“El Día de Todos los Santos es muy adecuado para acudir al camposanto con los niños por varios motivos. Ese día es cuando más ‘vivo’ y bonito está el cementerio. Los niños además de ver que hay muchas personas que van a rezar por sus difuntos, pueden encontrarse con otros niños, ven el cementerio lleno de flores y esto les hace recordar el cementerio como un lugar cotidiano del nacer y del vivir”, así opina Rosa López, del Secretariado de Padres de Alumnos del Arzobispado de Valencia.
Por otro lado, “el Día de Todos los Santos es un momento único que no debemos dejar escapar para profundizar con nuestros hijos sobre los temas que rodean a la muerte y sobre la invitación a ser todos santos”, añade Rosa.
Esta jornada se nos presenta como la oportunidad “para mostrarles que nos espera otra Vida y que lo mejor está por venir, por eso debemos aprovechar para hablarles del regreso al amor de Dios de la persona que ha muerto”. También, “es un buen momento para recordarles la comunión de los santos: ni la muerte nos separa”.
Dicho con estas palabras parece sencillo, pero ¿cómo explicamos a los más pequeños qué es la resurrección? “Hay que decirles que la resurrección es un momento largamente esperado ya que volvemos a Dios, nuestro padre, tras nuestro camino en la tierra”, afirma Rosa. “Yo les diría a los más pequeños que tras la muerte hay una ‘fiesta’ como la que siguió a la llegada del Hijo pródigo o la que hubo en las apariciones de Jesús a los Apóstoles”. “Sería bueno leerles algunos pasajes de la Biblia, sobre todo, el de la Resurrección de Jesús, y decirles: “Su amor, el de Jesús, es más fuerte que la muerte. ¡Qué suerte tener este amigo!”.
A los niños les podemos decir que “al igual que todos los años celebramos el cumpleaños que representa nuestra llegada a esta vida, con la muerte, aunque va unida al dolor de la separación y la despedida, celebramos la llegada a ‘LA VIDA’ de quien muere”. Por eso, añade Rosa “son tan importantes las misas de aniversario y celebrarlas anualmente con la familia”. Es positivo llevar a nuestros hijos a estas misas y decirles: “con esta misa celebramos que hace un año que (el tío, la abuela) VIVE y enseñarles a rezar por ellos”.
Los niños y la muerte de un pariente Para los niños menores de 5 años, la muerte es algo provisional y reversible. En este caso, según los profesores de la Universidad Católica de Valencia ‘San Vicente Mártir’ “será necesario ser pacientes para explicarle una y otra vez lo ocurrido y lo que significa la muerte”.
Rosa López, del Secretariado de Padres, además añade que los padres “hemos de dar una educación personalizada y siempre de padres a hijo”. La noticia hay que darla a cada uno de ellos por separado, tener en cuenta el momento, su madurez, su sensibilidad, así como el afecto y el apego que cada uno de tus hijos sentía por la persona fallecida.
Por otro lado, expertos de la UCV recuerdan que los niños de estas edades se toman todo al pie de la letra. “Es mejor decir que ha muerto, que usar expresiones como ‘se ha ido’, ‘lo hemos perdido’ (pueden pensar: ¿y si me pierdo yo y no se volver a casa?), ‘ha desaparecido’, ‘se ha quedado dormido para siempre’ (pueden temer no poder despertarse), ‘se ha marchado de viaje’, ‘Dios se lo ha llevado’ ... Estas expresiones pueden alimentar su miedo a morir o ser abandonados, y crear más ansiedad y confusión”.
Desde la UCV añaden que, “para que el niño entienda qué es la muerte, suele ser útil hacer referencia a los muchos momentos de la vida cotidiana donde la muerte está presente: en la naturaleza, muerte de animales de compañía...” Un buen método “es hacerles rezar tres Ave María. En esta oración se repite la palabra muerte: “ahora y en la ahora de nuestra muerte”. Es una forma de asimilar de forma inconsciente el concepto y la palabra muerte”.
Los niños, en los entierros ¿Llevamos o no llevamos a nuestros hijos al entierro de un ser querido? Se trata de un momento muy delicado para el equilibrio de la familia.
Partiendo de que hay que tener muy presente la sensibilidad de cada hijo, los padres tienen que actuar en consecuencia. Por eso es importante que hablen con ellos de la importancia y sentido del momento: “Mañana vamos a enterrar a … ¿quieres venir con nosotros?”, porque, como explica Rosa López, “la despedida de un ser querido y su entierro nos permite profundizar con los más pequeños sobre la muerte y su sentido, abordar sus miedos y ayudarles a integrar dolor por la separación y esperanza en la resurrección”. Debe quedarle claro al niño que la muerte no tiene la última palabra sobre el hombre.
Si el niño quiere asistir, como padres, hemos de decirles que se va a encontrar con momentos de gran sufrimiento humano pero recordarles que para los cristianos es un momento de alegría porque volvemos al amor del Padre.
Desde la UCV añaden que hay que dejar que el niño exprese libremente sus emociones una vez conocido el hecho. No es bueno imponerle que actúe de determinada forma (“tienes que llorar”), ni tampoco reprimirle reacciones (“no llores tanto”). Hay que observar sus reacciones y tratar de ayudarle a entender lo sucedido.
Los niños reaccionarán de diferentes maneras, dependiendo de su edad, de la cercanía con la persona fallecida, de las circunstancias de la muerte. Por último, desde el Secretariado de Padres insisten en que “negar, silenciar, obviar y mentir a los niños siempre es una mala dinámica ya que los padres somos los primeros guías para enseñar a nuestros hijos el camino”.
Por esto mismo, “si el entierro puede deparar escenas desgarradoras o pérdida de control emocional en los padres, no se recomienda la presencia del niño”.
Los padres son los primeros educadores de sus hijos y si no los educan sobre las cuestiones importantes de la vida, los niños aprenderán dichos conocimientos de los amigos, la televisión, el cine u otros elementos que pueden presentar una visión reduccionista.
La brújula debe señalar firmemente el norte, y nuestro norte, en el Día de Todos los Santos es la resurrección y la comunión de los Santos en la que creemos los cristianos. |