El S.O.S que surtió efecto La Cáritas parroquial de San Miguel de Soternes en Mislata pudo repartir alimentos para 84 familias el día 15 gracias a las donaciones de productos
De 11 de la mañana a 9 de la tarde se estuvieron entregando alimentos a los necesitados.

EVA ALCAYDE | 21.05.2020

Se acercaba el 15 de mayo, día de reparto de alimentos en la parroquia San Miguel de Soternes, de Mislata, que desde el inicio de la crisis sanitaria por la covid-19 ha estado repartiendo comida a las familias más vulnerables dentro del proyecto ‘Tocan a mi puerta’.

Se acercaba el día de reparto pero no había comida que repartir. El sacerdote Olbier Hernández, párroco de San Miguel de Soternes y delegado de Migraciones del Arzobispado de Valencia lanzó desde las páginas de PARAULA un angustiado SOS, un llamamiento a las empresas de alimentación para que ayudaran a dar de comer a las familias más necesitadas.

“Las familias a las que atendemos en el proyecto no han dejado de crecer desde el inicio de la crisis, pero se nos agota la comida. Tenemos que hacer reparto y no tenemos alimentos”, lamentaba el sacerdote unos días antes de ese 15 de mayo.

Y su pesar por la incertidumbre era palpable cuando explicaba la situación: “Hay zonas donde no existe una Cáritas parroquial, ni servicios sociales. La mitad de las personas que vienen a San Miguel de Soternes, no son de la parroquia, ni del barrio. Aquí viene gente de Torrent, de Quart de Poblet, y de otros barrios como Patraix o Benicalap”.

La situación que describe el sacerdote en ocasiones se torna más desoladora aún si cabe. “Tengo familias esperando una bolsa de comida, y hace un mes que no reciben nada”.

Afortunadamente, su llamamiento a la sensibilización y a la solidaridad obtuvo respuesta. Y el día 14 de mayo se consiguió una furgoneta cargada de productos procedente del Banco de Alimentos. “Además el director ha incluido al proyecto ‘Tocan a mi puerta’ entre los beneficiarios del Banco de Alimentos, cuando hasta ahora estábamos en lista de espera”, explica el sacerdote.

Así pues, la ayuda llegó in extremis al proyecto y el párroco pudo respirar aliviado. Entre lo aportado por el Banco de Alimentos y las provisiones compradas por la propia parroquia se pudo proceder al reparto de los alimentos, que duró desde las 11 de la mañana hasta las 9 de la tarde.

“Ha venido gente de todos los barrios. Hay mucha necesidad entre la gente y es muy duro, pero tenemos que ofrecer también cercanía”, explica el sacerdote, que no sólo reparte alimentos, sino también asesoramiento, consejo y ayuda: “hacemos lo posible por derivarlos a algún servicio social que esté abierto, a otra parroquia, o lo atendemos aquí mismo”.

Actualmente el proyecto está atendiendo a 274 personas (84 familias) procedentes de 16 países. De ellas, 195 son adultos, 24 adolescentes, 42 niños y 13 bebés.

“Este proyecto quiere dar respuesta a todo el que toca a la puerta de la parroquia, que ya ha tocado a otras puertas y no ha obtenido respuesta, por lo que son personas desesperadas”, subraya Olbier Hernández, que considera que esta situación de pobreza “cada vez va a ir a más y será de largo recorrido”.

TOCAN A MI PUERTA

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