VICENTE SASTRE, SJ
“Las diferencias se están desdibujando rápidamente”
- La semana de oración por la unidad de los cristianos es una invitación a reflexionar y a rezar. En nuestra Comunidad hay una cantidad enorme de cristianos de distintas confesiones, lo que nos interpela especialmente para tener una actitud activa en lo que se refiere al proceso de unidad de los cristianos.
-La oración por la unidad no se restringe a una semana, aunque sí es cierto que ésta es la semana grande de encuentro entre diversas confesiones. Tanto en parroquias como en distintos centros de encuentros de emigrantes se preparan actos para hacer visible y solemne un deseo de unidad que se expresa en la oración por aquella unidad por la cual el mismo Jesús oró antes de ser entregado
-Este año la semana grande de oración tiene un lema específico, ¿por qué tenemos que rezar especialmente?
-Cada año se preparan unos textos que se presentan a la oración y meditación en todas partes del mundo. Este año hacen referencia a que en manos de Dios la unidad es realmente factible. Si nos separamos, nos distanciamos y si nos apoyamos sólo en nuestras manos, esta unidad va a ser más complicada. Pero en manos de Nuestro Señor las cosas pueden ir mejor porque por nuestras fuerzas no podemos esperar alcanzar demasiado.
- ¿Cuáles son los momentos importantes de esta semana? -Comenzamos el día 18 en la iglesia del Temple con un acto muy novedoso: cada uno de los participantes expresa una oración fundamental de la Iglesia, como es el Padrenuestro, o la veneración de la Escritura, como es el canto del Evangelio, en su propia lengua y según su liturgia. Es impresionante ver cómo se canta el Evangelio en la liturgia eslava, por ejemplo, o cómo se canta el Padrenuestro en la oriental greco-católica. Yo creo que estas oraciones sustanciosas y radicales en experiencia cristianas, compartidas crean un espíritu de mutua admiración, de mutua aceptación y de cercanía a ese Dios al que todos llamamos Padre.
-Cuando se oye hablar de la unidad de los cristianos te preguntas ¿pero qué es lo que nos separa y lo que nos une? ¿Cómo se está trabajando para superar las separaciones? -Dos cosas pueden ser iguales pero estar separadas. Las diferencias se están desdibujando rápidamente. La Iglesia católica ha mantenido una relación muy estrecha con los anglicanos. En los últimos 50 años, los aspectos sinodales de la Iglesia anglicana han entrado en definir cosas que tocan la misma sustancia de la Iglesia. La Iglesia católica ha tratado, junto con los anglicanos, de definir un punto clave que es el don de la autoridad. Es decir, la autoridad como principio de unidad. En ese sentido se ha llegado a formular unos textos que muestran el acuerdo en estos principios. Por otro lado, los anglicanos que tienen una autonomía muy grande en las diversas diócesis, han ido en algunas partes separándose cada vez más en la práctica de la Iglesia. Por ejemplo: últimamente estaba previsto un sínodo para ordenar mujeres. El Papa lo que ha hecho ha sido decir: mirad, nos vamos distanciando en vez de acercarnos, si alguien en este camino de dispersión quiere un lugar donde encontrarse a gusto, aquí tiene la Iglesia católica, que está a vuestro lado.
Algo parecido ha sucedido con los ortodoxos. El punto de diferencia con los ortodoxos ha sido el papel del Papa en medio de la Iglesia, que es un papel de presidirla, animarla y cuidarla en la vida y en la caridad. En eso ya hace tiempo que una comisión va avanzando, limando las diferencias, de manera que lo que no sea sustantivo en la misión de Pedro, no tiene por qué estar separando las cosas. Las diferencias se van limando muy poco a poco, pero muy seriamente.
Con los luteranos el principio original de separación era el tema de la justificación, es decir, cómo una persona delante de Dios resulta aceptable. La doctrina luterana fue muy radical en el sentido de que el hombre es absolutamente pecador y que la gracia de Dios era solamente benévola y no tenía nada que ver con la actividad del hombre. En ese sentido, ha habido un documento muy importante sobre la justificación que permite al menos saber que en todo lo sustantivo estamos de acuerdo, y que por lo tanto, las ulteriores diferencias ya competen a las prácticas y las prácticas sí se pueden cambiar. Yo creo que en ese sentido podemos hablar de que se ha hecho un enorme esfuerzo y tarea de reflexión teológica y encuentro fraternal y que, en estos momentos, hemos llegado a una primera cumbre y ahora faltaría llegar poco a poco a la siguiente, que probablemente tendría que ser de carácter práctico.
-¿Podría llegarse a una concelebración eucarística? -La Eucaristía es un sacramento. No podemos celebrar visiblemente la Eucaristía, que manifiesta la unidad, cuando aún estamos separados. Las dificultades que hay para concelebrar son teológicas. La Eucaristía será plenamente celebrada cuando haya una reconciliación plena.
