso vocacionales, nos consultan y piden consejo”. Y en más de una ocasión la escalera se ha convertido en un confesionario improvisado. “Además, todo lo que nos cuentan, nosotras lo llevamos a la oración”, señalan.

Lo que pocos saben es que en el local hay una capilla. “Nosotras, además de las oraciones comunes, hacemos cada día una horas de adoración. Quien quiera puede subir a rezar mientras la librería esté abierta”.

En el salón de actos de la librería se reúne también el ‘Grupo san Pablo’, integrado por laicos que siguen un camino de formación cultural y pastoral acompañados por las hermanas. Y todos los sábados, a las 18:30 hay una ‘Oración de jóvenes’.

Haciendo suya una frase de sor Tecla Merlo, las religiosas concluyen: “Prestamos los pies al Evangelio: que corra y se extienda. Quisiera tener mil vidas para dedicarlas a este noble apostolado”.