El Muro de las Lamentaciones atrae anualmente a miles y miles de personas que se acercan a Jerusalén para conocer los lugares que frecuentó Jesús. El muro tiene 19 metros de alto y 56 metros y medio de ancho. Está compuesto por 45 hileras de piedras, 28 en la superficie y 17 subterráneas. Las siete primeras hileras de piedras datan de la época de Herodes.
Lo que desconocen los visitantes de la plaza del Muro y de sus callejuelas adyacentes, es que bajo sus pies, a más de 20 metros bajo tierra, discurren otras calles por las que un día transitó Jesús de Nazaret.
Los arqueólogos aseguran que con cada piedra que se levanta en Jerusalén salen a la luz años de historia. Ahora los arqueólogos han logrado llegar al suelo original del monte Moira, donde Abraham preparó el sacrificio de su hijo Isaac y que compró el rey David para construir un templo que levantaría su hijo Salomón hace tres mil años. Ahora unos metros por encima de ese suelo original del Monte Moira se han descubierto las calles de Herodes.
Históricamente este primer templo es una incógnita, ya que se carece casi por completo de información. Lo que sí se sabe es que el templo fue destruido por el pueblo babilónico 400 años más tarde. Después, Herodes comenzó su gran proyecto, elevar un segundo templo más ostentoso y ambicioso.
Con el trabajo continuado durante 10 años de más de 10.000 trabajadores, Herodes niveló la montaña y construyó las cuatro murallas -entre ellas el muro occidental- como muros de contención. Los restos de los mismos son los que hoy pueden visitarse en la vertiente oeste.
Una característica de la arquitectura de Herodes es el hecho de que cada fila de rocas estaba situada dos centímetros atrás que la inferior. El objetivo era obtener esa sensación vertiginosa que experimenta el visitante al alzar la vista.
Ahora en la explanada donde supuestamente existió el segundo templo se alzan dos importantes edificaciones musulmanas, la mezquita Al Aqsa y la cúpula de la Roca, ambas del siglo VII.
Hallado un fragmento del Codex Sinaiticus en el Monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí
Un fragmento del texto bíblico considerado el segundo más antiguo del mundo, el Codex Sinaiticus, fue encontrado por casualidad en el monasterio de Santa Catalina, a los pies del Monte Sinaí (Egipto). La noticia saltó a los diarios ingleses The Independent y Daily Telegraph, y ha tenido gran repercusión sobre todo en el mundo ortodoxo. El autor del hallazgo, el estudiante griego de 30 años Nikolas Sarris, encontró el fragmento mientras investigaba en el monasterio, para sus estudios de doctorado, en obras manuscritas del siglo XVIII.
Da la casualidad que Sarris fue uno de los encargados de la edición on-line del Codex Sinaiticus, puesta en marcha el pasado mes de julio, por iniciativa de la Biblioteca Británica, la Biblioteca Universitaria de Leipzig y la Biblioteca Nacional de Rusia, así como del arzobispo ortodoxo del Sinaí, Damianos, y abad del Monasterio de Santa Catalina. Esto le permitió reconocer en seguida el origen del fragmento, por el tipo de letras y la altura de las columnas. La parte hallada correspondería al inicio del libro de Josué, hallazgo que fue confirmado por el padre Justin, bibliotecario del monasterio.El fragmento se encontró en la encuadernación del volumen, y según el padre Justin reveló a The Art Newspaper, es posible que haya más, aunque de momento el monasterio no cuenta con los medios tecnológicos necesarios para la investigación.
El Codex es una Biblia manuscrita, realizada entre los años 330 y 350, según la tradición, a petición del emperador Constantino. Se considera el segundo texto más antiguo del mundo, después del ‘Codex Vaticanus’.
Sus fragmentos se hallan divididos en varias bibliotecas del mundo, después de que el teólogo alemán Constantin Von Tischendorf se llevara del monasterio un fragmento de cuarenta y tres páginas, después divididos, por avatares históricos, entre Londres, San Petersburgo y la localidad de Leipzig. (ZENIT) |