“Queridos jóvenes: ¡cuento con vosotros!” Primer encuentro del cardenal Cañizares con los jóvenes en la vigilia de la Basílica
 Jóvenes participantes en la vigilia de oración  en la basílica de la Virgen del pasado día 7.

Jóvenes participantes en la vigilia de oración en la basílica de la Virgen del pasado día 7.

E. MARTÍNEZ | 13-11-2014

Había expectación por ver cómo se desarrollaba la primera vigilia de jóvenes del nuevo arzobispo de Valencia, el cardenal Antonio Cañizares, después del buen sabor de boca que la iniciativa había dejado durante los años que fueron presididas por su antecesor, monseñor Carlos Osoro, que fue quien las convocó hace un lustro. Y al margen de las lógicas diferencias de estilo entre uno y otro, la conclusión final a la que se pudo llegar el pasado día 7 en la basílica de la Virgen de los Desamparados la sintetizaba así una de las participantes, Ana Valls, joven de Náquera de 18 años: “Don Antonio ha sabido mantener, como don Carlos, la esencia de estas vigilias, el encuentro con Dios y el espíritu juvenil”.
Ya en su carta de saludo a la archidiócesis de Valencia del pasado 28 de agosto, al hacerse público su nombramiento como arzobispo de Valencia, el cardenal Cañizares se dirigía a los jóvenes manifestándoles su deseo de  “hacer y seguir este Camino a vuestro lado, con vosotros, compartiendo vuestros gozos y esperanzas. Él nos invita a que lo recorramos juntos y sin miedo”. Ese recorrido, en lo que a las vigilias se refiere, comenzó el viernes 7 de noviembre puntualísimo, a las diez o’clock de la noche. A muchos jóvenes les sorprendió el comienzo de la celebración  llegando todavía a la basílica. El insigne templo mariano, poco a poco, fue llenándose de esa mezcla de alegría, energía joven y recogimiento que tanto ha impactado estos años atrás cada primer viernes de mes.
Don Antonio, a su vez, imprimió a sus palabras desde el primer momento un tono amable, cariñoso: “Queridos jóvenes, ¡cómo me alegro de estar con vosotros!”, dijo al inicio de su catequesis, tras la exposición del Santísimo y la proclamación de la Palabra de Dios.
“El Señor merece toda nuestra adoración -dijo a continuación: Él vino para salvarnos, no para condenarnos; vino para hacernos felices y por eso se entregó a sí mismo hasta dar su propia sangre. ¿Puede haber amor más grande?”.
“Sé que vuestro corazón joven espera seáis felices, libres, que anheláis algo grande. ¿Me equivoco? No, me lo estáis diciendo con vuestra mirada y con vuestra sonrisa. Os preguntáis: ‘qué tengo que hacer para ser feliz a tope’ -como decís vosotros-. Y la única respuesta posible es Cristo. Entregarse a Cristo, acudir a Él”, afirmó con un constante estilo directo, exhortativo.

 

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