La diócesis de Valencia pone en marcha una residencia hogar para 30 menores en Torrent

Acoge ya a adolescentes en riesgo de exclusión bajo tutela de la Generalitat

El hogar lleva el nombre de Mare de Déu dels Desamparats i dels Inocents.

REDACCIÓN | 23.01.2020

La diócesis de Valencia, a través de Cáritas Diocesana ha puesto en marcha una residencia hogar, en el término de Torrent, en la que ya se hospedan 24 menores de edad para responder a “las nuevas pobrezas emergentes desde el compromiso como Iglesia”, como ha destacado el obispo auxiliar de Valencia monseñor Arturo Ros, que ha estado por encargo del cardenal arzobispo, Antonio Cañizares, al frente de la puesta en marcha de este proyecto desde la idea inicial en 2017.

Está previsto que el centro, denominado Mare de Déu dels Desamparats i dels Inocents, pueda acoger hasta 30 niños, niñas y adolescentes, de entre 12 y 18 años, bajo la tutela o guarda de la Generalitat Valenciana.
El proyecto consiste en un centro de acogida residencial de menores que se encuentran en situación de riesgo y desamparo. Es pionero entre las diócesis españolas, e impulsa un modelo humanizador y totalmente innovador, aprovechando también las buenas prácticas existentes en este sector y, sobre todo, la experiencia de Cáritas en el ámbito de los servicios sociales.

Se trata de promover también un modelo que pueda servir de referencia para otros centros en el futuro por su filosofía e impacto.

4.000 menores en acogimiento residencial en la CV
La realidad de los menores en situación de riesgo y desamparo y que, por diversas circunstancias, no tienen cubiertas sus necesidades más básicas, ni tienen posibilidad de alcanzar un desarrollo personal y social adecuado tiene unas cifras elocuentes hoy y aquí, en nuestra Comunitat Valenciana: en el último año más de 4000 menores en acogimiento residencial. Según los datos de la última memoria publicada de Cáritas Valencia, un 36 por ciento de las personas beneficiarias de su atención en toda la diócesis son menores.

Así, el centro está pensado como un hogar para estos menores, que ofrezca acogida y convivencia, alojamiento y manutención, apoyo educativo y atención integral personalizada, en un ambiente familiar, que sea fuente de oportunidades. Por ello, está proyectado a la integración social e incorporación laboral de los acogidos.

Los acogidos son distribuidos en pequeñas unidades de convivencia con el objeto de crear un ambiente familiar. También será posible la prolongación de la estancia de los menores acogidos que, una vez cumplidos los 18 años, se encuentren dentro del Programa de Transición a la vida independiente y la emancipación de la Generalitat Valenciana.

CÓMO COLABORAR

RESIDENCIA HOGAR MARE DE DÉU DESLS DESAMPARATS I DELS INOCENTS

Caixa Rural de Torrent – Nº cuenta ES69 3118 2024 1627 20014644

“Soñábamos que esto sería algún día realidad…. y hoy es infinitamente mejor de lo que pensamos”

Entrevista a monseñor Arturo Ros, obispo auxiliar y promotor del proyecto

L.A. | 23.01.2020

A Don Arturo Ros, obispo auxiliar de Valencia, alma máter de este proyecto por encargo del Arzobispo, cardenal Antonio Cañizares, se le nota feliz en estos momentos, por lo que va a significar este centro para chicos y chicas que, por muy distintos motivos, carecían de futuro hasta ahora. Y es que se les abre una puerta a la esperanza con ayuda de la Iglesia diocesana, gracias a Cáritas y con el apoyo de la Generalitat, un ejemplo, en este caso, de colaboración al servicio del bien común.

-Se le nota muy contento, don Arturo.
-Hablar de estas cosas me produce felicidad, mucha felicidad. Porque vemos la luz de un trabajo muy largo, muy denso, muy necesario y que ya ha empezado a caminar.

-¿Qué es exactamente lo que se ha abierto en Torrent?

