Felipe Garín, museógrafo valenciano, ex director del Museo del Prado. FOTO: A.SÁIZ

L.A. L.B. | 26.11.2020

Acaba de ver la luz una segunda reedición de la obra ‘Historia del Arte Comunitat Valenciana’, del historiador del arte valenciano Felipe Mª Garín Ortiz de Taranco, que fue director del Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia. Un monumental libro editado por Bancaja en 1978 y del que ya en el año 2000 se hizo una reimpresión actualizada con las introducciones a cada artículo redactadas por su hijo Felipe Vicente Garín Llombart, también historiador del arte y museógrafo, de hecho estuvo al frente del mismo Museo e incluso del más importante de España. el Museo del Prado.
En esta ocasión, y tras año y medio de trabajos, Garín Llombart ha vuelto a adaptar la obra respetando el texto original de su padre, pero completándola con algunas novedades ocurridas en estos años como fue la aparición de los ángeles músicos de la Catedral, o las restauraciones que se han llevado a cabo en estos años, como la de la bóveda de la Basílica de la Virgen o la de iglesia de San Nicolás. Para ello ha contado, además, con la ayuda de sus hijos, especialmente José, que han asumido toda la edición de la obra.

“En la región valenciana, el acervo artístico y monumental no es especialmente rico ni valioso”. Esta frase que escuchó su padre le sacó de sus casillas y fue lo que le llevó a emprender este libro grandioso, como recoge en su prólogo Philippe de Montebello, presidente de la Hispanic Society of America. ¿Qué es lo que pretendió con él?

Mi padre pretende hacer una historia del arte valenciano sin interrupción, desde la prehistoria, con todos los siglos de nuestra historia muy movida y hasta nuestros días. Es un arte muy internacional. Vienen aquí artistas italianos llamados nada menos que por el papa Borja a trabajar en la Catedral y artistas españoles que van a Italia a vivir y trabajar. La síntesis del libro es mostrar los que ha sido el arte valenciano, un continuo dar y recibir. El arte valenciano es muy comunicativo y muy testigo de esa vida constante.


De alguna manera el libro, con su texto conciso, didáctico y fotos admirables, es un homenaje a su padre. ¿Cómo era su mirada, su enfoque del arte que recoge en esta obra?

Mi padre tuvo grandes maestros. Hizo la carrera de Derecho, pero un catedrático de Bellas Artes le convenció para que hiciera Filosofía y Letras y él se reorientó hacia Historia del Arte, a la que se dedicó de una manera visceral, entrañable, con todo el interés que tuvo en su larga vida (97 años). El último año aún escribió un artículo sobre el Cristo del Salvador, que anualmente redactaba para el periódico.
Él siempre pensó en la estética como un elemento clave de la ética. Era muy dorsiano. No había ningún trabajo suyo en el que no citase al menos una vez a Eugenio D´Ors o a Elías Tormo, los dos grandes de la Historia del Arte.
En este libro lo principal es el texto y las fotografías son un apoyo.

Más de 500 páginas preciosamente ilustradas, en las que queda meridianamente clara la importancia del arte cristiano. No se puede entender el arte sin lo que es el cristianismo.

Evidentemente. Aparte de la formación que tenía mi padre, yo sigo la herencia religiosa de mis padres. El arte siempre ha tenido un sentido de la divinidad, empezando en el arte paleocristiano, romano…, hasta el siglo XX. El libro es una historia del arte, también por lo tanto del arte religioso que, con altibajos, ha habido en nuestra comunidad, en las tres provincias.

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