L.B. | 04-10-2019

Las religiosas celebraron su aniversario rodeadas de amigos y conocidos. (FOTO: REMITIDA)

Las Hijas de la Sagrada Familia llegaron en octubre del pasado año 2018 a Agullent y se establecieron en el antiguo convento de San Jacinto, que ahora recibe el nombre de monasterio de Belén de la Inmaculada. El pasado domingo, día de San Miguel Arcángel, patrono de la congregación, celebraron su primer aniversario rodeadas por los vecinos, amigos y conocidos de la localidad y de otras poblaciones cercanas, que les han acompañado y ayudado desde que llegaron.
“Fue una celebración sencilla y emotiva. Primero, en la iglesia del monasterio celebramos una misa de acción de gracias por este año y luego tuvimos un pequeño ágape”, indica la madre María Getsemaní.
La misa fue oficiada por Melchor Seguí, vicario episcopal, y en ella las familias tuvieron una participación especial ya que este monasterio “reza especialmente por la unión de la familia”, añade María Getsemaní.
En su homilía Melchor Seguí animó a tener conciencia “de lo grande que es tener al Señor expuesto continuamente entre nosotros” y tuvo unas palabras de agradecimiento a la congregación. Por su parte, las religiosas expresaron con una canción los sentimientos de la congregación hacia el pueblo.
Nuevas vocaciones
Desde su llegada hace ya un año, la comunidad está formada por ocho religiosas. A lo largo de este tiempo han ingresado en el monasterio dos chicas más que, tras participar en unos ejercicios espirituales y recibir una formación inicial, en este momento están haciendo el postulantado en Colombia.
“Además, hay varias chicas con inquietud que han venido a hacer una experiencia con nosotras o han participado en las jornadas vocacionales que ofrecemos en distintas fechas”, explica la M. María Getsemaní quien añade que este monasterio está destinado a ser casa de formación de religiosas, cuando surjan nuevas vocaciones.
Por otra parte, desde su clausura, las religiosas ofrecen acompañamiento espiritual a quien lo necesita, así como charlas sobre la Eucaristía y la Virgen a grupos de catequesis.
Adoración perpetua
Dado que el carisma de las Hijas de la Sagrada Familia es la adoración perpetua a Jesús Sacramentado, así como vivir y enseñar una profunda devoción a la Virgen, desde que se instalaron en Agullent, la iglesia del monasterio se ha convertido en una de las capillas de adoración perpetua de la diócesis.
“Al estar nosotras, la capilla se pudo abrir a pesar de que no se habían cubierto todos los turnos de adoración” y, aunque han podido observar que cada vez son más las personas que se acercan cada día para acompañar un rato al Señor, las religiosas siguen buscando adoradores que se comprometan a cubrir turnos “para que el Señor esté acompañado no sólo por las hermanas sino también por adoradores”. También son muchos los laicos que se unen las Hijas de la Sagrada Familia para vivir con ellas la liturgia de las horas o la eucaristía que celebran cada día a las 9 horas y los domingos, a las 11.
“Tenemos muchas expectativas de que, sabiendo el don tan grande que es la adoración perpetua, muchas personas vengan a acompañar al Señor”, subraya la M. María Getsemaní.
Tras este primer año, las religiosas no tiene más que palabras de agradecimiento. “Nos hemos sentido muy acogidas por todos. Vivimos de la providencia y, por la intercesión de san José, que nos ha asistido, no nos ha faltado nada, desde las cosas más pequeñas hasta las mas grandes. Nos han ayudado mucho”. A su vez, la presencia de las religiosas en el centro de Agullent ha sido también muy significativa para la población. Gracias a la recuperación del monasterio, vuelven a sonar las campanas antes de misa y se vuelve a celebrar la fiesta del Cristo de la Salud en la iglesia del convento, donde se encuentra su imagen.