Manuel Pop, sacerdote ortodoxo rumano
“Sabemos que la Iglesia católica nos ama al 100%”
-Rumanos en la Comunidad Valenciana hay muchísimos, y nos imaginamos que la mayoría de ellos serán ortodoxos. ¿Cuántos ortodoxos rumanos viven en la Comunidad Valenciana o en Valencia? -Tras la caída del comunismo en Rumanía, hace 10 ó 15 años, empezaron a cerrar empresas y la gente se quedó sin trabajo, por eso, han tenido que emigrar muchísimas personas. Las relaciones entre Rumanía y la Unión Europea se ha hecho más estrechas. La Comunidad Valenciana tiene gran número de rumanos, también Madrid y Cataluña, porque son los lugares donde han encontrado trabajo, aunque ahora sufren también los problemas de la crisis.
- ¿Cómo se ve desde el punto de vista de los ortodoxos ese acercamiento entre las distintas confesiones? ¿Hay también espíritu de unidad, de intentar llegar a esa unidad de todos los cristianos? -Mi experiencia desde hace siete años, y como cristiano en España desde hace 10, es de un acercamiento muy grande entre las Iglesias, sobre todo entre la católica y la ortodoxa. Yo mismo he podido experimentar este acercamiento. La unidad del credo en el Dios que es único y la Iglesia que es única, nos piden a nosotros una unidad. El amor de Dios es un amor sin compromiso: o amas, o no amas, pero no se puede llegar a un acuerdo sobre si amas con el 50%. Tienes que amar al 100 %.
Yo he visto ese amor hacia nosotros en la Iglesia católica. Es un amor real. Desde hace 8 años, me ofrecen ayuda para oficiar los sacramentos y la liturgia, me facilitan espacios de culto. Hay iglesias católicas que se abren a los ortodoxas. Desde hace 7 años celebro todos los domingos y días de fiesta en los espacios de la Iglesia católica. Tanto en Oliva como en Gandía, en la playa, donde hay una iglesia que es para el uso de verano cuando acuden muchos turistas, que tiene dos altares, y uno nos lo ofrecen para celebrar.
Otro aspecto que refleja ese amor es la unidad que existe entre las personas de distintas confesiones. Hay que mantenerla. Yo estoy colaborando mucho con todos los sacerdotes de la zona de la Safor.
A veces me llaman y me dicen que hay grupos de rumanos en sus pueblos y quieren saber qué pueden hacer con ellos. Se preocupan por ellos y me ofrecen sus iglesia para que celebremos con los rumanos. Muchos me dicen: la iglesia es tu casa. Como la comunidad rumana está en muchos sitios, hay grupos en varios pueblos, los sacerdotes se ponen en contacto conmigo para que pueda atenderlos.
También participo mucho en las conferencias o reuniones que hay entre ortodoxos y católicos, así como en los coloquios que ofrece la Iglesia católica para la formación de los sacerdotes. Por ejemplo, hace un año y medio, el actual vicario general de la diócesis, don Vicente Fontestad, me invitó a participar en estos coloquios que hay para la formación del clero católico. Para mí ha sido una gran experiencia.
Mi misión es mantener la fe, la unidad entre los cristianos ortodoxos, los cristianos rumanos. Han emigrado a España, han encontrado trabajo pero se sienten un poquito aislados. La única alegría que tienen es encontrarse y rezar en una iglesia ortodoxa o en el espíritu ortodoxo.
Esta es mi tarea: atender a estos feligreses, mantenerlos cerca de la Iglesia, que puedan confesarse y comulgar frecuentemente, participar en los actos litúrgicos todo el año, mantener vivo entre los feligreses la lectura semanal de la Biblia, y la Eucaristía que nos acerca hacia Cristo.
Nosotros, y también la Iglesia católica, rezamos diariamente para la unidad de la Iglesia, pero esa unidad no es obra nuestra, sino del Espíritu Santo, si nos acercamos más a los valores espirituales del principio del cristianismo, entonces vendrá la unidad, que no es nuestra obra, sino del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo quiera, la unidad definitiva y total se dará.
