Enrique Molina, misionero valenciano en Nicaragua.

C.A. | 26.11.2020
Más de 8.700 kilómetros separan a la localidad valenciana de Anna de la de Comalapa, en el departamento de Chontales de Nicaragua, pero durante un año han estado unidas, a pesar de la distancia, compartiendo un proyecto misionero a través de la Fundación Ad Gentes del Arzobispado.


Con ayuda de los fieles de la parroquia Inmaculada Concepción, de Anna, la parroquia de San Patricio, regida en Comalapa por el misionero valenciano Enrique Molina y que acoge a más de 8.500 feligreses, 6.000 de ellos de comunidades rurales, ha podido levantar un edificio para celebrar retiros, talleres y formación para las Comuniones y Confirmaciones.


Cada aportación ha sido “un milagro y una gracia de Dios” y se ha convertido, ladrillo a ladrillo, en unos salones parroquiales que son ya una realidad, según explica Enrique Molina, que ha querido agradecer en persona toda esta solidaridad en una visita realizada el pasado fin de semana a la parroquia de Inmaculada Concepción de Anna.


En este encuentro “pudimos vernos las caras, aunque ya nos conocíamos porque durante un año hemos compartido vídeos, fotos y mensajes por Facebook y WhatsApp entre las dos parroquias, y celebramos dos misas de acción de gracias por toda la ayuda recibida de Anna, con la presencia también del anterior párroco, Joaquín Civera, impulsor de esta iniciativa misionera”, destaca el misionero valenciano.


Respuesta de los jóvenes
Todo comenzó por una llamada a la participación que realizó Civera siendo párroco de Anna. El grupo de la Cáritas parroquial era reducido y estaba formado por personas muy mayores: hacía falta que los jóvenes se implicaran, y lo hicieron.
De esta forma “la parroquia unió a 30 personas con vocación de ayudar y, una vez cubierta la demanda de las familias con necesidades en el pueblo, decidimos realizar un año misionero, tras la convocatoria del mes misionero por el papa Francisco, y a través de Ad Gentes contactamos con la parroquia de Enrique Molina en Nicaragua y comenzó la experiencia”, subraya Civera, que ahora es párroco en Albalat de la Ribera y Polinyà del Xúquer.


Así, lo que comenzó como un proyecto de Cáritas “se extendió a toda la parroquia y todos se involucraron, las cofradías, Juniors, grupos de Catequesis y Confirmación”, no sólo organizando actividades para recaudar dinero y enviarlo sino también fomentando la comunicación entre las dos parroquias.


Durante este año “los niños de una y otra parroquia se han enviado fotografías de cartas, escritas a mano, a través de WhatsApp y los vídeos que Enrique y feligreses de San Patricio nos enviaban por Facebook los veíamos en las celebraciones en la parroquia de Anna, en la pantalla que hay en el templo”, apunta Civera.


En definitiva, para ambas parroquias, a un lado y otro del Atlántico, la experiencia ha sido “muy enriquecedora, por eso en las misas del sábado las personas que acudieron estaban contentas de ver a Enrique, quien, además, es natural de la localidad vecina de L´Alcúdia de Crespins”, concluye el párroco.


Objetivo: colaboración
Como muestra de agradecimiento, el misionero Enrique Molina regaló a la parroquia de Anna un copón de madera hecho a mano por artesanos de Nicaragua. Pero quien se llevó una sorpresa fue él porque, al finalizar las celebraciones, muchos de los feligreses le entregaron donativos -uno de 1.500 euros, de un particular anónimo- para sufragar las obras pendientes en San Patricio.


Gracias a estas donaciones “ahora podemos realizar la instalación eléctrica en los salones parroquiales, ya que hasta ahora no hemos podido y todas las actividades las hacemos a la luz del día”, indica el misionero, que precisa que el edificio “cuenta con lo básico pero faltan muebles, baldosas, ventiladores, entre otras cosas”.


Por tanto, su labor misionera continuará cuando regrese a Comalapa, tras pasar unas semanas en Valencia. Vuelve con los frutos recogidos tras un año de colaboración misionera parroquial y todo su agradecimiento entregado y con la firme intención de que esta iniciativa se prolongue.


“Nos gustaría seguir manteniendo el contacto con Anna y su parroquia, y que el proyecto siga adelante, y parece ser que el administrador parroquial actual también quiere mantenerlo, ojalá sea así porque necesitamos esta ayuda y toda la que quieran prestarnos las parroquias de la diócesis a través de la Fundación Ad Gentes”, expresa.


Sólo estaban las paredes
Tras haber sido párroco de otra parroquia nicaragüense durante 13 años, Molina comenzó hace dos años su misión al frente de San Patricio, en Comalapa, cerca de la ciudad de Juigalpa. Cuando llegó a este municipio se encontró “un templo en el que sólo estaban las paredes y parte del techo”.


En estos dos años ha conseguido completar las obras en el templo parroquial, acondicionarlo con muebles, electricidad, puertas y ventanas, y con la construcción de un muro perimetral, y todo gracias a la colaboración del Arzobispado de Valencia, a través de Ad Gentes, entre otras entidades.


En el proyecto de los salones parroquiales han participado, además de la parroquia de Anna, la de La Pobla de Farnals y la de su pueblo natal, L´Alcúdia de Crespins, junto con muchos amigos y conocidos de Molina en la diócesis de Valencia.

  • INFO
    Fundación Ad Gentes
    96.392.24.12
    adgentes@fundacionadgentes.org