EVA ALCAYDE | 26-04-2018

La religiosa Verónica Berzosa desplegó todo su carisma en Valencia. (FOTO: ALBERTO SÁIZ)


Verónica Berzosa es una mujer profundamente enamorada de Jesucristo. Se le nota cuando habla, en sus gestos, en la pasión de su voz y en la vehemencia de su expresión. Pero sobre todo se trasluce en las palabras que elige para transmitir lo que siente.
La religiosa habla del fuego de Jesús, de corazones ardientes, de conquistas, de abrazos salvadores, de unión, de amor… y deja a todos con la boca abierta y el ánimo encendido.
La fundadora de la congregación de vida contemplativa ‘Iesu Communio’ estuvo la pasada semana en Valencia, en la inauguración de los ‘Diálogos de Teología Almudí’, organizados por la Biblioteca sacerdotal Almudí, y ofreció una conferencia con el título ‘Testigo de muchos síes’.
Se dirigió directamente a los sacerdotes y seminaristas y les habló de ese enamoramiento, ya que “es imposible sostenerse feliz en el sacerdocio o en la vida consagrada sin tener un gran amor en el corazón”.
“Cristo conquistó el corazón de los discípulos. Fueron imantados por la belleza, la verdad y la bondad de su persona. El enamoramiento no es algo que se decide, sucede, acontece, es un vuelco del corazón”, expresó.
Para que la lámpara nunca se apague
Para cuidar que “la luz de nuestra lámpara nunca se apague”, la fundadora de ‘Iesu Communio’ habló de algunas claves.
Sobre la crisis sacerdotal señaló que “ha dejado de existir la oración callada y silenciosa, y que ésta ha perdido su empuje interior”. También subrayó que “a veces nos preocupamos tanto de la sed de los otros que nos olvidamos de la propia sed. Vivimos queriendo sanar a otros y somos nosotros quien necesitamos curación”.
“Queridos seminaristas no os asustéis”, les dijo y les invitó a “dejar que venga a nosotros su reino. No estás lejos del Reino, podría decirnos Jesús hoy, pero ¿estás dentro? ¿Me sigues?”
También les ofreció un valioso consejo: “todo debería ser entregado, también nuestros talentos y capacidades que podrían esclavizarnos si no se ponen al servicio de la Iglesia”.
Despertar vocacional en Valencia
Verónica Berzosa habló también de Eucaristía, como abrazo esponsal, y resaltó que “donde hay Eucaristía no hay decaimiento”.
La religiosa relató el despuntar de su vocación, precisamente en Valencia, durante la ordenación sacerdotal de su hermano que celebró Juan Pablo II en el paseo de la Alameda, el 8 de noviembre de 1982. “No se limitó a celebrar la Eucaristía, él era Eucaristía con Jesús. Me fascinó. Me cautivó. Fue un terremoto de gracia en plena adolescencia, mi corazón quedó tocado y comprendió el gozo incomparable de la vida cristiana. Me fue evidente viendo un testigo de Cristo”, relató la religiosa con gran emoción.
Otro momento importante en su vida, que compartió Verónica Berzosa con todos los presentes fue vivir de la Eucaristía. “El amor estaba ahí en cada Eucaristía y yo no lo veía, hay un abrazo esponsal en la Eucaristía”.
“La revolución de mi vida fue el impacto de tener fe. Creo firmemente que este pan es el cuerpo de Cristo, no puedo mirar sin creer”, aseguró y exclamó ¡Qué misterio el don de la fe!, ¡qué misterio ser cristiana, es impresionante! Cómo se me grabó el chasquido del pan partido, un sonido que hace estremecer a toda la Iglesia. La Eucaristía es el más acabado de los abrazos salvadores, el beso de resurrección”, señaló.
Entre otros aspectos también habló de la importancia de la dirección espiritual, de la comunión como misión y de la situación actual de los jóvenes, “encerrados en sus circulos infranqueables, que necesitan el encuentro personal con el sacerdote”.