Rafael Saráchaga, sacerdote católico
“Hay un movimiento fuerte de unidad espiritual que va dando frutos”
- ¿Estamos en el proceso más cercano de convergencia de las distintas confesiones cristianas, se va hacia delante o estamos estancados? ¿Cómo está la situación? Estamos asombrados por lo que ha ocurrido con los anglicanos. -Estamos viviendo momentos importantísimos en este trabajo de la ‘re-unión’ de los cristianos porque después de la separación de los ortodoxos en 1052 y de las separaciones de 1500 de luteranos, anglicanos y sus correspondientes hijos espirituales, ahora todos, también las Iglesias orientales que por un problema simplemente geográfico y de falta de comunicación estaban separadas de Roma, somos conscientes de que no estamos unidos y tenemos el mismo Señor, todos tenemos el mismo credo. Luego, claro, lo interpretan ya a su modo, pero ahora hay una clarividencia enorme sobre la necesidad de ser una Iglesia. Eso sí, respetando tradiciones, culturas, idiomas, modos de ser y de actuar, porque Dios cubre todos los conceptos y está por encima de todo y a Él no le importa si hablamos en español, inglés o rumano. Y, por tanto, vemos cómo de hecho, en todos los países el movimiento ecuménico está haciendo grandes avances. Esto no quiere decir que todos los que no son católicos se vayan a hacer católicos o que todos los católicos se vayan a hacer anglicanos u ortodoxos. No es eso de lo que se trata. Se trata de realizar la verdadera voluntad de Nuestro Señor Jesucristo cuando crea la Iglesia, porque el crea una sola Iglesia. Los apóstoles, por el don de lenguas, predican el Evangelio en todas partes, y plantan allí ese árbol grande que es la Iglesia y que va dando frutos a través de los siglos.
Ahora nosotros retomamos esta iniciativa de Jesús a través de los apóstoles y vamos a por la unidad. Es un reto imposible humanamente visto. Yo en mi fuero interno estoy convencido de que siempre habrá pequeños grupos que difieran, que no quieran unirse. Pero sobre todo entre católicos y ortodoxos hay ya, no sólo una amistad, sino una intimidad de conceptos, de oración, de comprensión mutua.
Estamos recogiendo los frutos de los Papas anteriores, a partir sobre todo de Juan XXIII que llamó a la Iglesia a concilio con la intención ecuménica. A ese concilio invitó a representantes de todas las Iglesias no católicas para que estuvieran presentes y para que diesen sus puntos de vista, cosa inusitada hasta el siglo XX. Y esos frutos, que los Papas siguientes han ido trabajando y elaborando, están dando también frutos de comprensión y amistad profunda.
No hemos llegado a una cosa que va a ser la piedra de toque de la unidad, que es la concelebración eucarística. En eso aún debemos estar atentos, porque no es llegar y ya está. Hay que poner los puntos sobre las íes porque los siglos nos han separado también en la práctica de la liturgia.
El Papa actual está ahora también trabajando con respecto a esos 400.000 anglicanos de Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, África y del Pacífico que voluntariamente quieren participar de la vida de la Iglesia católica. Él les ha dado opción a que lo hagan respetando todo lo que ellos son: sus tradiciones, su idioma y su forma de celebrar y vivir. Porque ellos mismos, los últimos diez años, han estado instruyendo a sus confirmandos y a los que querían ser cristianos, con el Catecismo de la Iglesia católica. Nadie se lo ha mandado, ellos lo han hecho porque han querido. Hay un movimiento fuerte de unidad espiritual y esto va dando frutos, como lo que ahora ha pasado con la Iglesia anglicana.
A pesar de todo, estoy convencido de que la primera unión fuerte va a ser entre católicos y ortodoxos, porque de hecho somos prácticamente la misma Iglesia, con los mismos sacramentos, con la misma vida, con el mismo sentido de la piedad cristiana y la comprensión de la Sagrada Escritura y de la Eucaristía sobre todo.
- Concelebraciones eucarísticas, ¿podrían limarse diferencias? -Se desea avanzar y se está elaborando doctrina. Porque no hay ninguna Iglesia fuera de la Iglesia romana que no haya tenido contactos con ella con regularidad en los últimos 10 ó 15 años, y por tanto estamos cerca de llegar a una concelebración plena. Pero para concelebrar hay que tener una plenitud de amor mutuo. Y si estamos separados, estamos al 50%, es un amor muy pobre, y ¿cómo vamos a estar unidos en Jesucristo si entre nosotros no nos amamos? Ése es el gran quid respecto a la celebración eucarística, la plenitud de la unión con Cristo. Ha de llegar, pero paciencia.
En cuanto a los ortodoxos ellos no tienen que cambiar nada de su doctrina ni de su praxis eucarística-litúrgica, pero hemos de llegar a una comprensión total, ellos y nosotros, de la figura de Pedro, del Pedro de hoy, que es el que nos une en el amor. El día que esto se realice, no habrá ningún inconveniente.
En este aspecto puedo decir que el antiguo patriarca ortodoxo de Rumanía, Teoctist, estuvo muy en contacto con Juan Pablo II. Llegará un momento en que se romperá ese tabú, el Papa tiene una misión dada por Jesucristo, no para ser un dictador dentro de la Iglesia, sino para fomentar el amor, el amor mutuo, y el día que todos comprendamos esto, llegaremos a la concelebración. Tiempo al tiempo. Después de 1.700 años, ahora no tengamos prisa, calma. |