«Ven a mí, te estaba esperando… No temas, te amo»
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Esta pasada Vigilia Pascual, ochenta y cuatro hermanos de dos de las comunidades neocatecumenales de Sto. Tomás Apóstol de Valencia, pudimos renovar el bautismo en la catedral, presididos por el arzobispo don Antonio Cañizares. Fue la culminación de una cuaresma en la que estuvimos muchas noches reunidos dando gloria cada hermano por lo que el Señor había hecho en su vida. Ha sido un largo camino de 25 años, en los que hemos ido creciendo en la fe, celebrando eucaristías, alimentándonos con la palabra de Dios y compartiendo la vida.
Todavía sorprende ver el poder del Espíritu Santo que ha unido a gente tan distinta, de edades muy diferentes, unidos únicamente por Cristo. Hemos vivido con los hermanos las alegrías, llorado con ellos las penas, los hemos acompañado en todas sus celebraciones y hemos visto incluso morir a algunos aferrados a Cristo, dándonos un increíble testimonio a todos. Siempre hemos estado acompañados por el Párroco y los catequistas, que nos han animado como hermanos mayores en la fe, a buscar siempre a Cristo. Es grande la gratitud que sentimos hacia ellos.
Hemos visto en esta Parroquia la cara amable y bella de la Iglesia, que hemos descubierto como madre que nos acoge, haciendo de esta, nuestra verdadera casa.
Pero esta magnífica vivencia de la renovación del bautismo, no terminó en la vigilia, sino que iba a culminar con la peregrinación que este pasado mes de septiembre hemos hecho a Tierra Santa. Un broche que ha superado todas nuestras expectativas. Ha sido la vivencia de sentir que el Amado te estaba esperando para desposarte en cada lugar por el que Él había caminado.
Hemos visto la humildad con la que quiso encarnarse en Nazaret. Lo hemos acompañado en su nacimiento en Belén, nos ha llamado junto a sus discípulos en Cafarnaúm, hemos navegado con Él por el Mar de Tiberíades, impresionados en el Huerto de los Olivos, testigos que fueron de su oración en soledad y abandono, lo hemos acompañado en su peregrinación por Galilea, le hemos visto en el monte de las Bienaventuranzas, en el monte Tabor, y en su pasión y muerte en Jerusalén.
Ha sido algo que supera con mucho el sentimiento, que también hemos tenido, pero que sobre todo te llena de fe y amor a Cristo. Hemos podido revivir en los lugares sagrados todas las palabras que nos han acompañado durante todos estos años de camino, y que se nos han quedado grabadas como un sello, pudiendo también nosotros declararle a Él nuestro amor.
Queremos dar gracias a Dios por su fidelidad para con nosotros a pesar de nuestra pequeñez. Nos ha amado hasta el fin sin pedirnos nada a cambio, todo gratuitamente. Es por esto, que sin lugar a dudas todos podemos cantar las palabras del salmo 15 que dice: «me ha tocado en suerte un lote hermoso, me encanta mi heredad».
Los hermanos de la 6º y 7º comunidad de Sto. Tomás Apóstol y S. Felipe Neri.