“¡Dios nunca te abandona!” Vicente Ferrando, párroco del Sagrado Corazón de Jesús, en Burjassot, acaba de salir del hospital, tras permanecer ingresado casi un mes, contagiado por el Covid-19

L.A. | 02.04.2020

El sacerdote Vicente Ferrando ya en su casa recuperándose tras la enfermedad.

Vicente Ferrando, (Benifarió de la Valldigna, 1945), párroco de Sagrado Corazón de Jesús, de Burjassot, desde hace 22 años, fue el primer sacerdote en nuestra diocesis de Valencia contagiado de coronavirus, y acaba de recibir al alta la semana pasada tras casi un mes hospitalizado en el hospital Arnau de Vilanova. Desde su domicilio responde amablemente a PARAULA, con un animoso tono de voz.

¿Cómo se encuentra?

Ahora ya muy bien. He estado un mes hospitalizado, primero en planta y luego ya aislado con una atención maravillosa por parte de todos, de enfermeros y de médicos. ¡No sé cómo agradecerlo! He estado entre las cuatro paredes de la habitación viviendo una experiencia gozosa, una experiencia desde la incertidumbre, de que no sabes qué pasa, pero bien. En el fondo es una experiencia de gracia y de la misericordia de Dios.

Empezando por lo más reciente, ¿cómo fue el momento de despedirse del hospital?

Estaban todos esperándome en el pasillo y… cuando salí me dieron un gran aplauso. Fue un momento de gran alegría y desde la distancia fui saludando a todos, les dí como un gran abrazo virtual y les dije hasta pronto.

¿Cuáles fueron los primeros síntomas que tuvo del coronavirus?

Desde antes del Miércoles de Ceniza (26 de febrero) yo sentía un agotamiento que no era normal y también sentía que tenía algo de fiebre. Unos días después ya vi que me encontraba mal. Llamamos al ambulatorio, vinieron enseguida, y me dijeron que debía permanecer tres días sin salir. Pasados esos tres días como la fiebre iba subiendo me tuvieron que ingresar.

¿Qué es lo que más le ha ayudado como sacerdote en en este tiempo?

La oración. El acompañamiento de la plegaria de todos mis feligreses, del equipo sacerdotal. Sé que D. Antonio ha rezado mucho, también D. Luis, el delegado de Pastoral de la Salud, que me llamaba y me daba mucho ánimo, además de mis hermanos sacerdotes y de su arcipreste, don Francisco, que me llamaba casi a diario, y me tenía al corriente de la gran oración de todos ellos. Me sentía en comunión con todos, incluso de personas que están un poco retiradas de la Iglesia y que se casaron o bautizaron a sus hijos en la parroquia por ejemplo. Empecé a sentir un ‘chorro’ de llamadas y dije ‘Señor has sembrado una semillita y aquí estamos’.
Ha sido una experiencia de gozo sentirme hijo de Dios. ¡Sentir su misericordia a pesar de mi fragilidad, así como uno más de la familia! Toda esa oración me dio una gran fuerza y paz… Así que me abandoné en las manos de Dios sabiendo que si Él quería aquí me tenía y, si no, que me ‘soltara’ y a la pelea para poder hacer lo que Él cree que tenemos que hacer todavía.

¿Y cómo vive un sacerdote hospitalizado las misas por televisión?

Los primeros días no podía rezar, ya que fueron días de mucha fiebre, de incertidumbre y de estar en un desierto, pero por la fe uno sabe que vamos hacia la Pascua. Al principio la televisión no iba en mi habitación, pero me la pudieron arreglar y así pude seguir la misa y de alguna manera concelebrar. Así pude pensar en todos los que estaban rezando por mí y de toda la situación que se estaba generando por el coronavirus.
También me dio una gran paz cuando escuché al papa Francisco decir que si no había posibilidad de confesarse se podía hacer un arrepentimiento y así quedar perdonado. Me dio una gran alegría y desde ahí empecé a sentirme entre el cielo y la tierra.

¿Cómo ha sentido la proximidad de la feligresía, que tanto le quiere, en unos momentos en que además la parroquia estaba cerrada y el párroco confinado en esa “celda” del hospital?

Los mensajes de Whatsapp y las llamadas no daban abasto, incluso del convento de las dominicas. Ha sido todo un movimiento de plegaria que hizo que experimentara la misericordia de Dios y la paz.

¿Cuándo le dijeron que saldría adelante?

La incertidumbre continuó después que me hicieron el primer control, que salió negativo, puesto que el segundo dio positivo. En ese momento dije ‘Señor, estoy en tus manos’. En el tercer control, días después, ya el médico me dijo que me iba a casa porque era negativo. Esos días previos fueron los más difíciles, humanamente hablando. Ya con el negativo me dije ‘aquí está el milagro, aquí está que el Señor quiere que sigamos bregando anunciando lo bueno que es y la alegría de servirle’.

¿Cuál es el mensaje que trasladaría desde PARAULA a las personas que están ahora en esa situación?

Que confíen en los médicos y en los enfermeros, ya que tenemos una seguridad muy grande en todos ellos. Como creyentes diría que miremos hacia arriba, que tenemos un Dios que nunca nos abandona, que lo miremos a Él, cómo nos ha amado hasta la muerte, y una muerte de cruz, que ha resucitado y que esa misericordia es para todos aquellos que están en la debilidad, en la fragilidad, ¡Dios nunca nos abandona!

Cómo va a ser el reencuentro con los feligreses?

Será un día muy hermoso, un día de familia. Ahora es el momento de seguir en la parroquia con la visión y el proyecto renovador que tenemos. Esta es nuestra visión hacia la que caminamos a largo plazo, ya que la edad es la que es, pero con ilusión hemos comenzado, y siendo dóciles al Espíritu, en unión con el pequeño equipo de renovación y contando con el Consejo de pastoral y los distintos grupos, lo estamos poniendo en marcha y… hasta donde lleguemos: ‘En familia’ construyendo juntos al servicio de los últimos, teniendo como centro la Eucaristía y como meta ser discípulos misioneros.