CARLOS ALBIACH | 22-12-2017

En el festival participaron varios grupos de diferentes procedencias. J.PEIRÓ


El salón de actos de Ciudad de la Esperanza (CIDES) se vistió de gala para celebrar la primera edición del Festival de las Naciones. La banderas de 35 países, que adornaban sus paredes, ya reflejaban la gran variedad de culturas que conviven en este centro situado en la localidad de Aldaia y que acoge a más de 150 personas sin hogar.
Minutos antes del comienzo el ajetreo era constante entre los acogidos, que repasaban con nervios sus actuaciones. También se respiraba expectación entre las voluntarias de la Universidad Católica de Valencia, que todos los jueves acuden a CIDES a realizar diversos talleres como habilidades sociales, clases de español, informática y deportes, entre otros. Estas voluntarias fueron las promotoras del festival. De hecho, con este evento culminaban un taller de interculturalidad en el que han participado los usuarios para conocer y compartir sus diferentes culturas y facilitar y fomentar una mejor convivencia.
Los primeros en pisar el escenario fueron algunos de los residentes que provienen de Hispanoamérica. La voz cantante la llevaba uno de los usuarios procedentes de Argentina, que antes de arrancarse con ‘Pájaros de barro’ de Manolo García aprovechó la ocasión para dar las gracias a todos los que en CIDES les ayudaban “a volver a tener esperanza”. “Nuestra esperanza es volver a ser nosotros mismos, volver a la sociedad. De ahí que aquí nos ayuden a integrarnos emocional y afectivamente y también laboralmente”, destacó.
Tras los latinoamericanos fue el turno de los procedentes de Europa del Este. Aquí fue el gran momento de los solistas, puesto que varios de ellos se atrevieron con una canción en su lengua. Pero también los hubo más atrevidos como un ucraniano que se atrevió con ‘Geografía’ de La Oreja de Van Gogh. También tuvieron su momento de protagonismo los marroquíes y los argelinos, que dieron a conocer a todos los presentes algunas de sus canciones más típicas.
Una tarde de convivencia, donde hubo momentos de risas entre ellos, como cuando recordaron las canciones que utilizan para aprender español. Dentro de los actos también organizaron una exposición con fotografías y artículos de los diferentes países. Además, compartieron todos una merienda.
El sacerdote Vicente Aparicio, director de CIDES, recordó a los residentes que el objetivo de la institución es que “mientras estéis aquí estéis de la mejor manera posible y que esto sea una gran familia y que estéis unidos”. “Jesús viene a mendigar nuestra respuesta de amor”, añadió,
Detrás de cada uno de los residentes hay historias muy duras que les han llevador a vivir en la calle. Es el caso Bamba, de 24 años y de Costa de Marfil, que llegó a CIDES hace tres meses tras llegar a España en una patera. “La vida era muy dura allí y mi única esperanza era vivir en España”, relata. Este joven reconoce que “está contento con la ayuda que recibe en CIDES”, donde se preocupan mucho de él y le dan comida y ropa. O como Pietro, de Ucrania, que llegó hace una semana al centro para salir adelante tras dejar su país natal por problemas familiares. “Es estar aquí, que se está muy bien, o en la calle”, apunta.
CIDES es una asociación benéfico-social sin ánimo de lucro de la Iglesia en Valencia, declarada de utilidad pública, que cuenta con la colaboración de Cáritas Diocesana de Valencia y la UCV, entre otras entidades. Para más información sobre CIDES pueden consultar la página web www.ciudaddelaesperanza.org.