Es una residencia-hogar de acogida de menores en régimen de tutela. Está en el antiguo convento de las dominicas, en la Marxadella, en Torrent. El lugar es propiedad de la diócesis.

¿Por qué este centro para menores?
-Porque una de las pobrezas emergentes, graves, preocupantes hoy de nuestro mundo son los niños. Cada vez son más los que están en régimen de tutela y la experiencia de los últimos años de contacto y colaboración con algunos centros de menores nos motivó a responder como Iglesia a esta necesidad para que esos niños y adolescentes puedan tener un hogar, puedan tener estudios, puedan tener profesión; puedan sentirse queridos, acogidos, amados, acompañados; puedan vivir. ¡Puedan vivir! ¡Tienen derecho a vivir! Y a nosotros nos urge responder a sus necesidades a través de esta residencia-hogar de menores.

-¿Para cuántos menores se abre? ¿Cómo se va a gestionar?
-La casa ya funciona. Nos la acaba de autorizar la Conselleria de Polítiques Inclusives de la Generalitat Valenciana. Está autorizada la residencia. Hemos firmado un concierto con la Generalitat. Estamos ya en la Red de centros de menores.
La casa está preparada para poder acoger a 36 menores. Es verdad que la autorización es para 30 y que, actualmente, el concierto que se nos asigna para el años 2020 es para 24 plazas. Están casi ya cubiertas las plazas porque van entrando progresivamente los acogidos. He ido varias veces recientemente cuando están ellos y es emocionante ver la casa en marcha, funcionando y ver a los chicos por allí. Da mucha esperanza y mucha alegría. También muchas preocupaciones.

-¿De dónde proceden los chavales?

Lo desconocemos de antemano porque a los acogidos nos los asigna la Generalitat. Algunos son de aquí y otros son inmigrantes, porque tenemos proyecto migratorio. Pero, la acogida es a la persona, sin mirar procedencia ni ningún tipo de condiciones. Y en el deseo de acogerle y acompañarle no hay distinción en su procedencia y en su identidad. Y experiencia de estos pocos días -después de que empezáramos a acoger el 12 de diciembre- es que les ves sonreír, estar a gusto y contentos. Y eso da mucha alegría.

-¿Cuál es el origen de esta casa?
-La casa era un convento de religiosas dominicas que, afortunadamente, tiempo atrás la diócesis compró, tanto la parcela como el convento. Estaban buscando un posible destino y, cuando surgió esta posibilidad, dijimos que era la ubicación mejor. Porque tiene un gran espacio la casa por dentro y por fuera. El espacio exterior es precioso. Tiene mucha luz. Todas las dependencias tienen ventanas, entra luz exterior. Y también tiene la ventaja de que no está en la urbe. Está cerca de El Vedat. Eso también facilita el trabajo y la independencia, para que no pueda haber conflictos de algún tipo que a veces se generan involuntariamente. Eso nos hace mucho más fácil la tarea educativa.

-Tiene que ser una sensación hermosísima haber visto germinar un proyecto como éste en el que uno percibe que hay tantísimas ilusiones puestas.
-Muchas ilusiones, muchos sueños. Mira, esto era un sueño, no una fantasía. El soñar que en nuestra diócesis, a través de Cáritas, podíamos hacer esto. Y, al mismo tiempo, un sueño que veíamos cómo la realidad social nos exigía. La ilusión de pensar que algún día oiríamos voces de niños y de niñas corriendo por estos pasillos, felices, contentos, bien atendidos… También es verdad que a las ilusiones y las alegrías las han acompañado muchos momentos de dificultad, de sufrimiento e incluso de impotencia de cara a buscar respuestas, a tener soluciones y a poder activar el proyecto. Y es verdad. Hay que dar gracias a Dios sobre todo, y luego gracias a mucha gente, especialmente, a los más directos colaboradores que han afrontado muchas cosas difíciles y las han hecho fáciles.

