Matrimonios valencianos pertenecientes al Camino Neocatecumenal que se encuentran en diferentes países del mundo como misioneros con sus hijos han regresado temporalmente a Valencia para celebrar la Navidad junto con sus familias y han mantenido un encuentro con el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, en el Palacio Arzobispal.
Tras la reunión, el prelado celebró el rezo de la oración de vísperas para las familias misioneras en la capilla del Palacio Arzobispal.
Las familias, que estuvieron acompañadas también por el párroco de la iglesia Santo Tomás Apóstol y San Felipe Neri de Valencia, don Ramón Crespo, manifestaron su alegría por el encuentro con don Carlos.
El prelado animó a las familias presentes a “vivir la misión como una liberación”, ya que es fruto de que “un día os encontrasteis con Jesucristo, con su llamada, y le dijisteis sí: ‘que mi vida sea como Tú quieras”. Allí estaban Rafael Felip y Sara Sanchis; José Carlos Bengoa y Gía Crochato; Carlos Chust y Begoña Hernández; David Alarcó y Ángela Cantos; Alexander Becker y Cristina Linuesa, así como Santiago Martínez y Amparo entre el resto de las familias en misión. Monseñor Osoro también indicó que “se os presentan dificultades, exteriores e interiores, y en ese combate os encontráis con el Señor”.
Las palabras de Monseñor Carlos Osoro “han sido un regalo que nos llevamos a nuestros lugares de misión, palabras que atraviesan las fronteras de las naciones y nos dan descanso y sosiego en nuestro espíritu”, han expresado. La misión de los matrimonios y sus hijos en los países donde han sido destinados es “dar testimonio allí, normalmente en zonas fuertemente secularizadas, de la familia cristiana”, según las mismas fuentes. Todos ellos han acudido a las diócesis “en las que el obispo ha pedido su presencia”, han añadido.
Las “familias en misión” del Camino Neocatecumenal comenzaron a ser enviadas a distintos países hace tres décadas tras plantear su iniciador, Kiko Argüello, al entonces papa Juan Pablo II “esta posibilidad para hacer presente la familia cristiana en las sociedades más necesitadas y secularizadas”, han explicado.
Desde entonces, más de cincuenta familias valencianas, que se han presentado voluntarias y que reunían la madurez y requisitos para salir en misión, han sido enviadas como misioneras a países como Madagascar, El Salvador, Venezuela, Japón, Israel, Nicaragua, Guatemala, Alemania, Dinamarca, Colombia, Estados Unidos u Holanda. De ellas, en la actualidad, cerca de treinta familias permanecen en los países a los que fueron destinadas.
El pasado mes de enero, el papa Benedicto XVI presidió en Roma una ceremonia de envío y bendición de matrimonios del Camino como misioneros. En la celebración participaron veinte matrimonios valencianos con sus hijos, que fueron enviados Entonces a China, Tailandia, Francia, Serbia, Austria, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Camerún, Japón y Costa Rica.
Alexander Becker y Cristina Linuesa llevan ofreciendo su testimonio de familia cristiana en la ciudad alemana de Nurenberg desde el 2005.
Pertenecen a una comunidad del Camino Neocatecumenal de la parroquia de Santo Tomás de Valencia y se levantaron en misión como una forma de “agradecimiento al Señor por todo lo que Él nos ha dado”. Ahora tienen 6 hijos de 12, 10, 7 y 4 años, además de otro de año y medio y un bebé de seis meses.
El principio, en palabras de Alexandre, fue “horrible”, y eso que él es alemán de nacimiento, “pero el idioma fue una barrera muy grande”. El matrimonio y sus seis hijos tuvieron que empezar desde cero. “Veníamos de vivir en Valencia con una buena calidad de vida y nos encontramos en una ciudad desconocida con precariedad económica y una casa sin acondicionar, en la que no había cocina y teníamos que fregar los platos en la bañera y dormir con colchones en el suelo del comedor todos juntos”, explica Alexander que sin embargo cuenta que los niños lo vivieron como una auténtica aventura, donde lo importante para ellos era estar todos juntos.
Ahora ya están totalmente integrados. Alexander se ha hecho autónomo y ha montado su propia empresa de jardinería, los niños ya conocen el idioma, incluso el hijo mayor Marcos de12 años, domina el dialecto de Nurenberg.
Los vecinos los han aceptado bastante bien, “algunos hasta regalan golosinas a los niños, aunque no entienden que seamos una familia tan numerosa”, explica Alexander que asegura que la mayoría de los compañeros de clase de sus hijos están divorciados. “En Alemania no hay estructura familiar tradicional. La mayoría está divorciada, son familias monoparentales o con hijos de matrimonios distintos”
La misión de los Becker es ofrecer su testimonio de familia cristiana. “Además de las catequesis que impartimos y la labor que desarrollamos en la comunidad, nuestro objetivo es ser luz allí, vivir como una familia cristiana donde no existe Dios”, explica Alexander.
