Es antiguo alumno del colegio El Pilar de Valencia y profesor en sus aulas durante más de treinta años. Ha sido director de ESO y Bachillerato y responsable de la animación pastoral del centro. Ha enseñado matemáticas, ciencias, informática, tecnología… pero también ha educado a miles de alumnos para ser personas auténticas, críticas, transparentes y comprometidas con la verdad. Rafael Corell fue distinguido como el ‘Mejor Docente’ de España de los Colegios Marianistas.
EVA ALCAYDE | 27-09-2018

Rafael Corell fue distinguido como el ‘Mejor Docente’ de España de los Colegios Marianistas. (FOTO: V.GUTIÉRREZ)

Rafael Corell es uno de esos profesores que dejan huella en sus alumnos. Él lo sabe, pero le resta importancia, igual que al reconocimiento que recibió el pasado curso como ‘Mejor Educador’ de los Colegios Marianistas de España.
Es profesor del colegio El Pilar, de Valencia.“Es un honor que te reconozcan tu labor -dice sin excesiva convicción-, pero es que en este colegio, y en los 17 marianistas que hay en toda España, hay docentes buenísimos y mucho mejor preparados que yo…”
En su caso, la modestia le gana la partida al orgullo. Pero quienes le conocen, especialmente quienes le han tenido como profesor, dicen que roza casi la perfección en sus explicaciones de pizarra, en las que aprovecha hasta el último rincón del encerado.
Es un trabajador incombustible, profesor con gran vocación, de paciencia infinita, compañero cercano y siempre dispuesto a ayudar. Destacan de él su gran disponibilidad a aceptar una misión y su capacidad de adaptarse a los cambios. Pero son su bondad y su humanidad las cualidades que le convierten en un ejemplo para todos.
¿Enseñar o educar?
Rafael Corell es antiguo alumno del colegio Nuestra Señora del Pilar, de Valencia, y profesor en sus aulas durante más de 30 años. Ha sido director de Secundaria y Bachillerato y ha trabajado también en la animación pastoral del colegio.
Por eso comparte y vive los rasgos de la pedagogía marianista como si fueran los suyos propios. Defiende la educación integral y de calidad, apostando por la dignidad de la persona y prestando atención singular a cada alumno. Le gusta interpelar a sus chavales, para que tomen conciencia de su responsabilidad en el mundo, le gusta tratarlos de forma cercana, familiar y cordial y le gusta inculcarles el pensamiento crítico, formando su capacidad de discernimiento.
Pero lo que más le gusta a Rafa es enseñar a sus alumnos a ser personas, “educarles para vivir en la verdad, con autenticidad y trasparencia, que crezcan en todas sus dimensiones y capacidades”, explica. Para él enseñar es “transmitir conocimientos” y educar es “llegar al corazón de la persona”. Y eso es lo que le más gusta hacer.
Para ser honestos, también reconoce que la suya es una profesión con mucho desgaste. “Nos llevamos mucho trabajo a casa”, admite y no se refiere solo a prepararse las clases o a corregir exámenes, “también los problemas que te plantean los chavales te los llevas a casa”.
“Cuando ves que un alumno no va bien en clase, hablas con él y rascas un poco, descubres una historia detrás que lo explica. El educador tiene que darse cuenta de eso, tener un sexto sentido, una sensibilidad especial por el otro y capacidad para acercarse, preguntarle y establecer un vínculo”.
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