Redacción | 02-10-2015
Durante su viaje a Estados Unidos, el papa Francisco pidió en el Capitolio la abolición mundial de la pena de muerte. Además, ante la ONU reclamó un “absoluto respeto de la vida en todas sus etapas” y en el Encuentro Mundial de las Familias pidió que cada hogar se abra “a los milagros del amor”.

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En el que fue el primer discurso pronunciado por un papa en el Congreso de los Estados Unidos, el papa Francisco pidió la abolición mundial de la pena de muerte, una práctica que sigue vigente en 31 estados de esa nación. Ante más de quinientos parlamentarios y representantes del Poder Ejecutivo y Judicial, el Pontífice pidió defender la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural. “La regla de oro [expresada por Jesús en el evangelio] nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo”. En ese contexto es en el que afirmó que “esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte”.
El Papa recordó que los obispos estadounidenses han pedido que sea abolida la pena de muerte. “No solo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación”, señaló.
Amenazas a la familia
Francisco expresó también su preocupación porque el matrimonio y la familia están siendo amenazados “desde el interior y el exterior”. En este sentido, “las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia”. Ante ello, aseveró: “No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia”.
Cuidar a los inmigrantes
“Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes”, dijo el Santo Padre al abordar este tema candente en la sociedad norteamericana. El Papa recomendó tratar “a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados”.
El mundo afronta “una crisis de refugiados sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial”, con “grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar”, describió. A ello se suman “las miles de personas que se ven obligadas a viajar” hacia el norte de América buscando una vida mejor. “¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación”, se preguntó.
“Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste”, advirtió. Y concluyó: “Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros”.
Cuba y el tráfico de armas
En una referencia al avance de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, Francisco reconoció los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que están ayudando a “superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado”.
Y en referencia a la figura del político en general destacó que debe ser un agente de diálogo y de paz y estar determinado a atenuar los conflictos armados. En este punto señaló el problema que genera la venta de armas letales y pidió terminar con su tráfico, que lleva consigo “un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente”.

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