Su tarea no es fácil, ya que hay que tener en cuenta que Nurenberg es una ciudad protestante, que “acogió el socialnacionalismo de Hitler y hubo persecuciones religiosas”, asegura el valenciano. “Aquí hay pocos católicos -añade- y en 30 años que está implantado el Camino Neocatecumenal, sólo hay dos comunidades en una parroquia”.
La familia Becker-Linuesa ha vivido en Alemania momentos de crisis y sufrimiento en la familia. En ocasiones han pensado en regresar a Valencia, pero “si nos volviéramos estaríamos haciendo nuestra voluntad y no la del Señor, porque nuestra familia ha ido a Alemania a llevar la Buena Nueva, tenemos muchos dones en el matrimonio y a nuestros hijos les ha regalado alegría. Por todo ello estamos muy agradecidos al Señor”.
Como anécdota que resume su experiencia y el testimonio de vida que ofrece su familia, Alexander cuenta que cuando llegaron a Alemania, su hijo mayor -Marcos- fue a un colegio para extranjeros. A las dos semanas el niño, que entonces tenía 8 años, fue víctima de una agresión por parte de otros dos alumnos del mismo centro escolar. “Uno le sujetaba y otro le pegaba por ser extranjero. Cristina y yo fuimos a recogerlo al colegio con un sufrimiento enorme. Nos decíamos que nuestros hijos no tenían que aguantar esto, que nos teníamos que volver a Valencia y cuando Marcos subió al coche nos dijo: ‘No os preocupéis ya les he perdonado’. Fue como una prueba de que estamos haciendo la voluntad de Dios”.
David Alarcó y Ángela Cantos tienen seis hijos: Samuel (14 años), María Magdalena (13), José (12), Gracia (10), Inés (7) y Pedro (3 y medio) y desde julio de 2006 viven como familia en misión en las islas Turks y Caicos, al norte de Haití.
Lo novedoso para los haitianos, no es que David y Ángela tengan 6 hijos, sino “que los seis sean del mismo padre y de la misma madre y que vivamos en la misma casa y como una sola familia”, comenta David que nos explica la profunda desestructuración de la familia que se vive en estas islas enfocadas al cien por cien al turismo. “Los haitianos tienen muchos hijos, pero con distintas mujeres lo que hace que hayan múltiples matriarcados”. Lo que David y Ángela están realizando día tras día durante los tres años que llevan en misión es mostrar que es posible ser una familia fuertemente unida, que aunque tiene problemas y discute, todos los miembros que la forman luchan por salir adelante juntos. Según nos cuentan, los haitianos les preguntan muchas veces que cómo consiguen vivir aun teniendo problemas en la familia. “Y nosotros siempre les contestamos que esto es posible porque practicamos el perdón y la reconciliación, dos actos fundamentales para vivir en familia y que la Iglesia nos ha enseñando”.
Cuado decidieron ‘levantarse’ (así es como llaman ir en misión en el Camino Neocatecumenal) David dejó su condición de funcionario. “Era profesor de automoción en un instituto de Formación Profesional y colaboraba con una Universidad, y ahora vendo productos de limpieza al tiempo que colaboro con la docencia en la ‘Holy Family Academy”, el colegio que fundaron en misión junto a otra familia malagueña que llegó con ellos en 2006. El colegio abrió sus puertas en septiembre de 2006 y comenzó con 6 niños. En la actualidad tiene escolarizados a unos 50, entre niños y niñas en cursos que van desde primero a quinto de primaria.
En su regreso a España por la Navidad de 2009, David y Ángela se han percatado de la manipulación que sufrimos. “Hay quien dice que el actual gobierno es torpe pero lo que realmente existe es un gobierno con un plan muy malintencionado ideado para acabar con la religión a través de la educación y con la intención de crear una sociedad desinformada que en tan sólo una generación no va a ser capaz de saber de donde le vienen los problemas”.
A sus seis hijos, “el Señor también los ha llamado a misión”, y se han integrado perfectamente a la vida en las islas y “creemos que aquí (se refiere a las islas) estamos mejor porque aunque tengamos que enfrentarnos a otro tipo de problemas, al menos nuestros hijos no acuden a colegios donde prima la ‘educación para la ciudadanía’, y donde hay profesores que usan las clases para lanzar mensajes contra el evangelio, y a lo largo del día lo siguen escuchando o leyendo en los medios de comunicación”.
Al cierre de esta edición, está previsto que la familia Alarcó-Cantos regrese a Turks y Caicos el sábado día 9. Esta vida en misión “la hacemos como servicio a la Iglesia al tiempo que recibimos más gracia de Dios. Cada día recibimos mucho más en misión que lo que damos”.
Los Alarcó-Cantos decidieron ser familia en misión “porque por un lado somos hijos bien agradecidos a nuestro Dios y queremos hacer ver a las gentes que están alejadas de la Iglesia que se puede vivir dentro de la familia”. |