-Por ejemplo, ¿el equipo directivo?

Sí, por ejemplo. El equipo directivo que ya funciona y que está trabajando para Cáritas desde el dos de septiembre. Son tres personas extraordinarias. El director, Juan Mas, y dos coordinadores que son Pablo Mascaró y Lidia Matamoros. Aparte de su experiencia en el campo de la atención a los niños -que la tienen sin duda alguna- son grandes personas, muy preparadas y, sobre todo, con un corazón inmenso. Y eso es una garantía para que la casa funcione bien.

-¿Qué es lo que puede aportar específicamente a estos menores como tal la Iglesia en su forma de entender la vida y la persona?
-Yo he tenido la ocasión de estar en algunos lugares donde hay menores en régimen de tutela. Y me ha creado muchas veces problemas muy serios de conciencia, y un gran dolor, mucha tristeza pensando interiormente que no es justo que los niños no tengan un futuro. ¡No es justo! ¡No hay derecho a esto!. Es una de las realidades que decepcionan en esta sociedad actual en que vivimos. ¿Qué queremos nosotros, qué quiere la Iglesia diocesana? ¿Qué queremos hacer? ¡Que vivan! Que se sientan felices, que sientan la casa como suya. Es su hogar. Es donde van a vivir. Algunos tres, cuatro, cinco años… Que se sientan queridos, muy queridos. Y, sobre todo, que puedan labrarse un futuro en esta vida nuestra y en este mundo.

-¿Hay una posibilidad de colaborar económicamente? ¿Echar una mano en la financiación del proyecto que durará varios años?
-En estas cosas también entra el dinero, claro. Es verdad que el proyecto técnico que se presentó y se ha ejecutado nos da un hogar precioso. Podemos decir con mucha humildad -y pido disculpas si se me entiende mal- que no hay una residencia de menores igual en toda España. No la hay, en cuanto al proyecto educativo ni por los frutos del proyecto técnico, por la misma casa que hemos preparado.
Es verdad que hemos tenido que ir pagando, ha habido que equiparla, hay que poner el mobiliario adecuado según marca la normativa vigente. La normativa nos pide que la casa tenga empleados, tenga trabajadores. Son 47. Es verdad que ahí entra el concierto para sostenerla. Pero la casa genera necesidades, presentes y futuras, y también lo que se ha hecho hay que ir pagando, por supuesto. Hemos tenido en ese sentido mucho ánimo y un espíritu de lucha para poder conseguirlo. Pero no hemos terminado.
Por supuesto queda mucho por pagar y también quedan muchas cosas por hacer porque el proyecto no termina solamente con la residencia de menores. Queremos seguir caminando para que la oferta para ellos sea mucho mayor. ¿Qué hay que decir? Pues con la boca pequeña, tal vez con un poco de vergüenza, porque a veces esto de pedir es difícil: quienes quieran echarnos una manita, aunque sea con un euro, ¡pues bendito sea Dios y bendita sea esa generosidad!

-En Paraula desde ahora, con la publicación de esta entrevista, ofrecemos ya al pie de página el número de cuenta en el que ayudar a financiar este hogar de menores. Ojalá respondamos bien entre todos porque la iniciativa, desde luego, lo merece.
-Yo doy muchas gracias a Dios por esto. Sobre todo por concedernos un corazón sensible a esta necesidad. Doy muchas gracias a Dios por todas las cosas que me he encontrado en este camino. También por todos los portazos que me han dado. Incluso por los fracasos que he tenido en este camino, que han sido muchos y abundantes. Todo no ha sido fácil. Ha habido momentos muy difíciles, muy duros. Pero no nos hemos rendido nunca. Y doy gracias a Dios porque ver los rostros de ellos, de los que ya están y de los que estarán, ¡porque este proyecto es para años de vida! Y darles una oportunidad de gozo, de risa, de casa, de familia, de futuro, me emociona, me apasiona y me da ganas de seguir luchando hasta el final.