Eva Alcayde | 30-03-2017
canasteraSe llamaba Emilia Fernández Rodríguez, se crió en las cuevas de Tíjola y no sabía leer ni escribir, pero pese a su sencillez se ha convertido en la primera mujer de raza gitana beatificada en el mundo.
La desconocida historia de Emilia se esconde en la lista de 115 nombres de “los mártires de Almería”. Tenía 24 años cuando entró en la cárcel de las Gachas Colorás, en Almería, y un bebé creciendo en su interior. Fue apresada por ayudar a escapar a su marido de los milicianos.
En la cárcel la gitana pasó hambre, pues el alimento era escaso, y ella recibía la misma ración que las demás pese a que llevaba un hijo en el seno. Así que algunas de sus compañeras compartían con ella los víveres que les llevaban sus familias.
Emilia se hace amiga de Dolores del Olmo Serrano, a la que pide que le enseñe a rezar. La gitana aprende algunas oraciones aunque no consigue memorizar las letanías en latín y sólo repite ‘Ora pro nobis’.
La directora de la cárcel, Pilar Salmerón Martínez, se entera de que la joven gitana ha aprendido a rezar el Rosario y la llama para que delate a su catequista. Le ofrece recompensas como mejorar su alimentación, interceder por su libertad o sacar a su esposo Juan de la cárcel. Sin embargo Emilia decide callar y no delató nunca a Dolores. Su castigo fue una celda de aislamiento, donde vivió el martirio que reconoce la Iglesia.
Allí enferma y en una fría noche de enero, de madrugada ya, Emilia la Canastera da a luz en la estera de esparto sobre la que duerme, con la ayuda de algunas reclusas. A la niña le ponen Ángeles. Un día después madre e hija son trasladadas al hospital, pero pese a las hemorragias de Emilia, las dos regresen a la misma celda unos días después.
Su salud empeora y el 25 de enero fallece. El certificado médico señala una infección fruto del parto, añadida a un cuadro de bronconeumonía.
“La Iglesia no considera mártir sólo a aquel que fue asesinado por vivir su fe, sino a quien, como Emilia, fue castigada dejándola morir”, señala José Juan Alarcón delegado episcopal para las Causas de los Santos de Almería.