BELÉN NAVA / MARTA ALMELA | 21-05-2015
besamanosUn beso de gratitud, un beso de petición, un beso de amor a la madre…y que mejor beso que el sale de los labios de un niño. Un beso puro que ofrece lo mejor de su corazón limpio e ingenuo. Nuestros pequeños, lo mejor de nosotros, de cada una de nuestras familias, lo más valioso que tenemos es lo que miles de valencianos le ofrecieron a la Virgen de los Desamparados en el besamanos a la patrona de Valencia, ante su imagen procesional.
Y es que este año, y ya van 13, lo más destacado ha sido la presencia de los “pequeñajos” de la casa. El presidente de la Hermandad de Seguidores de la Virgen, Juan Arturo Devís, corroboraba este dato asegurando que “ha aumentado la participación de niños respecto a otros años”.
Carla, con tan sólo dos años, ya sabe que está ante “su otra madre…la que me cuida desde el cielo” y a ella le ha dado un besito y le ha cantado una canción junto con sus compañeritos de la Escuela Infantil Veo Veo de Torrent. “Pese a que tienen entre uno y dos años son muy conscientes de a dónde están yendo hoy”, asegura Amparo Simó, responsable de la escuela. Además, “proceden de familias muy devotas”.
Para cerca de 90 niños y niñas, de entre 3 y 5 años de edad, del Colegio La Purísima del Grao de Valencia, de las religiosas Franciscanas de la Inmaculada, esta es la primera vez que acuden al besamanos pero lo hacen “con mucha ilusión y alegría de participar en este acto tan emotivo”, indica Begoña, la responsable del grupo.
Sin embargo la más madrugadora este año ha sido Leyre, de dos meses de edad, en brazos de su madre que comentaba emocionada “cada año vengo al Besamanos y en esta ocasión, he presentado a mi hija ante la Mare de Déu”.
Y es que, la devoción que los niños sienten por la ‘Maredeueta’ ha sido transmitida por sus padres y por sus abuelos en casa, generación tras generación. Ellos, en otras ocasiones, han formado parte de esos miles de fieles que esperan desfilar antela Virgen para expresar con su beso el amor y la veneración a la Madre de todos los valencianos.
Como la casa acogedora, así es como Concha, una devota del barrio valenciano del Grao, de 73 años de edad, siente que es la Basílica. Y es que este año ha vuelto a ser la primera en entrar en el templo.
“La Virgen está preciosa”, comentaba Concha muy emocionada a la salida de la Basílica tras besar la mano de la Mare de Déu, a quien le pedía“por mis hijos, mi familia, en especial por mi nieta que está enferma y por todos los niños que sufren enfermedades raras”.
Marisa, vecina de la calle Sagunto, de Valencia, era la segunda en pasar ante la imagen de la Mare de Déu a la que le “lanzaba” una plegaria: “por mis hijos, mi nietos y todas las personas que tienen tanta necesidad”.
La imagen procesional de la Virgen de los Desamparados fue ubicada a la entrada del presbiterio de la Basílica en el centro del altar mayor, a la misma altura que las personas que se acercaban a besarle la mano. En esta ocasión, lució “un manto azul, donado ex profeso para esta ocasión por una familia valenciana”, indicó el rector de la Basílica de la Virgen, Juan Bautista Antón.
Los turnos de visitas se efectuaron con la mediación y atención de miembros de la Hermandad de Seguidores de la Virgen y de su Corte de Honor. Igualmente, todos los participantes recibieron -entre otros obsequios- una estampa nueva de la imagen original de la Virgen de los Desamparados, con una pequeña oración a la patrona en el reverso, con palabras del cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares.
De igual manera, el templo permaneció abierto hasta que finalizó el paso de los devotos, cuyo número el año pasado superó las 30.000 personas.
Mientras duró el paso de los fieles, la imagen original de la Virgen de los Desamparados que preside el altar mayor de la Basílica quedó girada hacia su camarín, donde tuvo lugar el culto ordinario durante todo el día.
Al cierre de la edición de PARAULA, el número de fieles que había pasado ante la imagen de la Patrona llegaba ya casi a la cifra del pasado año y, además, estaba prevista la participación del cardenal Antonio Cañizares a primera hora de la noche.

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