El prior de la Comunidad de Taizé, durante una de sus meditaciones que tuvo lugar en la catedral de Valencia, en la que además participó el cardenal Cañizares. V.GUTIÉRREZ

El prior de la Comunidad de Taizé, durante una de sus meditaciones que tuvo lugar en la catedral de Valencia, en la que además participó el cardenal Cañizares. V.GUTIÉRREZ


M.J. FRAILE | 07-01-2016
Cada tarde, desde el lunes 28, dirigiéndose a los jóvenes participantes, el hermano Alois Loeser realizó meditaciones en cada uno de los cuatro lugares de oración común instando a los jóvenes a pensar en la paz, la reconciliación y la pluralidad.
“¿Sabemos que, como cristianos, tenemos un don específico para preparar caminos de paz y confianza en la Tierra?”. Ésta fue una de las preguntas que trasladó el prior de la comunidad ecuménica de Taizé, quien aseguró que “una comunión entre aquellos que siguen a Cristo puede llegar a ser un signo creíble de reconciliación en medio de la humanidad”.
Alois explicó que “la misericordia y la compasión son los valores del Evangelio que pueden ser una respuesta a los juicios que enfrentan nuestras sociedades y la misericordia y la compasión son capaces de desactivar la espiral de violencia entre los seres humanos”. Y añadió que “los españoles sois hijos espirituales de Teresa de Ávila, cuyo 500 aniversario estamos celebrando, y también de Juan de la Cruz”, que “despertaron una vida mística en España y ahora vuestra generación está llamada a iluminar en vuestro país el fuego de la fe renovada”. Por eso, “nos gusta venir a España para recibir este fuego, que puede quemar a lo largo de Europa y nos gusta venir a España para descubrir la rica diversidad de sus regiones”.
¿Aceptamos el pluralismo?
En otra de las meditaciones abordó la comunión entre los seres humanos. “No debemos permitir que el rechazo del otro entre en nuestros corazones, porque es la semilla de la barbarie”. Restaurar la fraternidad entre los seres humanos “es la única manera de preparar un futuro de paz”.
En este sentido, explicó que “nosotros, los cristianos formamos juntos la Iglesia visible, pero creemos que el Evangelio crea una comunión más amplia ya que en el corazón de Dios todos los seres humanos forman una sola familia”. Tras lo cual preguntó “¿Hemos aceptado plenamente el pluralismo de esta familia humana? Si no, no vamos a ser capaces de reclamar una fraternidad universal”. Al respecto añadió que “muchas personas se dan cuenta de que la fraternidad y la misericordia deben extenderse a nuestro maravilloso planeta, a toda la creación” ya que “la Tierra es nuestro hogar común y nuestra solidaridad con toda la creación es también una manera de buscar la paz”.
En este sentido, “la explotación de las riquezas de la tierra sin tener en cuenta la solidaridad con las generaciones futuras es una injusticia y muy egoísta, y todo el mundo puede contribuir a un futuro de paz, compartiendo y eligiendo para ello un estilo de vida sobrio”.
Además, invitó a los asistentes a “perseverar en la oración por la paz dedicando, cada domingo por la noche, media hora en silencio en una iglesia a orar por los países y los pueblos que sufren la violencia y también para dar la bienvenida a la paz de Cristo en nosotros”.
Signos de esperanza
El Hno. Alois recordó en varias ocasiones durante el Encuentro su estancia en Siria en Navidad y afirmó que “frente a la violencia, donde ocurra, algunos vienen a preguntar: ¿dónde está Dios? Dios está ahí, sufre con las víctimas y esto es para nosotros un testimonio de compasión y misericordia”.
A veces “nos dejamos hipnotizar por el miedo pero resistir al miedo no significa que tenga que desaparecer si no que no debemos dejarnos paralizar por él”. Tras este recuerdo, aseguró que “Dios no quiere la violencia, sino que Dios es amor, no sólo con palabras, sino con nuestras vidas” y ha destacado los “signos de esperanza que nos animan”, como son “las iniciativas de intercambio, que son cada vez más numerosas, por ejemplo, con los que conocen el calvario del desempleo, o con los migrantes”.
Al respecto, explicó que en Taizé “hemos instalado en nuestra colina a una familia cristiana de Irak y estamos ayudando a once inmigrantes musulmanes jóvenes, desde Sudán y Afganistán”.
“Como cristianos, queremos descubrir cómo Dios está presente también en otras religiones”, precisó al tiempo que subrayó que “junto a ellas debemos afirmar que es imposible justificar la violencia en nombre de Dios”.