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Sacerdotes y fieles adoran de rodillas al Santísimo en la catedral de Valencia el pasado lunes. Foto: Alberto Sáiz


E.M. / L.A. | 09-07-2015
La profanación perpetrada el pasado día 1 en la capilla del hospital Arnau de Vilanova, donde fue robado el sagrario, con formas consagradas en su interior, causó una honda conmoción entre la comunidad cristiana de Valencia. La noticia corrió como la pólvora esos días por redes sociales como Facebook, Twitter o WhatsApp, lo que ayudó, junto a la naturaleza de los hechos, a generar una gran expectación entorno a la misa y acto de desagravio al Santísimo organizados en la Catedral el pasado lunes.
Más de mil personas llenaron la seo valentina, en una celebración presidida por el cardenal Antonio Cañizares. El arzobispo de Valencia explicó que “nos reunimos muy llenos de dolor, sencillamente para adorar al Señor sacramentado, para adorar a Dios, en gesto de adoración y de expiación, para pedir perdón y pedir al Señor que perdone a quien o quienes han llevado a cabo este crimen tan horrendo, en el fondo porque no saben lo que hacen”.
En su homilía, el purpurado advirtió también que la acción sacrílega es “en el peor de los casos, en odio a la fe que reconoce y proclama en las especies sacramentales la presencia real de Jesucristo, llagado, crucificado, entregado enteramente por nosotros los hombres”.
El Cardenal aprovechó para invitar a “reavivar el sentido de la Eucaristía, donde está el origen mismo de la Iglesia, y a adorar al Señor, porque ha sido verdaderamente ultrajado, aunque Él perdona en su infinita misericordia”. También se refirió a la situación actual “en este mundo nuestro, que necesita ser transformado en su raíz verdadera, porque hemos olvidado a Dios, a la adoración, para que no quepan actos tan dolorosos como el que esta tarde reprobamos, expiamos y por el que pedimos perdón”.
El cardenal Cañizares precisó, además, que “adoramos al Santísimo Sacramento para que quien haya perpetrado la profanación se convierta y encuentre la recta orientación tras el gravísimo pecado cometido, para que descubra la misericordia del Señor que va en su búsqueda como la oveja perdida, y para que nuestra vida sea un permanente acto de reparación por todos los abusos y pecados cometidos contra la Eucaristía”.
Acto de desagravio
Una vez concluida la misa, concelebrada por el obispo auxiliar de Valencia, monseñor Esteban Escudero, y una treintena de sacerdotes, entre ellos el capellán del hospital Arnau de Vilanova, Jorge Molinero, dio comienzo el acto de desagravio. Primeramente se realizó una exposición del Santísimo, que fue adorado en silencio por los participantes de rodillas. A continuación, comenzó una solemne procesión claustral con el Santísimo, portado por el cardenal Cañizares, a cuyo término, tuvo lugar la oración de desagravio, antes de finalizar con la reserva del Santísimo Sacramento.
Desempotrado de la pared
La desaparición del sagrario en la capilla del hospital Arnau de Vilanova fue descubierta en la tarde del pasado día 1 por una de las personas que colaboran con el capellán del hospital. Al parecer el sagrario, que contenía varias formas consagradas, fue desempotrado de la pared del presbiterio rompiendo los anclajes que lo sujetaban, según indicó a la agencia AVAN el capellán, Jorge Molinero. Nada más tener conocimiento de lo ocurrido, el sacerdote presentó la correspondiente denuncia ante la Policía.
El robo del sagrario con las formas eucarísticas es un “grave pecado” que implica la “excomunión automática” a quienes lo hayan cometido, según explicó durante el acto de desagravio en la Catedral el canónigo Jaime Sancho, quien también hizo un llamamiento a los autores: “Si nos escuchan, que entreguen las formas, incluso bajo secreto de confesión”.
Petición del Arzobispo a toda la diócesis: “Tengamos el respeto que merece la Eucaristía” Al término de su homilía en la Catedral, el arzobispo de Valencia hizo una petición expresa “desde aquí a toda la diócesis: que todos tengamos todo el respeto y toda la adoración que se merece la Eucaristía, que en las iglesias se guarde el silencio correspondiente, que se adore verdaderamente al Señor, que toda celebración de la Eucaristía sea, no sólo para el sacerdote, sino para todos, un acto de verdadera adoración al Señor, para celebrarla bien, como la Iglesia nos pide, y también que en nuestra diócesis se multipliquen más y más las capillas de adoración eucarística al Santísimo Sacramento”. Y añadió que “ésta es la reparación que Dios nos pide, y no solamente esta tarde sino día a día, viviendo el sentido de verdad que tiene la Eucaristía, que no es un acto de piedad sino que es el centro de nuestra fe, de donde brota también la fe”. El Cardenal concluyó sus palabras invitando a experimentar “la transformación que se opera en la Eucaristía, que es el paso del odio al amor, de la violencia al abrazo de paz, de la mentira a la verdad; es la transformación que necesitamos para ser testigos de Cristo, para llevar a todas partes su perdón y reconciliación y pedir la renovación de nuestra diócesis, para que no quepan más actos como el que estamos viviendo y sufriendo”.