“Nuestra mayor recompensa es ver la sonrisa de los bebés” Jóvenes Provida de Valencia

Olga, Sofía, Nacho y Carlota en una de las habitaciones donde Provida almacena la comida que se le da a las madres para sus bebés como potitos, leche o papillas. M.GUALLART

BELÉN NAVA | 23.07.2020

Son días de descanso en pleno mes de julio, cuando los exámenes finales ya han dado un respiro y los libros de texto comienzan a acumular polvo. Son días en los que muchos jóvenes duermen hasta tarde exprimiendo al máximo las noches veraniegas. Son días en los que chicos y chicas planifican sus escapadas a la playa, donde el sol se convierte en su mejor amigo y el rumor de las olas se convierte en la banda sonora del momento. Son días en los que, pese al coronavirus, la vida social, dentro de lo permitido, se ha vuelto a instalar en el día a día de los jóvenes. Pero también son días en los que Nacho, Olga, Carlota, Sofía, Natalia, Daniela, Amanda, Ana, Miguel, Loreto y Silvia dedican su tiempo a ayudar a los demás, concretamente a madres en riesgo de exclusión social y a sus bebés.

A lo largo del año, Provida Valencia cuenta con un voluntariado compuesto por señoras que van a la sede todos los días y que realizan tareas de entrega de ayudas, llevan el ropero y preparan canastillas para los bebés que van a nacer próximamente. Sin embargo durante la época vacacional son “reclamadas” por sus familias para cuidar de sus nietos “y en ese momento es cuando tiramos mano de los jóvenes. Ellos ya han terminado las clases y tienen tiempo para estar aquí ayudando”, explican desde Provida Valencia.
Apenas son las nueve de la mañana y el local que Asociación Valenciana para la Defensa de la Vida Provida tiene en el centro de Valencia bulle de actividad. Sofía se estrena hoy como voluntaria. Fue Nacho el que le animó a colaborar y su entusiasmo es contagioso. “Al ser voluntaria me siento realizada. No necesitas mucho para poder ayudar y tu ayuda, aunque a ti te parezca poca, puede ser muy importante para otra persona”.

Olga y Carlota son hermanas y coinciden con lo que dice Sofía, pero aún van más allá. “Si estuviésemos en casa lo más seguro es que estaríamos en la cama, tumbadas, sin hacer nada. Si tenemos la oportunidad de hacer una buena acción…¿por qué no hacerla?”
Todos ellos tienen entre 16 y 18 años y coinciden en que son parte activa de la pastoral de su parroquia o de su centro de estudios (Juniors M.D., monitores, catequistas de Primera Comunión…) y a todos les une las ganas de ayudar.

Mucho que aportar
“Aquí abres los ojos y te das cuenta de que mucha gente cercana a ti, de tu mismo barrio, también lo pasa mal. No hace falta que me cuenten historias de otros países porque cada persona que entra por esa puerta tiene su propia historia”, explica Nacho que llegó hasta este voluntariado de la mano de su hermana y que ahora ha sido él quien ha animado a muchos de sus amigos a unirse a esta tarea. De una forma similar, a través de su hermano, fue como Ana se unió al grupo de voluntarios. “Los jóvenes tenemos un papel fundamental en la sociedad de hoy en día, somos una generación que lucha por lo que quiere y que puede aportar muchísimas cosas para hacer un mundo un poco mejor. No nos podemos conformar con vivir en un mundo donde una madre no pueda dar de comer a su hijo, ni creer que no podemos hacer nada para cambiarlo y mucho menos pensar que eso no va con nosotros. La solidaridad no es solo cosa de abuelas y mucho menos pasado de moda, es algo que todos debemos de tener en mente. Tenemos en nuestra mano todas las herramientas y conocimientos para conseguir lo que nos propongamos”, afirma con rotundidad.

Amanda es una de las voluntarias más veteranas que, además, ha formado parte de muchas de las iniciativas para jóvenes que se han realizado en la diócesis organizadas por la delegación de Infancia y Juventud. Hoy, resuelve muchas de las dudas que tiene Sofía y le explica cómo ayudan a las madres. “Provida les da ayuda para alimentación durante un año, enseres de higiene para sus bebés, cunas, carros… Y también reciben asesoramiento jurídico y médico, derivándolas en esos casos a otras entidades específicas dentro de esos ámbitos”. Olga y Carlota asienten mientras el ritmo en el almacén de la ropa no para. Mientras conversamos con ellos emparejan zapatos, doblan, clasifican la ropa por edades, ponen en perchas…y algún “¡cómo mi madre me viese!” se escucha entre risas.

“A veces te llevas cierto sentimiento de pesar al conocer los problemas a los que se enfrentan estas chicas”, comenta Olga. Su hermana asiente y explica que “a veces son chicas jóvenes, de nuestra edad, o quizá más jóvenes…me pongo en su situación, ¿qué haría yo? Y desde luego sé que me gustaría que me ayudaran de la misma forma que nosotros lo hacemos aquí en Provida”. Amanda señala que al estar en contacto directo con las madres “vives con ellas la realidad de ser madre y no tener ayuda porque muchas veces hasta su propia familia las rechaza. Hay casos de todo tipo pero muchas de ellas están solas y se les cae el mundo encima y no saben cómo afrontar el embarazo. Hay que ayudarles para que recuperan la confianza poco a poco”.

Toda ayuda es bien recibida
Mientras PARAULA está en la sede de Provida en Valencia la actividad no cesa. El teléfono no deja de sonar y a la puerta del local ya esperan varias madres que acuden a recoger las ayudas. Entre tanto, ciudadanos anónimos, que dejan bolsas de ropas, sillitas de bebé para el coche e incluso cunas que sus hijos ya no van a necesitar. Bolsas con pañales, potitos, leche…se acumulan en la entrada.

Todas estas ayudas son posibles gracias a donativos puntuales, a los socios que apoyan económicamente a la asociación y a las llamadas ‘Operación potito’ en las que estos jóvenes comenzaron a colaborar con Provida.
Cuando esta periodista sale por la puerta de la sede de Provida en Valencia está convencida de que todos estos jóvenes regalan su tiempo y su trabajo por el bienestar de unos bebés, que sin su ayuda desinteresada, quizá, hoy no estarían con nosotros puesto que sus madres no hubieran tenido la fuerza para seguir adelante con sus embarazos. Sin olvidar, por supuesto, la labor que MªJosé, Enriqueta, Esther y Amalia realizan cuando atienden y evalúan a las embarazadas que acuden hasta Provida para dar una oportunidad a esos hijos e hijas que llegan en momentos muy complicados de sus vidas.

Para todos ellos, su mayor recompensa por estos días de voluntariado “es cada una de esas sonrisas que nos regalan los peques cuando nos ven”.

Puedes ayudar en PROVIDA Valencia haciéndote socio, con un donativo o siendo voluntario para la recogida de alimentos y productos infantiles.

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