Este 8 de enero se cumple un año desde que la Santa Sede aceptó la renuncia que por razones de edad había presentado tres años antes S.E.R. Agustín García-Gasco, y nombraba como Arzobispo electo de Valencia al entonces Arzobispo de Oviedo, monseñor Carlos Osoro, que tomaría posesión de la Archidiócesis de Valencia varios meses después, el 18 de abril.
El ejemplar de PARAULA de 11.1.2009 publicaba a grandes titulares la importante noticia y reproducíamos la primera carta que don Carlos Osoro enviaba a los valencianos. ¿Cuál era el contenido de esa carta? ¿Qué lectura tiene un año después? ¿Era un auténtico programa de intenciones?
En su mensaje, tras agradecer al “querido Sr. Cardenal don Agustín el afecto y paternidad desde siempre” y saludar a los tres obispos auxiliares D. Esteban, D. Enrique y D. Salvador (actual obispo titular de Ibiza), agradecía también al papa Benedicto XVI su nombramiento y anunciaba a todos los valencianos un detalle, muy importante para los Obispos, su lema episcopal: “Por Cristo, con Él y en Él”. Dicho lema supone una llamada permanente a la evangelización en “esta tarea apasionante de padre y pastor en este tercer milenio”.
A continuación don Carlos efectuaba un saludo, en el que en primer lugar, destacaban los sacerdotes diocesanos “quienes sois los más estrechos colaboradores del ministerio del Obispo” y a los diáconos permanentes, que muy pocos años antes habían sido nombrados en Valencia.
Seguidamente, el prelado electo hacía una confesión explícita: “Mi vida no se explica sin el Seminario”. Y tras detallar su experiencia pastoral, saludaba a los estudiantes de todos los seminarios y les anunciaba que “conoceros y quereros es algo de lo cual el Obispo no puede prescindir”.
Los religiosos, con especial referencia a la vida contemplativa, y los laicos iban a continuación: “Juntos estamos llamados a anunciar el Evangelio: en la cultura, en el trabajo, en la familia, en los medios de comunicación social...”, con un saludo muy particular y especial a los jóvenes : “toda mi vida prácticamente ha estado dedicada a vosotros. Quiero contar con vosotros”.
Antes de concluir su carta, el nuevo Arzobispo saludaba a “las autoridades de la Comunidad Valenciana en todos sus ámbitos y a todos los grupos políticos que buscáis el bien de la sociedad”. El colofón de la carta era una petición de oraciones: “Pedid todos al Señor que, con su gracia, sepa vivir entre vosotros los rasgos del buen pastor: caridad hasta el extremo, conocimiento de las personas que se me encarga, solicitud por todos, misericordia para con los más pobres, estar siempre disponible, cercano y en la búsqueda de todos los hombres con la bondad del Buen Pastor. Desde ahora me pongo en manos de la Mare de Déu dels Desamparats”.
El cardenal don Agustín, Administrador Apostólico En el ejemplar del día 11 de enero de PARAULA, cerrada la edición el miércoles 7, se adelantaba que la Santa Sede había nombrado a SER Agustín García-Gasco Administrador Apostólico hasta la toma de posesión el 18 de abril en una renovada muestra de confianza.
Diversos expertos pusieron de manifiesto el profundo reconocimiento de la Santa Sede a la labor de don Agustín. No sólo confiándole la organización del V Encuentro Mundial de las Familias (algo que no suele hacerse fuera de las capitales de cada país), sino nombrándole Cardenal en una sede como la de Valencia, en la que históricamente ello era algo muy excepcional.
El hecho de que don Agustín permaneciera como Arzobispo de Valencia casi tres años después de haber presentado su dimisión es también infrecuente en el episcopado, pues lo usual es que la renovación se produzca antes de un año.
A don Agustín, el Arzobispo que por primera vez en la historia de la diócesis había contado con tres Obispos auxiliares, le había llegado la hora del relevo. Sus palabras en el Arzobispado el 8 de enero de 2009, rodeado por los tres obispos y centenares de sacerdotes y fieles que escuchaban en un emocionado silencio, fueron claras: “En la nueva fase de mi vida voy a tener menos acción y más contemplación”. Así aparecieron publicadas en PARAULA en el siguiente número.
Pese a que toda su familia se encuentra en Madrid, donde tiene numerosos amigos y compañeros después de su larga vida como sacerdote y Obispo auxiliar de Madrid, don Agustín, verdadero enamorado de Valencia, decidió sentar aquí su alojamiento, en dependencias anexas a su querido Seminario Mayor de Moncada, que varios años antes se había encargado de reformar completamente, al igual que la profunda remodelación del Seminario Menor.
La acción, las obras de Dios, han sido una constante en los frutos de don Agustín que tras su jubilación ha elegido “más contemplación” y la máxima discreción.
Son muchas las cartas y llamadas que en PARAULA se han recibido mostrando su afecto e interés por conocer las actividades del cardenal don Agustín, y pese a las diversas actividades (como las visitas que altos dignatarios como el residente del Parlamento de un importante país europeo le realizó hace varios meses, o la intermediación para ayudar a niños enfermos del Tercer Mundo) el Cardenal ha optado por la reserva y discreción, habiendo rechazado peticiones de entrevistas y la publicación de sus cartas en diversos medios escritos de ámbito nacional.
El 18 de abril, toma de posesión de don Carlos como nuevo Arzobispo El 18 de abril de 2009, monseñor Carlos Osoro tomaba posesión de la diócesis. Tal como había pedido su antecesor el Cardenal en un extenso decreto de 8 de abril (PARAULA 1.040), todos los templos de la diócesis realizaron “volteo general de campanas con los toques tradicionales, que en cada población se reservan para los días de mayor festividad”. Villargordo del Cabriel, el Seminario, el Colegio Jesús y María, la Catedral formaron parte del itinerario de monseñor Carlos Osoro en su llegada a Valencia.
En la Seo Valentina pronunció una emotiva homilía: “Quiero ser un pastor santo para Valencia”. Como anécdotas: los cantos sonoros del nuevo prelado, y que parte de su homilía la pronunció en valenciano con un profundo acento gallego que por una parte ponía de manifiesto su historia personal en la diócesis de Ourense y por otra la voluntad e interés por su rápida integración en Valencia.
La intensa actividad de don Carlos, con los seminaristas, confesando en la Basílica, asistiendo a todo acto al que se le ha invitado, convocando a los jóvenes, visitando parroquias, saludando a todo el mundo, sin duda, le ha ido dando conocimiento de las auténticas proporciones de la Archidiócesis de Valencia, que tras Madrid, la capital del país, se ha constituido, en los últimos años, en la primera diócesis de España. |