35 años defendiendo la vida y alimentando a los recién nacidos Provida Valencia sigue apostando por la defensa de la vida

EVA ALCAYDE | 27-07-2014

Laura Margaleff entrega la ayuda de Provida a una de las madres atendidas. A.SAIZ

Laura Margaleff entrega la ayuda de Provida a una de las madres atendidas. A.SAIZ

La Asociación Valenciana para la defensa de la Vida Provida ha cumplido 35 años de presencia en Valencia. Además de luchar para proteger la vida en toda su amplitud, y en todos los foros, Provida desempeña una labor social silenciosa pero continua. Lleva también 35 años ayudando a mujeres embarazadas y a sus bebés durante su primer año de vida. Provida gasta al mes unos 3.000 euros en la leche necesaria para alimentar a los 320 lactantes que atiende actualmente.

En la calle Joaquín Costa, en pleno centro de Valencia se encuentra el corazón, y también el alma, de la Asociación Valenciana para la defensa de la Vida Provida. Allí está su centro social de acogida, un lugar al que acuden todos los días mujeres embarazadas y madres que acaban de dar a luz para recoger ayudas que les ofrece Provida: leche de fórmula, cereales para las papillas, potitos o algo de ropita para sus bebés.

Al frente de este centro está Laura Margaleff, que lleva en Provida desde su fundación, hace 35 años. Con su hablar dulce y pausado y una amabilidad desbordante y acogedora atiende a las mujeres que llaman a la puerta de Provida buscando una esperanza, una solución, una ayuda…

“Algunas mujeres vienen embarazadas y todo el mundo les dice que aborten, ellas quieren tener a sus hijos, pero no tienen recursos y eso les da miedo”, explica Laura, que es la primera que habla con las madres para evaluar su situación.

Después, la mujer que necesita ayuda se entrevista con trabajador social que le pide la documentación pertinente, DNI o pasaporte, permiso de residencia de ellas y sus parejas, certificados de empadronamiento, nóminas o papeles del paro, recibos de alquiler o hipotecas, libro de familia… Con toda esta información, se estudia cada caso en concreto para evaluar qué tipo de ayuda necesita la mujer. “Algunas mamás necesitan ayudas para alimentarse adecuadamente durante el embarazo, otras para residencia y después todas reciben la alimentación para sus bebés hasta que estos cumplen un año”, explica Laura Margaleff, que trata de promover entre las madres la lactancia materna como la alimentación más beneficiosa para los recién nacidos.

Los números hablan
Aunque tanto la directora del centro social de Provida, como las voluntarias que colaboran en él -unas diez mujeres fijas- se refieren a la labor que realizan como modesta, las cifras que manejan hablan por sí solas.

Actualmente Provida está atendiendo a 75 mujeres embarazadas y suministra alimentación para 321 lactantes. Al mes suele gastar alrededor de 3.000 euros en leche, que se costea gracias a las aportaciones de los 525 socios fijos que colaboran con cuotas mensuales, semestrales, trimestrales o anuales con una cuantía voluntaria. “Cada uno elije la cantidad y cuando lo paga”, apunta Laura.

Respecto a las aportaciones esporádicas explica que lo mejor es realizar un donativo económico, en lugar de llevar botes de leche. “Con las cuotas de los socios y los donativos que recibimos, acudimos a comprar directamente a la marca, que nos suministra la leche a precios más económicos que los que encontramos en los comercios”, explica. “Con lo que vale un boto de leche en un supermercado yo compro dos directamente en el fabricante”, asegura la directora del centro.

También se realizan campañas especiales en navidad y en verano y recogidas de alimentos infantiles en colegios y farmacias. Con todos los productos recogidos se hacen lotes y se ofrecen ayudas esporádicas a otras familias que no son las que tienen ficha en Provida. La entidad ofrece ayudas esporádicas de este tipo a otras 500 personas. Los lotes están formados por un bote de leche de 800 gramos, una caja de cereales de 600 gramos y 3 potitos. “Pero no siempre tenemos para ofrecer estas ayudas”, subraya Laura Margaleff.

Una historia con final feliz
Amparo es española, está casada y tiene dos hijos. Forma, junto a su marido, una familia normal, como la de cualquier valenciano de clase media. Todo iba bien y la pareja estaba feliz, esperando al tercero de sus hijos, una niña muy deseada en la familia. Pero con la crisis él perdió su empleo y a las pocas semanas le despidieron a ella. En tres meses se encontraron sin poder pagar la hipoteca, dos niños a los que alimentar y un bebé a punto de nacer.

“La situación de Amparo era desesperante, ella solo hacía que llorar y no tenía consuelo”, explica Laura Margaleff, que asegura que los casos como el de Amparo son cada vez más frecuentes en Provida.

“Antes atendíamos a más mujeres inmigrantes o de etnia gitana, pero desde hace unos cinco años el número de españolas atendidas en Provida Valencia supera a las extranjeras”, resalta.

“Y además- añade- casos como el de Amparo son delicados, porque te das cuenta de lo que les cuesta pedir ayuda. Son casos más dramáticos, de familias ‘normales’, que de vivir bien, de la noche a la mañana pasan a tener que vivir pidiendo. Se sienten incluso más excluidos que los que están acostumbrados a vivir con menos recursos”.Amparo ha tenido ya a su niña, “una preciosidad de criatura”, apunta Laura, y su marido ha encontrado un trabajo, con lo que la familia puede ir tirando poco a poco y salir de este bache.

Perfil de las usuarias
El perfil habitual de usuarias en Provida es el de mujeres jóvenes con edades entre los 20 y 30 años, con pocos estudios y con embarazos no deseados.

“Cuando una mujer llama a nuestra puerta es porque ya ha decidido que no quiere abortar y con un poco de ayuda que les ofrecemos ya ven una salida”, asegura la directora del centro, para quien para poder elegir y ser libre “tienes que tener al menos dos opciones”.

“Muchas veces -asegura- para llenarles de ilusión basta con escucharles, no avergonzarles, estar muy pendientes de ellas, hacer que se sientan arropadas y se puedan desahogar”.

También influye el hecho de estar solas. “Aunque no tengan pareja, si tienen a su madre o otros familiares, tiran adelante, pero si están solas se les cae el mundo encima y no saben como afrontar el embarazo. Por eso para ayudarles hay que ir abriéndoles puertas poco a poco”.

box class=”info”] Lea la entrevista a la presidenta, al fundador y a una mujer atendida en la edición impresa de PARAULA  [/box]