EVA ALCAYDE | 21-09-2018

Blanca Bandín se encargó de las actividades del campamento de verano que Pastoral Penitenciaria llevó a cabo en la prisión de Picassent y en el que participaron un centenar de internos.

La primera vez que Blanca cruzó los muros de la prisión de Picassent para comenzar su voluntariado estaba muy nerviosa. Pensaba que iba a pasar mucho miedo y eso le inquietaba, pero la realidad es que se sintió bien. Los internos le hicieron sentir bien. “Lo que más impresiona es lo bien que te acogen”, dice.
Desde ese día han pasado ya seis años, y mucho trabajo y experiencias entre medias. Hoy Blanca comparte con los lectores de PARAULA esta foto. Es del campamento del pasado verano, dentro de prisión, cuando los internos le regalaron un ramo de flores y una emotiva carta expresando todo el agradecimiento que cabe en una hoja de papel. Y eso a Blanca le llenó.
“Ellos me han enseñado muchas lecciones y les doy infinitas gracias. Ahora veo la vida de otro color”, dice con la misma sonrisa que en la fotografía.
Inteligencia emocional entre rejas
Blanca Bandín Pizcueta tiene 25 años. Estudia Educación Social en la Universidad de Valencia. También estudió Integración Social y trabaja en un centro de menores en régimen cerrado. Vive su fe a través de una comunidad neocatecumenal en la parroquia San Jerónimo de Valencia.
Todos los viernes Blanca realiza en prisión un taller de Inteligencia Emocional y los domingos se ocupa de la formación religiosa. Además tiene tutorías asignadas, que suelen ser los sábados o los martes, cuando los internos piden hablar con ella, y se encarga también del campamento de verano.
Su labor la desempeña en el área de Preventivos, en módulo 27, el de jóvenes, y en el 24, el de reincidentes.
En el taller de Inteligencia Emocional ofrece a los internos herramientas para que se conozcan así mismos, para que sepan expresar cómo se sienten y valorar las cosas positivas de la vida, “que también existen aunque sea en la cárcel”, apunta Blanca que en cada sesión les pide que cuenten una cosa positiva que les ha pasado en la semana.
“Si les preguntas cómo están te responden sólo bien, mal, de puta madre o de puta pena, pero si les preguntas cómo se sienten, ya tienen que mirarse dentro y pensar”, dice la voluntaria que a través de juegos y dinámicas trabaja con los internos habilidades sociales como la comunicación, la empatía, la asertividad o la resiliencia, que es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas.
“¿Para qué vienes?”
Los internos no entienden que los voluntarios sean voluntarios y les sorprende mucho que desempeñen esa labor altruistamente, que alguien se preocupe por ellos y les ayude sin recibir nada a cambio.
“Para qué vienes”, le preguntan constantemente a Blanca. Y ella siempre les contesta que “para estar contigo, para ayudarte y darte dignidad”.
Para Blanca la vida en prisión es dura. “Muchos se plantean si merecen vivir o no, no encuentran sentido a sus vidas y las drogas y el suicidio son temas normales”, explica la joven, que percibe en los internos el miedo a no recibir el perdón, a sentirse juzgados fuera o a perder a sus familias.
Per eso es tan importante la labor del voluntario. “Muchas personas se hacen creyentes dentro de la cárcel, o se reencuentran con Dios, aunque en su cabeza no cabe que Jesús les puede perdonar sus delitos”.
Para Blanca la cualidad indispensables que debe tener un voluntario de prisiones es “creer en el perdón y en la condición humana”.
También saber escuchar y no juzgar. “Ellos necesitan contar sus historias, sus vidas y sus delitos, necesitan que les escuches porque saben que los voluntarios no les juzgamos. No somos sus amigos, pero sí sus hermanos”, asegura.
En los seis años que lleva de voluntaria en Pastoral Penitenciaria, Blanca ha aprendido muchas lecciones, pero la principal es no juzgar a nadie. “Mucha gente me reprocha que ayude a los internos cuando se merecen sus penas por los delitos que han cometido y yo siempre les digo que también hay que trabajar con ellas, también son personas y también se equivocan”, dice con rotundidad.