“Con Jordi he aprendido la importancia de comunicarnos y saber escuchar” Entrevista a Maider Fernández, directora del documental ‘Las letras de Jordi’, la vivencia de fe de un paralítico cerebral de 51 años, que se comunica con un cartón con letras, y su experiencia en Lourdes llegan al cine
Maider, la directora de la película, junto a Jordi en la residencia donde este último vive.

BELÉN NAVA | 16.07.2020

Nada le hacía pensar a Maider Fernández que ‘Las letras de Jordi’, su opera prima, que nació como un trabajo de clase, fuese a terminar recorriendo festivales de cine y estrenándose en las salas de toda España (en Valencia, el pasado viernes en los ABC Park). La primera película de esta directora vasca narra la experiencia del peregrinaje al Santuario de Lourdes de una persona de 51 años con parálisis cerebral que se comunica por medio de un cartón con letras, y precisamente esa comunicación es el eje vertebrador del film que distribuye en salas Márgenes con el apoyo de Bosco Films.

La primera pregunta es obligatoria, ¿cómo surge la idea de hacer esta película documental?

Estaba en Barcelona estudiando un máster y en las tutorías se trabajaba la vinculación personal que uno siente con el proyecto que estás desarrollando. En ese proceso me di cuenta de que me había pasado una cosa emocionalmente fuerte con la muerte de mi abuela. Pensé que era algo parecido a tener fe en Dios. Me centré en Lourdes y conocí a un grupo de peregrinos que viajan todos los años al santuario y allí encontré a Jordi. Eso me llevó a conocer la relación de Jordi con la fe y con Dios y con Virginia García del Pino elaboramos un guión que contara esta historia.

Es curioso ver como Jordi, a través de un simple cartón, con las letras del abecedario en él, nos dé una lección sobre la importancia de la comunicación.

Así es y lo que traté de reflejar en la película fue cómo fue mi proceso para poder comunicarme con él. Mi atención se centraba en su manera de mover su dedo sobre las letras así que en la película, al principio, los planos se centra en su mano sobre la tarjeta con las letras. Después, ya empecé a mostrar cómo era su cuerpo y sus gestos.
Mi intención es que el espectador no pueda verle hasta que no lo conoce. Su forma de pensar y expresarse va más allá de cómo es él físicamente. Cuando el plano se abre sientes que ya lo conoces. Jordi es una persona muy expresiva. Además, él necesitaba que yo dijese en voz alta lo que me iba contando. Necesitaba sentirse escuchado y entendido. Es una película sobre el lenguaje, y con Jordi he aprendido sobre la importancia de comunicarnos y, ante todo, de saber escuchar.

¿Fue difícil comunicarse con él?

La verdad es que fue un aprendizaje mutuo. Aprendimos poco a poco a entendernos y, sobre todo, a conocernos. El espectador se va a involucrar tanto en lo que ve que también se va a sentir igual de perdido como yo al principio, pero van aprendiendo conmigo, o como Jordi que se siente frustrado porque no me entero de lo que me quiere decir.

La película se articula en dos partes diferenciadas, por un lado el universo vital de Jordi y por otra parte el viaje del propio Jordi a Lourdes. ¿Cómo fue la experiencia en el santuario?

Viajé cuatro veces en total para poder captar toda la esencia de Lourdes. Yo ya había ido en una ocasión pero fue muy distinta a estas otras. En el primer viaje, me dediqué a conocer a la gente que trabaja allí, los espacios y los ritos que se realizan. En el segundo, intenté ver si podía “conectar” con el lugar. Y luego fui dos veces con Jordi, primero yo sola con él y luego con un equipo formado por Carlos Muñoz, el cámara, Amanda Villavieja, que hizo el sonido, y Alejandra del Barrio, que vino como ayudante.

¿Cómo es ver Lourdes a través de los ojos de Jordi?

Yo quería captar el sentimiento de los peregrinos y para ello potencié más lo estético. Las luces, el murmullo del agua… Al final, Lourdes no se siente a través de mí, sino a través de Jordi y su devoción y eso lo podemos ver en la película cuando accede a la gruta y cuando cae en esa especie de ensoñación. El santuario de Lourdes es un lugar en que se entremezclan muchos sentimientos: hay gente muy creyente que anhela el tan ansiado milagro. También hay gente que sin ser católica, acude allí llamados por el carácter milagroso del agua. En definitiva, Lourdes tiene un poder transformador en el espíritu de las personas.

¿Todavía mantienes contacto con Jordi?

Sí, aunque la situación ya no es la misma porque ya no lo visito todas las semanas como cuando estaba rodando, pero hablamos por mail. Con Jordi he aprendido a conocer qué cosas me importan a mí, entre ellas, a pasar más tiempo con las personas.

Tras esta experiencia, ¿en qué estás trabajando?

En otro proyecto con Lourdes como protagonista. Fue un descubrimiento que hice en medio de la película. Existe un comité de médicos que se dedica a constatar si las curaciones que se realizan en el santuario son un milagro o se puede explicar a través de la ciencia. Me interesó el tema y en eso estamos además de otros proyectos con otros amigos cineastas.