María José fraile | 30-01-2013

Merche Murgui en su restaurante. (Fotografía: Alberto Saíz)


Cuando en el 2008 abrió su restaurante, Mercedes Murgui no dudó en pedir que el local fuera bendecido ni en colocar la fotografía en la que está junto al beato Juan Pablo II, al que le tiene mucha devoción. Merche, como le gusta que la llamen, es empresaria y de esas personas que no esconde sus raíces católicas, su fe y su estrecha pertenencia a la Iglesia.
– Tiene una fotografía con el beato Juan Pablo II a la entrada de su restaurante. ¿Alguien le ha hecho algún comentario negativo al respecto?
– Sólo ha habido una mesa con dos personas que en el tiempo que llevamos abiertos ha hecho un comentario de ese tipo a uno de los camareros diciéndole que no les parecía el lugar adecuado para tener esa fotografía. No le contesté porque no se dirigió a mí directamente, pero sinceramente, tampoco me importaría mucho si no quisiera volver por ese motivo.
-¿Y ha recibido comentarios amables por tenerla ahí colocada?
-Sí. (Sonríe) Esas veces han sido las más frecuentes. No escondo mi fe y creo que es por esto por lo que la gente, mis clientes, me ha dicho ya en varias ocasiones que se encuentran muy a gusto en mi restaurante. Dicen que es porque hay muy buen ambiente y porque tenemos la misma manera de pensar. Y eso me llena de satisfacción.
– Hábleme de esa fotografía. ¿Cuándo se la hizo? ¿Qué momento recoge?
– Esa fotografía es un recuerdo de una de las veces que fui a verle a Roma. Nos la hicieron en enero del 2002, en la sala de audiencias del Vaticano, y en ella Juan Pablo II estaba muy malito. La foto recoge el momento en el que saludo al Papa. Junto a mí estaba mi hermano y detrás, mi marido. Esa foto la tengo colocada en casa.
– Dice que saludó al papa Juan Pablo II en varias ocasiones.
– Sí. La primera vez que le vi fue en Madrid, en el Encuentro de la Juventud. Fue a la salida del estadio Santiago Bernabéu. Allí, sin saber cómo, me lo encontré de frente y me saludó. Luego, como te digo, han sido varias las ocasiones que le pude saludar, todas ellas gracias a mi hermano, Salvador. Recuerdo con mucho cariño cuando le vimos en 1988, en un viaje en el que nos llevamos a mi tía-abuela. Después de muchas vicisitudes y de que el día anterior hubiéramos estado en las audiencias en la sala de Pablo VI, nos recibió en su casa.
– ¿Qué ha recibido de Juan Pablo II?
– Sé que está siempre conmigo, y me da mucha tranquilidad, sobre todo en los momentos más difíciles que he vivido. Y sinceramente pienso que si no hubiera sido por las fuerzas que él me ha dado ahora yo no estaría aquí, porque en el anterior trabajo lo pasé muy mal. Todos los días le pedía a Juan Pablo que me ayudara a salir adelante, y mira aquí estoy ahora. La fe lo mueve todo.
– ¿Cuál es su relación con la Iglesia?
– Soy creyente y siempre he formado parte de ella. He sido catequista de niños de Primera Comunión hasta el año pasado. También he estado en el Consejo de Pastoral, limpio la iglesia, pongo flores, ayudo a los sacerdotes en lo que necesitan y pertenezco al coro de mi parroquia, Santa Bárbara de Casinos, en el que por cierto me dicen que me echan en falta porque desde que he abierto el restaurante no voy a cantar con ellos todos los domingos que a mí me gustaría. Los domingos por la tarde suelo ir a misa al Patriarca, aunque hay veces que también acudo a San Juan del Hospital.
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