Un año de la renuncia de Benedicto XVI: “Gran acto de gobierno de mucha valentía” El portavoz de la Santa Sede resalta la libertad de aquella decisión

Redacción / ZENIT | 13-02-2014
Benedicto XVI lleva una vida de “religioso anciano” en la que sus actividades cotidianas son “la oración, la reflexión, y la lectura”, así como “responder” a las cartas que recibe y reunirse “con placer” con las personas más cercanas. Así lo ha dicho esta semana el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, cuando se cumple un año desde su renuncia al ministerio petrino, que tuvo lugar el 11 de febrero de 2013.

Lombardi ha manifestado también -en una entrevista concedida a Radio Vaticana- que la renuncia de Benedicto XVI fue “un gran acto de gobierno” en el que el ahora Papa Emérito mostró “mucha valentía” al tomar una “decisión libre” que incide en la situación y en la historia de la Iglesia.

El portavoz vaticano definió la vida de retiro de Benedicto XVI como un gesto “discreto” y sin “dimensión pública”, pero matizó que esto no significa que viva de manera “aislada”, encerrado en “total clausura”.

Además, ha afirmado que la relación entre Benedicto XVI y el papa Francisco es de “solidaridad” y que la inusual imagen de ambos rezando juntos es un “gesto muy agradable y alentador” que muestra “la continuidad del ministerio de Pedro en el servicio de la Iglesia”.

El padre Lombardi considera que Benedicto XVI es “el anciano sabio y santo” que ayuda a la Iglesia a continuar hacia adelante en el camino “con confianza y esperanza”.

Además, apuntó que Benedicto XVI “rezaba, reflexionaba y valoraba” la posibilidad de la renuncia y que quienes estaban a su lado “ya lo sabían” y recordó que lo dijo “explícitamente” en un libro-entrevista con el periodista Peter Seewald.

El director de la Sala de Prensa de la Santa Sede resaltó, además, que Benedicto XVI siempre ha sido “un hombre de oración” que manifestaba con “gestos sencillos” la importancia del rezo, en particular en la vida de quien “cumplía una responsabilidad en el servicio al Señor”.

Asimismo, subrayó que el Obispo Emérito de Roma siempre quiso dedicar a la oración un “espacio mayor”, y vivir esta dimensión con “totalidad y profundidad” y que “ahora es su momento”.