Tiene 96 años y cumple 75 de entrega a los enfermos como Sierva de Jesús “muy feliz” Bodas de diamante de sor Ángeles Arancón, y de la propia congregación en Valencia

L.B. | 21-06-2018
La hermana Ángeles Arancón Vellosillo tiene 96 años aunque a simple vista, nadie lo diría. Sin apenas arrugas, se mueve con pasitos cortos y rápidos sin necesidad de apoyarse en ningún bastón, y habla con voz firme y potente, aunque a veces los recuerdos y, sobre todo, las fechas se entremezclan en su memoria. El próximo sábado 30 celebrará el 75 aniversario de su consagración religiosa como Sierva de Jesús. Ese mismo día, la congregación celebrará también el 75 aniversario de su llegada Valencia. Por ambos motivos habrá una misa de acción de gracias a las 11 horas, en la capilla de la comunidad.

‘Mi arma’
Nacida en Soria, la hermana Ángeles pasó su infancia y juventud en Logroño. Allí ingresó en las Siervas de Jesús con 21 años. “Ya antes de entrar en el convento yo era muy beatona, me gustaba mucho ir a la iglesia y tenía muchas ganas de estar con las monjas”, explica con humor. Las Siervas tenían una casa en Logroño. Allí las conoció. “Me encantaban las Siervas de Jesús. Las conocía, tenía amistad con ellas y me gustaba cuidar enfermos”, manifiesta, y recuerda que “ya de pequeña decía que si alguna vez era monja, me iría con ellas. Dios me las puso en el camino”.

A pesar de ser de una familia muy cristiana, a Ángeles le costó dejar a su madre, que ya era mayor, al cuidado de su cuñada.
Al principio estuvo destinada en Neguri, cerca de Bilbao, donde atendía a enfermos a domicilio. De allí y antes de venir a Valencia, pasó a Sevilla. Atendía a enfermos en domicilios, clínicas y hospitales. Fue precisamente en Sevilla donde adquirió la costumbre de dirigirse a todo el mundo como ‘mi arma’ (mi alma), por eso ahora mucha gente le llama a ella ‘mi arma’. “Hay quien ni siquiera sabe mi nombre”, comenta.

Y, por último, vino a Valencia “creo que hace más de 50 años”, trata de recordar. Aquí, comenzó velando enfermos por las noches en la Clínica de la Esperanza (hoy, Quirón). Sor Ángeles era entonces la jefa. “Siempre he sido muy mandona”, reconoce entre las risas del resto de hermanas de comunidad. Las Siervas de Jesús tenían a su cargo cuatro pisos en la clínica y ella pasaba revista. “A todos llamaba la atención lo cuidadas que tenía todas las cosas”, destaca la superiora, madre Sagrario.

Especial con los niños
Cuando la congregación dejó la clínica, sor Ángeles pasó a atender mayores y, principalmente, a niños que se le daban especialmente bien. “Es natural y sencilla. Siempre le han gustado los niños. Los ve por la calle y se para con ellos”, indica la hermana Guadalupe. “Nunca se me ha hecho nada difícil pasar la noche con los enfermos. Me gustaba, disfrutaba”, apostilla la hermana Ángeles. Y la superiora subraya “el gran amor por los enfermos” que tiene la hermana Ángeles, quien sólo dejó de atenderles por motivo de la edad.

A pesar de todo, el resto de hermanas reconoce que sor Ángeles sigue siendo muy activa y se ofrece cuando ve que entran muchas peticiones de asistencia; acude a la puerta si llaman, para saludar y hablar cuando alguien llega; o se acerca a la cocina para echar una mano y charlar con la cocinera. “Estoy bien, tengo salud y he trabajado toda la vida…”, replica con auténtica humildad.

Pero tiene una dedicación especial que antepone a todas las demás: sor Auxilio, enferma de Alzheimer a quien sor Ángeles cuida, acompaña y ayuda continuamente. “Se cogen del brazo, la baja y pasean. Cuando sor Ángeles no está, notas que la hermana Auxilio está más nerviosa”, explica la madre Sagrario.

Cariño recíproco
“Adonde quiera que ha ido le han querido”, reconocen sus hermanas de comunidad. “Cuando salimos con ella a la calle hemos de tener mucha paciencia porque todo el mundo la detiene para hablar. Todos la conocen y hay quien aún recuerda que sor Ángeles le cuidó cuando era pequeño”, explica la hermana Guadalupe. “Me quieren mucho, pero yo a ellos también”, aclara la hermana Ángeles.
“He sido muy feliz -dice sor Ángeles-. Si volviera a nacer, entraría otra vez. He trabajado mucho muchos años y siempre contenta. Y he tenido mucha suerte con mis hermanas de comunidad, que siempre me han cuidado mucho”.
Consciente de que las vocaciones están muy difíciles, a los jóvenes siempre les aconseja que “se entreguen de lleno, que no se anden a medias, porque para ser feliz plenamente, hay que darse de lleno”. Y la madre Sagrario concluye destacando que “hay una felicidad grande en nuestro trabajo”, por eso, “invitamos a la gente joven a que venga a conocernos”.
Las Siervas de Jesús, extienden la invitación a todo el que quiera acercarse el próximo sábado 30 para compartir con ellas la alegría de la celebración de este doble 75 aniversario, a la que está previsto que asistan Siervas de Jesús de Castellón, Alicante, Murcia y Madrid.