770 años del Cristo del Salvador Va a cumplir 770 años, y la devoción del pueblo valenciano por la monumental imagen del Cristo del Salvador sigue patente. Desde su llegada milagrosa, al parecer en una tempestuosa crecida del mar por el cauce del Turia, en noviembre de 1250, la talla ha estado presente en nuestros acontecimientos históricos

Va a cumplir 770 años, y la devoción del pueblo valenciano por la monumental imagen del Cristo del Salvador sigue patente. Desde su llegada milagrosa, al parecer en una tempestuosa crecida del mar por el cauce del Turia, en noviembre de 1250, la talla ha estado presente en nuestros acontecimientos históricos. Iniciamos una serie de dos reportajes para conocer mejor su sorprendente historia, su arraigada devoción y el presente y futuro de su cofradía.

L.B. | 31-10-2019
El Cristo del Salvador está considerado el más antiguo de Valencia y el origen de la talla sigue siendo hoy un misterio.
Según la tradición, su imagen de madera apareció en nuestra ciudad el 9 de noviembre del año 1250, flotando en el río Turia en contra de la corriente, con dos luces o faroles en sus brazos, lo que se consideró como un hecho milagroso. Probablemente el acontecimiento tuvo lugar en un momento de riada o tempestad, cuando las aguas andaban revueltas. Fue rescatado entre los puentes de Serranos y el de la Trinidad.

La imagen fue depositada en la conocida como ‘Casa del Cid’, al inicio de la actual calle del Salvador. Inmediatamente pasó a la ermita de San Jorge, para después ser llevada a la Catedral. Pero, y sin saber cómo, volvía a la ermita de San Jorge. Así, tras varios intentos de llevarla a la Catedral, se optó por dejarla definitivamente en la ermita, que, posteriormente, pasó a convertirse en iglesia, cambiando su titularidad por la del Cristo del Salvador.

Según la tradición, el Cristo del Salvador se trata del Cristo de Berito (Beirut) actual Líbano, que fue arrojado al mar en esa ciudad en tiempos de dominación musulmana.

El lugar del hallazgo, hoy
En el lugar donde fue recogida la imagen en Valencia, en aquel año de 1250, en el margen derecho del río Turia, se alza en la actualidad sobre el pretil del río un grupo escultórico en piedra que nos recuerda aquel hecho histórico.

Este grupo original, erigido en el año 1668, era obra de Leonardo Julio Capuz. En él podía verse al arzobispo Tomás de Villanueva portando la Cruz del Santo Cristo, ya que el arzobispo había entregado esta venerada imagen a la iglesia de El Salvador. Esta obra, que permaneció en ese emplazamiento hasta el año 1809, desapareció por ser derribada y destruida con motivo de la guerra de Independencia, quedando en pie solamente la base triangular que lo soportaba.

En la actualidad, puede admirarse en el lugar otro monumento escultórico imitando al que allí hubo. Es una obra conmemorativa que fue esculpida a comienzos del año 2001, por Jesús Castelló.

Venerado por los santos valencianos, el pueblo lo sacaba en rogativa ante catástrofes

A lo largo de la historia, la imagen del Cristo del Salvador ha gozado de gran veneración por el pueblo y también por los santos valencianos, entre ellos san Vicente Ferrer, santo Tomás de Villanueva, la beata Inés de Benigànim y el P. Domingo Sarrió, de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, como lo atestiguan multitud de estampas.

Desde los años de santo Tomás de Villanueva, que fue el impulsor del culto al Cristo del Salvador, la imagen presidía las rogativas y procesiones que tenían lugar en la ciudad en épocas de catástrofes, calamidades, sequías o epidemias. La última fue en 1949 y tuvo como escenario la plaza del Ayuntamiento.

La historia del Cristo del Salvador está también ligada a la de la Virgen de los Desamparados, de ahí que, cuando la Peregrina sale en procesión, pase por la iglesia del Salvador. Prueba de esa devoción histórica fue la fundación, en 1616, de la Loable Cofradía de las Llagas y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Y también que su día, el 9 de noviembre, fuera declarado festivo por el Consell de la Ciudad en 1692 debido al gran fervor que despertaba.

Lo echaron al fuego en la persecución y se salvó

La imagen mide cerca de tres metros y pesa casi 300 kilos. Es de estilo románico de transición al gótico y destaca por la extraña colocación de su cabeza en la cruz.

A lo largo de la historia ha sufrido muchos avatares. En 1823 fue dañada por una bomba que cayó en la iglesia. Y en 1936, durante la persecución religiosa, el Cristo fue echado a la hoguera, pero gracias a un maestro que pasaba por el lugar y que pudo salvarlo del fuego, sólo se quemó el madero (la cruz), aunque el Cristo sufrió daños en la espalda y el brazo derecho. Al acabar la Guerra Civil, la imagen fue encontrada en un rincón del Museo de Bellas Artes con los brazos desgajados del tronco.

En el año 2007 el Cristo fue restaurado en su integridad por un equipo del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, dirigido por Carmen Pérez. Los especialistas devolvieron a la imagen su original aspecto que distaba mucho del que presentaba, pues la imagen mostraba un grave estado de conservación, con numerosas capas de barnices coloreados que le daban un tono oscuro y planchas metálicas que sujetaban los brazos.